domingo, 16 de junio de 2019

Lo que pasa frente a lo que nos pasa elhuffingtonpost

La frase que encabeza este post es una de las frases más repetidas en los teatros madrileños en los últimos años. Procede de Comedia sin título de García Lorca, el inagotable. A ella recurren todos los profesionales del teatro que reclaman otra forma de hacer las cosas, otra forma de ver, una manera menos convencional de contar en un teatro. Una frase que se puede escuchar en la obra Los bancos regalan sandwicheras y chorizos de la jovencísima compañía José y sus hermanas que se ha podido ver en la sala pequeña del Teatro Español. Obra que ha coincidido en la cartelera con Un cine arde y diez personas arden que ha puesto en pie la compañía Grumelot en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, donde son compañía residente. Obras muy similares en la puesta en escena, el triunfante teatro inmersivo que ofrece esas experiencias que demanda el mercado del ocio. Sin embargo, la primera se queda en contar “lo que pasa” mientras que la segunda cuenta “lo que nos pasa”. ¿Que qué significa esto?
Significa que Los bancos… con esa energética y furiosa denuncia de las profundas vetas que quedan del franquismo en la sociedad actual, cuenta eso, las profundas vetas que quedan del franquismo en la sociedad actual. No incluyen nada sobre cómo se viven a nivel individual debido al sesgo sociopolítico que han elegido dar al teatro que hacen y que quieren seguir dando. Lo que ni es bueno ni malo en sí mismo, pero que de alguna manera les impide hablar de lo que “nos” pasa. Digamos que se quedan en teatro documento, de noticias de periódico o archivo histórico. Teatro lleno de datos. Un collage con historias y canciones que vienen de allí y de aquí, que suenan bien gracias a que sus jóvenes actrices saben cantar y le dan cierto sesgo de musical, un musical sociopolítico. Historias que traen desde el siempre socorrido Lorca y el flamenco hasta el rompedor y apreciado Pablo Gisbert de El Conde de Torrefiel.
Frente a ellos, Un cine arde… es una obra que vista superficialmente, es decir, analizada desde el punto de vista técnico, sería muy similar en su puesta en escena. Sin embargo, ellos sí que cuentan lo que “nos” pasa porque frente a la denuncia, la indignación y el cúmulo de datos han decidido trabajar con los sentidos y el misterioso sentimiento de la vida que provocan. Frente a la furia la poesía. Una declaración de intenciones que llega al espectador desde que entra en la sala, le sientan frente a las butacas de un cine perfumado sutilmente con un olor a palomitas quemadas. Un olor que se hace presente poco a poco. Un olor que interroga la pituitaria y hace pensar al espectador ¿a qué huele?
Y es que esta última obra cuenta las historias de un grupo de personas que se concentran en un cine para ver la vieja película Guillermo Tell de Heinz Paul. Lo que piensan y hablan antes de que comience la película y se propage el incendio del que no van a poder escapar y por el que van a morir. Personajes atrapados en sus relaciones con el otro y los otros. Ya sea ese otro un amigo, una pareja, un grupo de amigos, la familia o los extraños que se encuentran y se juntan en un cine para mirar. Un otro que incluso está presente justo porque no está, justo por su ausencia.
Personajes que se presentan al espectador sentados en sus butacas y con un cubo de palomitas extra-grande en la cabeza. Una metáfora de cómo se piensa popularmente en el cine y el propio arte cinematográfico. Como un negocio para vender palomitas, para implantar esas palomitas en el cerebro de un espectador que se busca en la penumbra de un cine en el que se proyectan tráilers (¿camiones?) de Movierecord y anuncios kitsch de Pepsi y llenos de celebrities.
Los datos, las imágenes, las canciones y las acciones de “Los bancos…” son (metafóricamente) escupidas desde el escenario al espectador, a veces a un volumen que anula su capacidad de reacción consciente (uno no puede dejar de querer bailar el reguetón de La gasolina, ni por todas las connotaciones que tenga). Como los niños que quieren ser escuchados o atendidos y no dejan de dar la brasa a los padres. Sin embargo, en Un cine arde… las escenas son representadas con una calma urgente. Calma de quién acepta sus contradicciones en la urgencia de un incendio, una sociedad que se quema por lo que pasa fuera. Fuera del cine, fuera del teatro.
¿Que qué es lo que les quema? Ese álbum de cromos que la vida nos va dando en forma de familiares maltratados, alcoholizados, con cánceres, que malgasta el dinero y se desgasta en prostíbulos o que silencia una homosexualidad presente. Esas cosas de las que no se hablan en la familia porque siempre hay algo más urgente, como un niño ligeramente herido que reclama la atención de una madre.
Cuenta las profundas vetas que quedan del franquismo en la sociedad actual.
Frente a todo ese sufrimiento descrito en Los bancos…, está Un cine arde… con todo ese amor por el otro al que se quiere y al que se le ha hecho daño o nos ha hecho daño. Ese via crucis humano, una de las mejores escenas de la función, bien distinto del que ofrece la reescritura del Papa Juan Pablo II que recurriendo a la Biblia, y más concreto a los Nuevos Evangelios, elimina la debilidad divina. Tanto la física, las caídas de Jesús llevando la cruz, como la humana, por las mujeres.
Sí, lo que pasa es un pasado que no ha dejado de ser y de estar presente aunque haya que gritarlo para oírlo y verlo, como cuenta Los bancos regalan sandwicheras y chorizos. Sin embargo, como propone Un cine arde y diez personas arden, lo que nos pasa es un clásico universal, por muy contemporáneo que se lo quiera vestir. Un posible clásico, en blanco y negro, como la película que van a ver los personajes de la obra, que está relacionado con el sin sentido de la historia sentimental de cada individuo. El sinsentido que exige crear, crear vínculos, crear sociedad, con responsabilidad, amor y humor en un mundo que arde, que nos quema, que no se da cuenta que somos cuerpo, material fungible necesitado de amor, cariño y humor. Esa necesidad que nos (con)mueve.

La adicción al sexo, el trastorno hipersexual y la controversia en el diagnóstico elhuffingtonpost

A veces se convierte en un mecanismo de evitación o compensación de malestar psicológico...


ARMAN ZHENIKEYEV VIA GETTY IMAGES
El término adicción al sexo ha cobrado especial relevancia en el año en el que Kevin Spacey y Harvey Weinstein han sido destronados e internados en la famosa clínica de Arizona (EEUU) llamada The Meadows. La clínica ofrece un programa terapéutico para adictos al sexo, conocido como ‘Gentle Path’ (‘el camino amable’-, en el que sus pacientes hacen terapia a través de actividades muy caras y muy artísticas.
Han surgido muchas voces escépticas y corremos el riesgo de asociar acoso a adicción, de patologizar un asunto puramente ético o moral. Al fin y al cabo, la existencia o no de la adicción al sexo depende en gran medida de que consideremos adicción, y no existe un consenso unánime en cuanto a su definición.
En la actualidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Asociación Americana de Psiquiatras (APA) difieren en otorgar entidad clínica al comportamiento sexual compulsivo.
En la tradición psicoanalítica el peso del sexo ha sido sobredimensionado, y ya el hipersexual Freud hablaba de la masturbación como la “adicción primordial” desde la cual se derivaban todos los trastornos adictivos. Ya con una perspectiva más contemporánea y con los términos satiriasis y ninfomanía en desuso, el término “adicción sexual” fue incluido por la APA en el Manual Diagnóstico DSM-III en 1980. Sin embargo, fue eliminado en la siguiente versión de 1994. Desde entonces y en las sucesivas revisiones del DSM se ha valorado su inclusión sin éxito. El principal argumento para rechazar la entidad diagnóstica del comportamiento sexual compulsivo se relacionaba con la ausencia de síndrome de privación. Es decir, mientras que en las adicciones a sustancias existe una dependencia fisiológica, en el caso del sexo, su ausencia no produce el famoso “mono”.
En la última versión, el DSM-V, se incluye una nueva categoría dentro del área de comportamientos adictivos bajo el nombre “Trastornos no relacionados a sustancias”. Dentro de ésta se contempla la ludopatía como única patología aprobada bajo un nuevo epígrafe: “Trastorno por juego de apuestas”. Fuera del Manual han quedado la adicción a los videojuegos o a internet, y el llamado “Trastorno hipersexual” (THS).
Los argumentos esgrimidos en esta ocasión refieren la falta de investigación, las consideraciones éticas y legales, y el peligro de la excesiva patologización de conductas a priori “normales”. Se trata de un asunto peliagudo. Cuantificar o categorizar las relaciones sexuales en parámetros patológicos o saludables podría implicar un juicio moral ajeno a lo necesariamente clínico. Al fin y al cabo, ¿cuántas relaciones sexuales debemos tener para ser considerados adictos al sexo? O, ¿qué tipo de prácticas pueden ser incluidas en un patrón de conducta adictivo? A pesar de que el DSM-V ha desestimado la entidad diagnóstica del THS, los pacientes siguen acudiendo a terapia por el malestar y deterioro social provocado por un comportamiento sexual exacerbado y compulsivo.
A menudo se vincula el comportamiento sexual exacerbado con el trauma sexual en infancia o adolescencia.
Recientemente, en junio de 2018, la OMS agrega el comportamiento sexual compulsivo -comúnmente llamado adicción sexual- a su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11). La CIE-11 define el desorden comportamiento sexual compulsivo como “un patrón persistente de falla para controlar los deseos sexuales o impulsos sexuales intensos y repetitivos que resultan en un comportamiento sexual repetitivo”.
Las principales investigaciones señalan una prevalencia de cerca del 6% de la población, afectando principalmente a hombres. Son estimaciones que resultan cuanto menos alarmantes. Algunos autores defienden que existen algunos rasgos de personalidad que hacen a la persona más vulnerable a la adicción, como es el caso de la impulsividad, la búsqueda de sensaciones o los rasgos obsesivos. Asimismo, otros autores proponen que el THS pudiera ser bien una variante del TOC, o bien una respuesta a la sensación de vacío propia de un trastorno de personalidad o de tipo afectivo.
A menudo se vincula el comportamiento sexual exacerbado con el trauma sexual en infancia o adolescencia. Se trata de un asunto complejo, es cierto que encontramos muchos casos en los que el paciente relata experiencias de abuso o un inicio precoz en su vida sexual. Lo cual no debe hacernos caer en una explicación reduccionista en la que magnifiquemos el peso de la vivencia sexual traumática. Al igual que en otros trastornos, la casuística estaría entreverada en factores de tipo biológicos y otros ambientales o vivenciales, que llevarían a configurar una serie de rasgos de personalidad, una tendencia al pensamiento obsesivo o la propia conducta compulsiva manifestada en el sexo.
En la práctica clínica encontramos muchas similitudes entre el TOC y el THS. Las obsesiones y compulsiones de índole sexual presentan un patrón claro de reducción del estado ansioso relativo al impulso sexual. En estos casos el sexo constituye obsesiones y rituales semejantes a los que encontramos en otros tipos de TOC. El paciente experimenta la práctica sexual como algo obligatorio o como un mecanismo reductor del malestar psicológico. La obsesión sexual se relacionaría con la presencia de pensamientos o fantasías sexuales de tipo intrusivo que serían compensados con un comportamiento sexual compulsivo.
El sexo se convierte en un objeto de consumo, la frecuencia es diaria, las relaciones son rápidas y a menudo poco satisfactorias, generalmente con personas desconocidas y con escasa interacción social o afectiva. Lo sexual se disocia de lo afectivo, lo cual no es necesariamente negativo, salvo en el caso de que la persona acabe sintiéndose inhabilitada para interactuar con el otro más allá de la práctica sexual. La percepción de riesgo disminuye y son habituales las relaciones sin protección. El comportamiento sexual se empobrece, adquiriendo un patrón estereotipado. Dependiendo del caso y la orientación sexual, es común que se reduzca bien al sexo oral, a la masturbación o bien a la penetración.
Al igual que en otras conductas compulsivas, como el juego o las compras, el papel de internet y las aplicaciones móviles es especialmente relevante en el patrón de consumo. Las formas más comunes de búsqueda de sexo serían los clubs o locales de sexo, zonas de cruising o la prostitución. En muchos casos y en términos funcionales, es el gran tiempo dedicado a la búsqueda de sexo lo que produce un mayor impacto en el individuo. En otros es de tipo económico, ya que la persona acaba destinando gran parte de sus recursos al pago de profesionales del sexo.
El sexo, independientemente del género u orientación, se convierte en un mecanismo de evitación o compensación de malestar psicológico.
El THS puede generar un alto grado de sufrimiento y autodestrucción. Para las personas con THS, el sexo generalmente es un asunto privado o incluso vergonzante, que lleva a dificultar las relaciones afectivas e incidir negativamente en la vida familiar, profesional y social del paciente. En los casos más severos, la adicción conlleva una doble vida con intensos sentimientos de soledad y culpa.
El sexo compone una forma rápida de compensación de ansiedad o sensación de vacío. Además del placer intenso e inmediato obtenido, se obtiene la aprobación, validación o simplemente atención del otro. El sexo, independientemente del género u orientación, se convierte en un mecanismo de evitación o compensación de malestar psicológico. Funciona en el corto plazo ya que, durante la búsqueda o la propia práctica sexual, la persona se olvida de si misma. Sin embargo, en el medio plazo produce más vacío, culpa o aislamiento, y consiguientemente un mayor malestar, que será compensado con más sexo. En este ciclo se basa adicción.
Es un hecho que el comportamiento sexual puede tener un perfil adictivo, sin embargo, éste puede ser un elemento secundario de otro problema subyacente, ya sea un trastorno afectivo, de personalidad o un trastorno obsesivo. Con o sin entidad clínica, las personas con un comportamiento sexual compulsivo precisan atención psicológica especializada e integral.

Más de 25 millones de españoles utilizan las redes sociales granadahoy.com

WhatsApp es la plataforma más usada, que supera ya a Facebook

Un icono de WhatsApp en un 'smarthphone
Las redes sociales continúan acaparando cada vez mayor protagonismo en nuestras vidas. El debate sobre su mal uso sigue sobre la mesa mientras las cifras no dejan de sorprender… En España ya utilizan las redes sociales 25,5 millones de personas, alcanzando así un estado de madurez, según desglosa el ‘Estudio Anual de Redes Sociales 2019’ elaborado por IAB Spain. Pero estos no son los únicos datos interesantes que se extraen.

¿Quién utiliza las redes sociales?

Según dicho informe, el 85,5% de los internautas de 16 a 65 años utiliza redes sociales en España. Entre ellos, poca diferencia existe entre hombres y mujeres(51% mujer y 49% hombre).
En relación a la edad se destaca que un 40% tiene entre 31 y 45 años.
En cuanto a la ocupación, sobresalen los trabajadores por cuenta ajena (64%), seguido de trabajador por cuenta propia (12%), parado (10%), estudiante (6%), tareas del hogar / cuidado de los hijos (5%) y retirado / jubilado o pensionista (3%).
Sobre la formación, un 86% posee estudios de secundaria (40%), universitarios (46%) o ambos.
MUJER DE 39 AÑOS CON ESTUDIOS UNIVERSITARIOS Y TRABAJADORA POR CUENTA AJENA, PERFIL MEDIO DEL ESPAÑOL QUE USA LAS REDES SOCIALES
Es decir, teniendo en cuenta los datos de la asociación de publicidad, marketing y comunicación digital en España, podríamos confirmar que el perfil del usuario español que más se conecta a las redes sociales es: Mujer de 39 años con estudios universitarios y trabajadora por cuenta ajena.

Mayor uso

Teniendo presente el mismo estudio de otros años, el cambio más significativo es que WhatsApp pasa a ser la red con más usuarios en España. Aunque no existen diferencias significativas, la plataforma de mensajería instantánea está por encima de Facebook, que mantiene el mismo valor que 2018.
WHATSAPP PASA A SER LA RED CON MÁS USUARIOS EN ESPAÑA, SUPERANDO A FACEBOOK
Resulta curioso también conocer que Facebook es una red prácticamente casi conquistada en su totalidad por mujeres. Más de un 90% de españolas son las que mayor uso hacen del invento de Mark Zuckerberg.
¿Y cuál es la que más crece en usuarios? Sin lugar a dudas: Instagram. Una red más que de moda que la usan, una vez más, mayoritariamente mujeres entre 16 y 30 años en nuestro país.
Asimismo, los españoles visitan 3,7 (en promedio) redes sociales. Prácticamente, una red social menos que en 2018, subraya el estudio de IAB Spain.

Mejor valoradas

WhatsApp se posiciona como la red mejor valorada entre los españoles, seguida de Youtube e Instagram. En comparación con otros años, mejora la valoración de Linkedin, Facebook y Twitter, aunque siguen por debajo del promedio de valoración.

Actividades que realizamos

Interactuar es lo más frecuente que hacemos en las redes sociales. Chatear o enviar mensajes (públicos o privados) a los contactos lo hacen el 65% de españoles.
Le siguen otras actividades como ver vídeos o música (37%), ver qué hacen los contactos o cotillear (45%), adquirir conocimientos (cocina, maquillaje, bricolaje, etc.) (39%), publicar / colgar contenidos (34%) o comentar la actualidad (31%), seguir cuentas de medios de comunicación o partidos políticos (31%), en otras.

Horarios de conexión

Hay que tener bien en cuenta que el móvil sigue siendo el principal dispositivo de acceso a redes sociales (95%) con niveles muy parecidos al de 2018. De todos modos, el ordenador es usado también de forma generalizada.
En los Smartphone la conexión se inicia temprano, a las 8:30 horas, y va creciendo a lo largo del día, siendo la franja de 16:00 a 00:30 en la que más se utiliza el móvil para visitar las RRSS.
En el ordenador el uso se acentúa a partir de las 16:00 horas, especialmente entre 20:30 y las 00:30.
Y en las Tablet, a partir de las 16:00 horas.
LOS ESPAÑOLES ESTÁN DE MEDIA AL DÍA 55 MINUTOS CONECTADOS A LAS REDES SOCIALES

Tiempo de uso

Según el ‘Estudio Anual de Redes Sociales 2019’ los españoles están de media al día 55 minutos conectados a las redes sociales, siendo los más jóvenes los que dedican mayor tiempo a ellas, concretamente 58 minutos.

Conclusiones

Como puede extraerse del estudio, las Redes Sociales que reinan el panorama español son WhatsAppFacebookYoutube e Instagram.
FACEBOOK ES LA RED QUE MAYOR TASA DE ABANDONO PRESENTA EN ESPAÑA
Facebook pierde la primera posición frente a Whatsapp. Principalmente por el gran crecimiento de Instagram que ya se identificaba en 2018 y que además aún tiene recorrido entre los usuarios (54%).
Facebook además es la Red que mayor tasa de abandono presenta en España.
En conclusión, podemos subrayar que las Redes Sociales se mantienen con buena salud en nuestro país, a pesar de que los datos de penetración ya no son tan eminentes como en años anteriores.

sábado, 15 de junio de 2019

La genialidad biológica de lo que llamamos amistad elhuffingtonpost

La soledad es letal. ¿Qué hacer?


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Con los amigos compartimos la carga de la vida, nos ayudamos a gestionar las amenazas y obstáculos del día a día: los problemas en el trabajo, la fiebre del niño y el canguro que no se presenta, los sustos de salud, las peleas con el cónyuge o la pareja, las crecientes necesidades de los padres ancianos... Ojalá siempre tuviéramos amigos. Según el estudio de La Caixa (2019) Soledad y riesgo de aislamiento social de las personas mayores, la soledad prevalece en todas las edades, se incrementa a medida que pasan los años y se agrava especialmente a partir de los 65 años, cuando la red social de amigos comienza a romperse. Para ellos, para todos, en realidad, los amigos ya no son un lujo. Son un salvavidas.
Permítanme una digresión personal. Éramos un grupo de cinco amigas. Rondábamos los veintitantos años; tres casadas y dos solteras. Estábamos iniciando nuestra vida profesional y disfrutábamos de la energía de la juventud. Un día tomamos la decisión de encontrarnos una vez por semana. Con los años, el tiempo que pasábamos hablando de nuestras vidas, sobre los estudios, los jefes y el paro, sobre los hijos y esposos, lo fuimos empleando gradualmente para hablar sobre la muerte de los padres, las heridas afiladas del matrimonio y de la vida.
Nuestro grupo era como las tiendas de los chinos, donde tienen de todo: un lugar único de asesoramiento profesional, ayuda logística y socorro emocional. Pero con el paso de los años, los hijos comenzaron a succionar nuestro tiempo, los compromisos laborales y los viajes se intensificaron, los padres enfermaron, necesitaron tratamientos y se murieron. Una especie de fuerza centrífuga nos apartaba del grupo. Los tensores que nos alejaban entre nosotros giraban cada vez más y más rápido hasta que estiraron tanto que, finalmente, se rompieron. Llegó un momento que encontrarnos cada semana se convirtió en una carga. Seguimos siendo amigas individualmente, pero el grupo se disolvió. 
En nuestra sociedad más de un tercio de los adultos entre los 45 y los 65 años de edad están tristemente solos. El psicólogo y neurocientífico James Coan y su equipo de la Universidad de Virginia están estudiando la manera en que el cerebro transforma nuestros contactos sociales en una mejor salud mental y física. Sus investigaciones demuestran que mantener vínculos estrechos con seres queridos de confianza actúa como amortiguador vital contra los factores estresantes externos; tendremos vidas más largas, felices y saludables. Nos crecerá el cabello, mejorará nuestro tono de piel, nuestro sistema inmunológico se reforzará. Con una red de amigos las personas se recuperan más rápidamente del cáncer. Son menos propensas a sufrir ataques cardíacos o derrames cerebrales. Se protegen de la depresión y tienen muchas más probabilidades de mantener sus recuerdos intactos a medida que envejecen. Sentirse solo es tan malo para la salud como fumar 15 cigarrillos al día. Pero la neurofisiología subyacente a estos vínculos sigue siendo difícil de entender. El último descubrimiento de Coan es de lo más sorprendente: simplemente tomar la mano de un ser querido ofrece una protección contra el estrés equivalente a una descarga eléctrica.
En nuestra sociedad más de un tercio de los adultos entre los 45 y los 65 años de edad están tristemente solos.
Vistas las terribles consecuencias de la soledad diría que abandonar la red de amigos es un error. La soledad es letal. ¿Qué hacer? Esta era la pregunta que me perseguía cuando veía el espacio en blanco de mi agenda que mis amigas un día ocuparon semana tras semana. El aislamiento se incrementó cuando dejé todos mis trabajos para dedicarme casi exclusivamente a la tarea silenciosa y solitaria de la literatura: leer y escribir libros. Pensé un plan. Encontrar amistades en dos direcciones: hacia atrás en el tiempo y alrededor de mi mundo. Mirando hacia atrás, he tratado de encontrar mis viejas amistades, incluyendo las de la infancia. También miro a mi alrededor y encuentro amigos entre otros escritores y en mis incursiones ateneístas en el Ateneo de Barcelona.
En cuanto a mi grupo de amigas, nos reunimos muy de vez en cuando, en Pascua o en Navidad, con la esperanza de que muy pronto encontraremos el camino de vuelta. Podría suceder, ¿por qué no?; de hecho, hemos compartido muchas historias, risas y copas de vino. Lo que nunca se aleja de mi pensamiento es que la ciencia confirma el dicho que dice que “quien tiene un amigo tiene un tesoro”. ¡Qué sabiduría!

Guía para llevar camisa de manga corta sin parecer un paleto elhuffingtonpost

Llega el verano y con él la eterna pregunta del armario masculino. ¿Se puede llevar con estilo una camisa de manga corta? La respuesta es sí, pero hay que prestar atención a unos cuantos detalles, porque no todo vale. No querrás ir por la calle como un adolescente recién salido de una peli de los ochenta, que te confundan con Ace Ventura o, lo que es peor, con Jesús Gil. 
Fíjate en el corte y no te pases con las mangas
Lo primero en lo que tienes que fijarte es en el patrón y el corte. Una camisa de manga corta debe llevarse entallada, pero no apretada. Asegúrate de que no flexionas el brazo y te corta la circulación o de que los botones no se abren cuando te mueves o te sientas.
Las mangas son, valga la redundancia, lo más importante de este tipo de prenda, y deben ir como una segunda piel, abrazando el brazo. Olvida esas mangas enormes en las que podrían caber tres extremidades. Remangarlas no es una solución en esos casos, pero sí puede ser un toque apropiado cuando se trata de una camisa bien cortada y sencilla. 
Decimos sencilla porque quizás no sea la mejor opción cuando se trata de una camisa estampada. Sea como sea, no le des más de dos vueltas a las mangas y no intentes que queden perfectas, la naturalidad suma puntos. 
¿Por dentro o por fuera?
Sobre esta cuestión hay mucho escrito, y podría resumirse básicamente en que cada uno elija la opción que le resulte más cómoda. La edición estadounidense de la revista GQ, referente en moda masculina, hace dos recomendaciones a los que quieran incorporar esta prenda a su armario: si está bien entallada, lo mejor es dejarla por fuera, si es demasiado ancha, meterla por dentro puede darle un toque más equilibrado al estilismo. 
Pero ahí no queda todo, no vas a salir a la calle solo con camisa, o sí, ¿quiénes somos nosotros para juzgar? Si quieres seguir el ejemplo de la mayoría de los mortales tendrás que combinarla con un pantalón. Lo más recomendable es elegir o bien unos vaqueros, o unos chinos estrechos en algún tono neutro. También es importante el corte, asegúrate de que no sean demasiado anchos, para mantener el equilibrio en la silueta del look al completo. 
El caso de la camisa caribeña
Reservada únicamente para los ambientes más informales, tiene un corte totalmente diferente a la camisa apropiada para el trabajo u ocasiones formales. Es más ancha, de cuello abierto y lo más estiloso es no llevarla completamente abrochada, dejando siempre suelto el último botón. 
Su estampado prácticamente exige de nuevo un pantalón en tono neutro, y ajustado, no elijas unos cargo o algo similar, o parecerás una feria andante.
El actor Michiel Huisman.
Tienes varias opciones para combinarla. ¿La más relajada? Utilizarla como sobrecamisa por encima de una camiseta, como Michael Fassbender en su boda ibicenca. ¿Otra más formal y que se ha puesto de moda? Llevarla con un traje. No es tarea fácil, pero si lo haces puedes seguir el ejemplo del actor Michiel Huisman, que consiguió una buena sintonía de color con esta combinación en una cena organizada por Chanel. 

La posverdad de la burbuja informativa elhuffingtonpost

OLEKSANDR PUPKO VIA GETTY IMAGES
Por Roberto Aparici profesor de Comunicación y Educación. Director del Máster de Comunicación y Educación en la Red y del Máster de Periodismo Transmedia UNED-EFE, UNED - Universidad Nacional de Educación a Distancia.
David García-Marínprofesor e investigador en el Máster de Comunicación y Educación en la Red y el Máster de Periodismo Transmedia, UNED - Universidad Nacional de Educación a Distancia.

En 1932, Aldous Huxley publicó la primera edición de su novela Un mundo feliz, un retrato de un mundo distópico en el que los individuos son programados y segmentados en diferentes categorías que aniquilan toda creación personal y tribalizan a una sociedad donde el entendimiento intergrupal resulta imposible. En la historia de Huxley, cada individuo debe permanecer en su lugar, pensar y hacer lo que se espera de él. Un mundo de posverdad y de burbujas sociales diseñado para el control. Una realidad que sentimos presente en nuestros días.
Desde que Pariser introdujo el concepto de filtro burbuja para explicar la construcción de nichos ideológicos en Internet, gran parte de las investigaciones sobre la desinformación se han centrado en describir cómo los usuarios de las redes se recluyen en estas cámaras de eco ideológicas.
Utilizando potentes instrumentos de big data, estos estudios han pretendido explicar la generación de estas burbujas en diferentes contextos, como el procés catalán o las elecciones estadounidenses de 2016. Este tipo de investigaciones pretenden analizar cómo se configuran estos espacios ideológicos, qué magnitud tienen y quiénes los constituyen.
Sin embargo, para comprender correctamente el fenómeno de la posverdad en el mundo digital no debemos situarnos en la mera descripción de estas burbujas, sino profundizar en el análisis de la interacción del individuo dentro de las mismas, es decir, descubrir los procesos que suceden en su interior.
Estos análisis resultan fundamentales ya que estas burbujas constituyen el canal donde la falsedad llega más lejos y circula a mayor velocidad.

Burbujas analógicas y digitales

Las burbujas informativas e ideológicas siempre existieron. Antes de la llegada de la web, todos leíamos el periódico que más se ajustaba a nuestra forma de mirar el mundo, escuchábamos la emisora de radio que sintonizaba mejor con nuestras creencias, seleccionábamos los contenidos televisivos y radiofónicos en función de nuestros gustos, participábamos en las asociaciones y colectivos que mejor representaban nuestros ideales, solíamos frecuentar los espacios donde nos sentíamos cómodos y elegíamos nuestras amistades por motivos de afinidad. Toda nuestra vida se construía a partir de grandes burbujas.
Todos estos hábitos continúan teniendo presencia en nuestro día a día. Un estudio de la Universidad de Stanford sobre la polarización política en Estados Unidos concluyó que este fenómeno se presenta de manera más agudizada entre los grupos demográficos con menor presencia en las redes sociales: los mayores de 65 años. Estudios de este tipo limitan la influencia de las redes digitales en la fabricación del tejido social actual, altamente segmentado en nichos.
En efecto, las redes no son las responsables ni de las burbujas informativas ni de la división social. Ambas ya existían antes de las redes.
Entonces, ¿qué novedades ha traído el ecosistema digital? En nuestro último libro titulado La posverdad. Una cartografía de los medios, las redes y la política (Gedisa, 2019), señalamos que la clave que explica la tendencia fake y la propagación de bulos y noticias falsas en las redes se encuentra en la radicalización derivada de la nueva gramática de la interacción de los usuarios tanto con la información como con los otros en la Red. En definitiva, cómo nuestro comportamiento dentro las burbujas digitales nos lleva hacia los extremos y cambia nuestras formas de representación del mundo.


Radicalización de nuestras posiciones

En las burbujas analógicas, el consumo de los medios seguía un patrón individual. Nos colocábamos ante al periódico o frente al televisor desde la privacidad de nuestros hogares. Construíamos nuestra percepción de lo real en la soledad de nuestra burbuja. En el siglo XXI, las reglas del juego han cambiado. La información nos llega de forma creciente a través de otro tipo de cámaras de eco. Ruidosas, aceleradas y multitudinarias, estas burbujas digitales no nos sitúan en un bando ideológico. Seguramente ya lo estábamos antes de nuestra penetración en ellas. Su efecto se centra en el refuerzo y la radicalización de nuestras posiciones. Fortalecen nuestro sentimiento de pertenencia a un grupo incrementando la distancia con los grupos contrarios. Producen universos sociales simbólica y efectivamente violentos.
Para la socióloga experta en cultura digital Zeynep Tufekci, “la lectura de los medios sociales se asemeja a lo que sucede en los estadios de fútbol, donde escuchas los gritos del equipo contrario mientras tú te sientas con los de tu bando”. Como señala Jaron Lanier, “integrados en una manada y llevados por la presión social del grupo, somos capaces de pensar y hacer cosas que serían inconcebibles en situaciones de soledad”.

Influencers

En estas cámaras de eco, la influencia no está equitativamente repartida, sino que existen líderes de opinión configurados como oligarquías participativas que concentran gran parte de la relevancia. Esta situación provoca que la distribución de la influencia siga el modelo de la larga cola, donde los contenidos de muy pocos usuarios producen la mayor parte del impacto, mientras que la mayoría de los miembros de la burbuja tienen un alcance muy limitado.
En este contexto, lo más interesante es observar cómo, por primera vez, cualquier ciudadano puede descubrir la opinión de estos influencers a propósito de cualquier asunto que circula en el interior de las cámaras de eco. En nuestras burbujas analógicas, resulta imposible conocer la visión de las figuras de referencia con respecto a la mayoría de los asuntos polémicos de índole política y social. A través de la prensa o de la radio, podemos conocer solo la perspectiva de unos pocos expertos.
Sin embargo en las redes, las valoraciones constantes y ubicuas de una multiplicidad de líderes de opinión, periodistas famosos, referentes políticos e ideológicos, gurús, medios hiperpartisanos y figuras del deporte o del mundo del espectáculo constituyen un potente refuerzo ideológico para aquellos que, siguiendo sus sesgos cognitivos, están siempre dispuestos a reforzar los cimientos de su propia visión túnel.
Asimismo, cada burbuja digital nos lleva a otras burbujas que tienden a reproducir su mismo sesgo ideológico. Según nuestras investigaciones centradas en la producción y difusión de la desinformación en las redes, cada burbuja constituye la puerta de entrada a otras cámaras de eco donde se repiten los mismos mensajes.
Está demostrado que la mayoría de los hashtags de carácter político en Twitter construyen redes de etiquetas formadas por espacios digitales de la misma tendencia ideológica. Se produce una estructura narrativa de trama y subtramas –hashtags y subhashtags– donde cada burbuja filtra el acceso a otras similares en un infinito juego de muñecas rusas que apenas deja espacio para la elaboración de contradiscursos que diversifiquen la conversación.

Contexto y diálogo social

A diferencia de lo que sucede en las burbujas analógicas, en las cámaras de eco digitales la información carece de contexto. Aunque no exentos de responsabilidad en la circulación de la falsedad, los medios analógicos tienen mayor capacidad de ofrecer al usuario ciertas explicaciones, ciertos marcos, que sitúan los contenidos en un espacio y lugar determinado, otorgan significado y justifican la aparición de las informaciones en el propio medio. Los marcos contextuales hacen que los relatos sean entendibles. En las burbujas digitales, somos permanentemente golpeados por pequeñas piezas de información sin ese background previo fundamental. Muchas veces, sin referentes ni fuentes fiables. Sin enunciador claro.
El modo de interactuar con la información en estas cámaras de eco digitales a partir del scroll (el deslizamiento de la interfaz para consumir los contenidos a modo de línea temporal) provoca la lectura superficial, veloz y efímera de una serie de textualidades ordenadas algorítmicamente en función de los gustos, creencias, patrones de navegación y acciones previas (likes, retuits y comentarios) del usuario.
El algoritmo de las burbujas funciona bajo una lógica de la reproducción al mostrar en primer lugar a los sujetos y los contenidos que mayor relación guardan con el usuario, estableciéndose un patrón endogámico de visualización de los relatos digitales que genera una evidente expulsión de lo distinto.


Monólogos por encima de la conversación

La consecuencia de este modelo es la eliminación de toda comunidad política y deliberativa en la Red. Sin la presencia del otro, del diferente, no hay diálogo posible. Las llamadas redes sociales producen discursos sin socialización a partir de la creación de “cajas de resonancia del yo”. La suma de monólogos prevalece por encima de la conversación.
Las burbujas digitales nos radicalizan, nos muestran un mundo sin posibilidad de sentido ni discusión, sin enunciado coherente ni enunciador visible. Nos colocan en la tesitura de jugar al like, al retuit, al remix y a compartir los contenidos sesgados y falsos que inundan cada día nuestros espacios virtuales.
En la línea expuesta por Neil Postman en su obra Divertirse hasta morir, somos jugadores seducidos por la promesa de la participación en una partida global donde nuestra voz casi nunca resuena con fuerza, pero donde nuestros actos tienen valor político y económico que rentabilizan las elites tecnológicas a partir de procesos de neoconductismo, siempre bajo la mercantilización de nuestros datos.
Una era de control basada en un nuevo conductismo solo es posible desde un régimen de posverdades. Un conductismo renovado, refinado e invisible, fundamental para la construcción de un nuevo orden, el capitalismo de plataformas. De este modo, la posverdad es primordialmente una cuestión sobre nosotros, convertidos en habitantes de nuestro propio, artificial y burbujeante mundo feliz.

El misterioso sarcófago romano hallado en Granada: ¿qué esconde en su interior? El Español

Arqueólogos trabajando sobre el sarcófago.  Junta Granada

El misterioso sarcófago romano hallado en Granada: ¿qué esconde en su interior?

Un equipo de arqueólogos descubre en el centro de la ciudad andaluza una caja mortuoria datada entre los siglos II y IV.

Un grupo de arqueólogos ha hallado hace unos días en el subsuelo del centro histórico de Granada un auténtico tesoro: un sarcófago de plomo sellado, datado entre los siglos II y IV, es decir, de la época romana. A más de dos metros de profundidad y durante unas excavaciones de seguridad, se ha descubierto esta caja mortuoria de forma trapezoidal, más ancha en un extremo que en otro, y de unos dos metros de largo.
El sarcófago, de más de 300 kilos, ya ha sido trasladado al Museo Arqueológico de Granada, donde se inspeccionará más detalladamente y se abrirá para ver qué hay en su interior. No obstante, el misterio no será resuelto hasta dentro de unos días. Según informa Granada Hoy, el equipo de antropólogos, encabezado por su director, Ángel Rodríguez Aguilera no cree que vaya a "encontrar un tesoro", aunque sí "datos arqueológicos muy interesantes" sobre los rituales de los habitantes de la época romana.
Otra de las hipótesis, quizás la más plausible, es que dentro del cofre se encuentre, además del esqueleto, algún tipo de ajuar funerario. La zona del hallazgo se corresponde con un lugar situado fuera de los muros de lo que era Granada en la época romana.
Las características del sarcófago concuerdan con otros hallados en la zona de Andalucía y que supuestamente pertenecieron a alguna familia adinerada, porque eran caros y difíciles de conseguir. En concreto, este conservaría los restos de algún acaudalado del municipio de Iliberis, lo que hoy en día es Albaicín. En el siglo XVI, este emplazamiento se correspondía con la Lonja de los Mercaderes, que posteriormente se convirtió en una prisión.
Su otro homólogo hallado también en Granada hace unos años había sido expoliado previamente, por lo que en su interior tan solo albergaba los restos de lo que había guardado. El cofre hallado estos días, sin embargo, es probable que nunca haya sido abierto al encontrarse en una zona alejada de la ciudad romana.
El hallazgo se ha registrado durante la intervención arqueológica en el antiguo edificio de la  Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada realizada por Gespad Al-Andalus Arqueología. Los investigadores se han llevado una sorpresa enorme porque lo único que esperaban encontrar eran restos de asentamientos de la  época musulmana. Nunca se imaginaron tomar con este misterioso sarcófago romano sellado.