jueves, 5 de noviembre de 2020

Elogio del caminar granadahoy.com

 TRIBUNA

FEDERICO SORIGUER

Médico. Miembro de la Academia Malagueña de Ciencias

El cuerpo del hombre necesita andar, porque caminar es volver a encontrarse con esa corporalidad construida a lo largo de su alucinante periplo

Elogio del caminar ROSELL

La historia del hombre es la de un viaje a pie que comenzó en África hasta alcanzar los puntos más extremos de la Tierra, hasta que un día, hace no demasiado, los humanos decidieron pararse. Pero el cuerpo necesita andar, porque caminar es volver a encontrarse con esa corporalidad construida a lo largo de su alucinante periplo. Hoy, una parte de la humanidad considera al cuerpo como un engorro del que habría que liberarse, o si acaso, tunearlo tecnológicamente. Sin embargo, muchos de los problemas del hombre moderno son consecuencia de un desajuste con su pasado que, en parte, se solucionan andando. Lo sabe la medicina y lo saben los caminantes. En Francia, al caminante moderno Walter Benjamin lo llamó flâneur. Hay mucha literatura sobre el caminante y más aún sobre el flâneur, ese hombre o mujer que cruza sin rumbo las ciudades observando, pensando, conversando, oyendo, disfrutando. La primera vez que oí hablar del flâneur fue hace muchos años en un artículo de prensa de Vila-Matas. Pero mi referencia preferida es Elogio del caminar de David le Breton. Caminar, dice LeBreton es una revancha contra la modernidad, una forma de burlarse de ella, un atajo en el ritmo desenfrenado de nuestras vidas. Caminar solo o acompañado, caminar por vocación, por propia decisión, ya no es una forma de transporte sino, si acaso, una concesión a la nostalgia, una victoria pírrica contra la flecha del tiempo, una derrota engañosa de la segunda ley. Caminar es el triunfo del cuerpo frente a la tecnología. De la lentitud frente a la prisa. Caminar hoy es el triunfo del ocio frente al non-ocio o negocio. Una ruina que solo se pueden permitir los que han conseguido levantar el pie del acelerador. Caminar, por el campo o por la ciudad es una invitación al placer y al pensar. O al conversar. Caminar en solitario, decía Rousseau es una experiencia de libertad, una fuente inagotable de ensoñaciones, de recuerdos y de ideas nuevas. A veces revolucionarias. Es difícil pasear sin pensar. El caminar relaja el espíritu y aviva la imaginación. ¿Cuántas ideas brillantes han surgido tras una buena caminata? Caminar por la ciudad, sin rumbo, con la seguridad de que siempre llegarás a alguna parte. O con él, buscando ese destino que previamente has pensado. Para el caminante la medida vuelve a ser el espacio no el tiempo, pues el que camina solo puede abarcar aquello que la vista le va alcanzando. El caminante dice Le Breton reduce la inmensidad del mundo a las proporciones del cuerpo. Caminar exige un esfuerzo que siempre tiene la compensación del descanso, ese momento en el que el cuerpo se recupera de un trabajo bien hecho. Porque caminar es trabajar, todo lo contrario que el trabajo del hombre tecnológico en el que se trabaja sin trabajar. Un juego de palabras que no presagia nada bueno. Ya me entienden. Caminar solo, es una forma de atención y por tanto de conocimiento. Caminar en solitario y en silencio nos deja oír nuestras propias voces. Pero también disfrutamos pícaramente oyendo las conversaciones de los que nos preceden, los ruidos de la ciudad o del campo, los olores. Hasta los sabores, pues tras el caminar lo más probable es que repongamos el agua y la energía perdida, con placer. O caminar en compañía aunque en los viajes largos hay que seleccionar a los amigos pues como dice Laurie Lee: "Cada vez que he salido con amigos he vuelto con enemigos". Caminar es democrático, pues pocos son los que no pueden hacerlo y sus frutos son asequibles a pobres y ricos. La luz, la brisa, la belleza de una plaza o de un paisaje. El silencio incluso, quizás sobre todo, el silencio. El caminante, el flâneur, el paseante renuncia al confort que proporciona la tecnología y se queda con el bienestar, con el placer primario que supone el reconocimiento de tu propia capacidad y también de tu fragilidad. Caminar no es competir, pues solo el caminante conoce sus límites y no tiene interés en ponerlos a prueba. Sus objetivos son otros. El caminar nos devuelve a un mundo a la medida de lo humano. Caminar es hoy un acto revolucionario. La mejor inversión para el futuro. De tu propia salud y la del planeta. Pasear es una forma menor del caminar pero tan interesante como aquella. Apta para todas las edades el paseo es un caminar sin pretensiones. Una forma de recuperar el tiempo, perdiéndolo. El paseante como el flâneur, deambula por la ciudad como si de un bosque se tratara. "Botánica de asfalto", le llama Benjamin. Un "sociólogo diletante" le llama De Breton. Afortunadamente cada vez hay más gente que camina y que pasea. Caminar es estar dispuesto a dejarse sorprender por la belleza de los campos y de las ciudades, pues no hay mayor belleza que aquella que la mirada encuadra, mientras paso tras paso caminamos hacia ninguna parte.

Un estudio de la Universidad de Granada señala que hay personas que rechazan ayudar a los pobres porque los consideran culpables de su situación granadahoy.com

 Una tesis doctoral realizada en la Universidad de Granada gana el IV Premio de Investigación para Jóvenes Doctores de la Sociedad Científica Española de Psicología Social


El investigador de la UGR Mario Sainz Martínez,
 uno de los autores de este trabajo. 
R. G.

  R. G.


    Una investigación realizada en la Universidad de Granada (UGR) señala que las personas con un nivel socioeconómico bajo son deshumanizadas por una parte de la población, que los considera como si fueran seres inferiores con características más cercanas a los animales (por ejemplo, irracionales o impulsivos) que a los seres humanos.

Este trabajo forma parte de la tesis doctoral de Mario Sainz Martínez que ha sido dirigida por los profesores Rosa Rodríguez Bailón y Miguel Moya Morales y en cuyo trabajo también colabora la profesora Rocío Martínez, del departamento de Psicología Social de la UGR, y ha ganado el IV Premio de Investigación para Jóvenes Doctores de la Sociedad Científica Española de Psicología Social, que se acaba de conceder.

El aumento de la desigualdad económica que podemos ver en nuestra sociedad está afectamente especialmente a los grupos con un nivel socioeconómico bajo (personas pobres o de clase social baja). A pesar de esta realidad, hoy en día muchas personas se oponen a apoyar políticas públicas que busquen la reducción de la desigualdad redistribuyendo la riqueza de las personas y/o grupos que más tienen hacia los que menos tienen.

En este trabajo, los investigadores de la UGR quisieron analizar qué factores podrían estar afectando a este rechazo a implementar políticas públicas que buscan ayudar a las personas más vulnerables de nuestra sociedad.

“Para ello, nos basamos en nuestros trabajos previos en los que identificamos que las personas con un nivel socioeconómico bajo son deshumanizadas – explican los autores-. Concretamente estas personas y/o grupos son vistos por una parte de la población como seres inferiores con características más cercanas a los animales (irracionales, impulsivos) que a los seres humanos. Esta percepción animalizada de los grupos más pobres podría, según nuestro planteamiento, ser uno de los factores que influye en cómo las personas perciben la pobreza y en el apoyo o el rechazo a políticas públicas que busquen ayudar a esta población”.

Rasgos animales

Para poner a prueba estas hipótesis, los investigadores de la UGR realizaron dos estudios (uno correlacional y otro experimental) en los que le preguntaron a los participantes (una muestra formada por 523 sujetos de entre 18 y 65 años) en qué medida consideran que las personas con un nivel socioeconómico tienen características propias de los seres humanos o comparten, por el contrario, rasgos con los animales.

Además, los autores también incluyeron medidas relacionadas con cuáles son los motivos por los cuales las personas creen que una persona y/o grupo puede acabar en una situación de pobreza, y en qué medida consideran que se deben apoyar estas políticas en pro de una mayor igualdad económica.

Los resultados mostraron que una mayor tendencia a considerar que los pobres son animales (animalización) da lugar a que las personas rechacen la implementación de políticas de carácter redistributivo. Esta relación entre las variables parece estar explicada por las atribuciones sobre cuáles son las causas de la pobreza.

“Concretamente una mayor animalización de los pobres influye en que las personas culpen más a los pobres por su situación. Esto se debe a que las personas consideran en mayor medida que la pobreza es el resultado de las características y rasgos de los pobres (por ejemplo, los pobres no quieren trabajar, los pobres son vagos) a la vez que se minimizan los factores externos (la dificultad de acceder a un trabajo o las recesiones económicas)”, señalan los autores.

En general, estos resultados muestran como la deshumanización de los pobres influye en la interpretación que hacemos de las causas de la pobreza y esto, a su vez, en el apoyo/rechazo a políticas redistributivas

miércoles, 4 de noviembre de 2020

Cómo cocinar el arroz para eliminar el arsénico tóxico conservando sus nutrientes ElHuffPost

 Investigadores de Reino Unido publican la receta para acabar con este elemento peligroso para la salud.

Por Margarita Lázaro

Bol de arroz blanco

No sólo se trata de reducir los niveles de arsénico inorgánico del arroz, se trata también de que este alimento conserve a la vez todos sus nutrientes. Pues bien, la ciencia acaba de descubrir cuál es el mejor método para conseguirlo.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido, ha dado con la receta para acabar con este elemento peligroso para la salud. Para ello analizaron los resultados obtenidos tras preparar arroz de cuatro formas distintas, todas implicaban cocinarlo a través del método de absorción (con agua y sal). Lo hicieron con arroz sin lavar, arroz lavado, arroz remojado o arroz sancochado (cocido a medias).

Tras estudiar los cuatro métodos, descubrieron que el de sancochado con absorción (PBA) reduce la mayor parte del arsénico del arroz, al tiempo que el cereal conserva sus nutrientes.
“Con nuestro nuevo método podemos reducir significativamente la exposición al arsénico mientras reducimos la pérdida de nutrientes clave”, zanja el científico Manoj Menon en un artículo publicado en la revista Science of The Total Environment vía Science Alert.

En el artículo explican la receta que hay que seguir para eliminar el 54% de arsénico inorgánico del arroz integral y el 73% en el arroz blanco.

1. Hervir agua (cuatro tazas de agua fresca por cada taza de arroz crudo).

2. Agregar el arroz y hervir durante 5 minutos.

3. Desechar el agua, de modo que se elimina gran parte del arsénico que contenía el arroz.

4. Agregar agua fresca (dos tazas por cada taza de arroz).

5. Tapar el arroz con una tapa y cocinar a fuego lento hasta que se haga.

El arroz, especialmente el integral, es un alimento rico en hidratos de carbono de absorción lenta, lo que permite que los niveles de azúcar en la sangre se mantengan estables durante más tiempo.

Además es rico en vitaminas, como la niacina, la vitamina D, la tiamina y la riboflavina, y en minerales, entre los que se destacan el magnesio, el fósforo y el selenio. A esto hay que añadir que el arroz integral es una buena fuente de fibra y por lo tanto, mejora la digestión.

La fatiga como síntoma persistente tras la covid-19 ElHuffPost

 Qué sabemos sobre los síntomas persistentes de covid-19.

Por The Conversation

IYOSHI HIJIKI VIA GETTY IMAGES


Por Joaquín Mateu Mollá, profesor adjunto en Universidad Internacional de Valencia, doctor en Psicología Clínica, Universidad Internacional de Valencia:

La irrupción de la actual crisis causada por el coronavirus (SARS-CoV-2) ha supuesto un cambio extraordinario en nuestra forma de vivir.

Desde el momento en que la Organización Mundial de la Salud consideró la situación como una emergencia sanitaria, la información sobre la enfermedad asociada a este patógeno (covid-19) empezó a extenderse como la pólvora y a formar parte inherente de nuestra cotidianidad.

Tanto es así, que en poco tiempo gran parte de la población tenía conocimientos sobre cómo se expresa a nivel clínico y sobre las medidas de higiene que permitirían contener su rapidísima progresión.

Certezas e incertidumbres sobre la covid-19

Actualmente el volumen de producción científica sobre este coronavirus es abundante, pues miles de especialistas se han volcado en desentrañar sus misterios. La incertidumbre inicial empieza a abrir paso, al menos, a unas pocas certezas.

Entre ellas, que los síntomas más comunes de la covid-19 son el dolor muscular, la fatiga, la fiebre, los problemas respiratorios, la cefalea y la pérdida del gusto o del olfato; así como que su índice de mortalidad varía a tenor de variables sociodemográficas.

Los tiempos en los que se desarrolla la infección son también conocidos: su incubación tiende a extenderse entre cuatro y siete días desde que el virus accede al cuerpo (con una ventana temporal máxima de dos semanas). En este momento suelen identificarse los primeros cambios en el estado de salud.

Con el paso de los días, el patógeno desaparece del organismo y la persona recupera progresivamente sus condiciones físicas previas. Esta es la forma de evolución más frecuente.

Por otra parte, aproximadamente el 30 % de los casos implicarían a pacientes asintomáticos. Estos muchas veces ni siquiera llegan a recibir un diagnóstico (aunque podrían transmitir la enfermedad a otros).

Sin embargo, con la desafortunada acumulación de casos que estamos viviendo, empieza a vislumbrarse un fenómeno preocupante: algunas personas muestran sintomatología persistente, especialmente relacionada con una intensa fatiga.

Este síntoma de la enfermedad continúa siendo una incógnita en lo relativo a su evolución y sus causas, pero su prevalencia aumenta a medida que el virus se extiende por el planeta.

¿Cuándo consideramos que un síntoma persiste?

Se entiende como sintomatología persistente de la covid-19 aquella que se prolonga varios meses tras la resolución del proceso agudo de infección, manteniendo una intensidad que condiciona el día a día de los pacientes.

No se trata de un fenómeno inaudito, pues ya existía evidencia de que ciertos virus y bacterias podían provocarlo en el ser humano. Entre ellos, otros coronavirus responsables de los brotes que azotaron ciertas regiones del mundo en los albores del presente siglo.

Algunos ejemplos serían el SARS-CoV detectado en Asia durante el año 2003 (que acabó extendiéndose a otros países) o el MERS-CoV (Arabia Saudita, 2012).

Otras infecciones, como la del virus Epstein-Barr o la del influenza virus H1N1 (por citar algunas), también han demostrado su capacidad para generar sintomatología persistente.

En todos estos casos, la fatiga suele ser el síntoma más resistente a la remisión, lo que ha motivado la etiqueta diagnóstica genérica de fatiga postviral.

Las personas que la padecen refieren un cansancio generalizado, necesidad de reposo y dificultades para mantenerse en pie durante periodos prolongados. En algunos casos, la intensidad del síntoma alcanza una magnitud tal que imposibilita el desarrollo de las actividades diarias.

Todo ello se une a las dificultades de diagnóstico y evaluación implícitas a la fatiga por su profundo componente subjetivo. Esto puede contribuir a la frecuente sensación de indefensión y desesperación en la persona que los padece.

Qué sabemos sobre los síntomas persistentes de covid-19

En el caso del SARS-CoV-2, algunos estudios indican que el 87 % de los pacientes mantiene al menos un síntoma dos meses después de la detección del primero.

Incluso empiezan a publicarse estudios que comparan esta forma de presentación con la encefalomielitis miálgica, una enfermedad muy discapacitante y poco comprendida.

Al menos para un grupo de pacientes, la resolución de los síntomas iniciales solo es la primera piedra en el camino. Desgraciadamente, todavía es muy escasa la información de la que disponemos para explicarlo.

La citada persistencia se ha observado tanto entre quienes mostraron un cuadro leve como entre quienes tuvieron mayores dificultades durante el proceso agudo. No obstante, se ha documentado más frecuentemente entre mujeres y entre quienes fueron ingresados en unidades de cuidados intensivos. Estos últimos pacientes a menudo requieren un tiempo superior de recuperación.

La severidad de la enfermedad y el sexo, por tanto, podrían ser importantes para entender este intenso cansancio.

Qué hay detrás de la fatiga postviral

Las primeras hipótesis explicativas indagan en las respuestas inflamatorias e inmunológicas que surgen naturalmente durante los procesos infecciosos. Estos, de manera ocasional, pueden descontrolarse y derivar en una peligrosa tormenta de citoquinas.

Este mecanismo en el SARS-CoV-2 está acaparando la atención de los especialistas que buscan resolver la incógnita. La capacidad del virus de atravesar la barrera hematoencefálica, y ciertos factores genéticos mediadores, también podrían explicar la aparición de síntomas neurológicos de larga duración (como la fatiga).

Por último, existen investigaciones en las que se subraya el papel de problemas psicológicos secundarios (ansiedad, depresión, etc.) como factores que contribuyen a exacerbar la experiencia subjetiva de fatiga y que tienden a acompañarla mientras persiste.

Asimismo, muchos de quienes padecieron la enfermedad y sufren síntomas residuales refieren sufrir estigma social, producto del miedo y del desconocimiento.

Mientras la ciencia se prepara para dotar de recursos a las personas con dificultades persistentes, continúa siendo esencial informar a la población sobre la infección y sus consecuencias.

Pandemia y relaciones sociales granadahoy.com

 TRIBUNA

ISIDORO MORENO

Catedrático emérito de Antropología

Las relaciones sociales no pueden ser anuladas más que excepcionalmente y por corto tiempo, so pena de producir graves consecuencias para la salud individual y colectiva

Pandemia y relaciones sociales ROSELL

Los humanos pertenecemos a una categoría animal con dos características únicas. La primera es que somos por naturaleza sociales, lo que compartimos con otras especies pero distinguiéndonos de ellas en que no solo vivimos en sociedad sino que construimos y podemos transformar la sociedad en que vivimos. La segunda es la de ser, también por naturaleza, culturales, es decir seres con capacidad de simbolizar: de crear sentido y atribuir significaciones a cualquier cosa o hecho -material o imaginado- de la naturaleza, de la sociedad y de nosotros mismos.

Viene esto a cuento no de pretender sintetizar la que fue, durante muchos años, mi clase inicial a los alumnos/as de primer curso de Antropología sino de tratar de enriquecer los análisis y visiones sobre la actual pandemia, sus efectos y formas de encararlos. Me parece evidente que, en la mayoría de los casos, se desconoce o minusvalora que la naturaleza humana es social y cultural, y por ello suele contemplarse la actual situación desde un estrecho biologicismo y/o desde un economicismo reduccionista, sin considerar apenas que las sociedades humanas no son una suma de individuos sino una compleja red de relaciones sociales a las que se dota de sentido. Sin duda, la sanidad (que no equivale exactamente a la salud) y la economía son ámbitos centrales pero incluso para manejarse bien en ellos se precisa tomar en consideración las dimensiones sociales y culturales.

Es de subrayar que, hasta ahora, y mientras no exista una vacuna eficaz, el único remedio que se nos ofrece para escapar del virus es rehusar a las relaciones sociales presenciales con quienes no convivimos (y si vivimos solos, ¿no podríamos relacionarnos con nadie?). De hecho, este es el mismo remedio que ya existía en la Edad Media. Pero, entonces y ahora, garantizar una estricta "distancia social" con todos los no convivientes es algo inviable, incluso para quienes podrían o pueden permitirse el lujo de no tener que ir al trabajo, a la compra, a la farmacia o a cuidar a otros. El aislamiento absoluto, el distanciamiento total, la vida en burbujas microfamiliares convertidas en bunkers físicos y emocionales solo comunicadas por vía digital, es un escenario de ciencia-ficción y una quimera porque las relaciones sociales son para los seres humanos como el oxígeno para los pulmones: solo se pueden interrumpir por un muy limitado periodo de tiempo. Y es que toda sociedad humana consiste en un entramado de relaciones sociales que no son solo laborales y utilitarias sino también emocionales, asociativas o identitarias, que necesitan ser activadas, expresadas y reproducidas colectiva y públicamente. Es por ello que no pueden ser anuladas más que excepcionalmente, por causas más que justificadas y por un periodo corto, so pena de producir graves consecuencias para la salud (entendida esta de forma integral) individual y colectiva.

Desde luego, es preciso rechazar la reivindicación de una "libertad" abstracta, puramente individualista y por ello antisocial, como hacen ahora algunos grupos fascistoides o de descerebrados, pero, a la vez, hay que tener en cuenta que las relaciones multidimensionales con nuestros semejantes son parte de nuestra misma naturaleza y no algo superfluo o prescindible. Minimizar la importancia de la sociabilidad y de los espacios para desarrollarla, sobre todo en pueblos con culturas mediterráneas como es el nuestro, sería actuar fuera de la realidad. De ahí que en la toma de decisiones las variables social y cultural debieran sumarse a la sanitaria y la económica. En situaciones extremas, los confinamientos pueden ser necesarios y una ayuda a las medidas sanitarias pero no sustituir a estas. Precisamente porque hace mucho que dejamos atrás la Edad Media.

Quizá para algunos lo ideal sería que todos nos convirtiéramos en Robinsones Crusoe, aceptando relacionarnos solo por vía telemática. Olvidan que la comunicación, para que sea realmente humana, ha de ser física, presencial; no puede ser sustituida sino solo complementada por otras formas de relación parcial (sean epistolares, telefónicas o telemáticas). Una cierta "distancia social" era, hasta ahora, propia tan solo de sociedades puritanas. Alimenta el individualismo y obstaculiza lo comunitario. Por ello, la obligatoriedad de adoptarla, aquí y ahora, es una decisión que hay que manejar con sumo cuidado, cuando no exista otra alternativa y por un periodo corto. Como un complemento a las adecuadas medidas sanitarias y nunca para ocultar carencias.

La Junta remite al Gobierno un nuevo informe favorable para las canalizaciones de la presa de Rules granadahoy.com

 

  • Lo envía dos semanas después de ser requerido por el Ministerio para la Transición Ecológica

  • Carmen Crespo subraya el compromiso del entre con una infraestructura vital para Granada y su Costa

Vista aérea de la presa de Rules y la autovía A-44 de la Costa Tropical G. H

R. G.

La Junta de Andalucía ha enviado al Ministerio para la Transición Ecológica un nuevo informe favorable sobre las conducciones de la presa de Rules, con el cual esperan que la tramitación medioambiental, que es competencia del Gobierno central, no sufra más retrasos y así poder acometer esta obra fundamental para los regadíos y el suministro de agua en la Costa Tropical. La ausencia de partidas específicas en los PGE 2021 para la construcción de estas canalizaciones ha causado polémica esta semana en la provincia.

La Subdirección General de Dominio Público Hidráulico e Infraestructuras del Ministerio solicitó hace dos semanas una aclaración sobre el informe emitido por la Consejería en 2019, y en solo ese periodo de tiempo la Dirección General de Planificación y Recursos Hídricos de la Junta ha remitido ya este documento referido a la "compatibilidad del proyecto básico de las conducciones derivadas del sistema de embalses Béznar-Rules con la planificación hidrológica", según explica el ente autonómico.

Transición Ecológica ha justificado la tardanza en transmitir a la Junta de Andalucía el requerimiento de la Subdirección General de Evaluación Ambiental, por las "dificultades" derivadas por el Covid-19 y "disfunciones" en sus registros electrónicos. En cualquier caso, la consejera de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, Carmen Crespo, ha subrayado que la rapidez de su Ejecutivo en remitir el informe solicitado ahora por el Ministerio demuestra "el compromiso pleno" del Gobierno de Andalucía con un proyecto "vital para el desarrollo económico y social de la provincia de Granada".

En este sentido, Crespo ha puesto el acento en que desde su departamento hay una "voluntad incuestionable" por sacar adelante las conducciones de Rules y "regar la provincia de Granada con nuevas oportunidades de empleo y de futuro", además de "garantizar el agua para el abastecimiento de la población y el desarrollo agrícola de la comarca" con una infraestructura hidráulica "que la sociedad granadina lleva demandando desde que en 2003 se acabase la presa".

A este respecto, la consejera ha pedido al Gobierno de España "lealtad institucional" y "la mayor diligencia posible" para culminar la tramitación ambiental, así como dotación presupuestaria suficiente para redactar los 11 proyectos desglosados que componen dicha actuación, ya que hasta ahora el Ministerio para la Transición Ecológica sólo se ha comprometido a acometer uno de ellos, con una inversión de 50 millones de euros, frente a los más de 300 millones de euros que se requieren de inversión total.

Crespo ha resaltado que "no hay más tiempo que perder" para aprovechar cada gota de agua embalsada, garantizar los caudales ecológicos y asegurar el abastecimiento y el regadío, al tiempo que seguir adelante en la ejecución de proyectos fundamentales para un desarrollo sostenible frente al impacto del cambio climático en sectores clave de la comunidad.


martes, 3 de noviembre de 2020

¿Por qué el coronavirus se propaga ahora con tanta velocidad? ElHuffPost

 Es más contagioso el SARS-CoV-2 que otros coronavirus?
Por The Conversation


Imagen de microscopio de coronavirus.

   Por Ignacio J. Molina Pineda de las Infantas, catedrático de Inmunología, Centro de Investigación Biomédica, Universidad de Granada:

Esa es la pregunta que todos nos hacemos. Qué ha pasado para que, en solo unas semanas, nos encontremos en una situación igual o peor a la que teníamos durante el confinamiento de primavera. La velocidad de propagación nos sorprende y, aunque aún no tenemos todas las respuestas a la pregunta, en las últimas semanas se han hecho descubrimientos muy importantes que nos ayudan a entender qué está pasando.

¿Es más contagioso el SARS-CoV-2 que otros coronavirus?

La respuesta es sí. Hay otros dos coronavirus muy similares que causan también una patología respiratoria muy grave: el SARS-CoV, que apareció en China en 2003, y el MERS, que se diseminó en Oriente Medio en 2012. Ambos tenían una tasa de letalidad mucho mayor que el SARS-CoV-2 (murieron el 35 % de los pacientes con MERS), pero su infectividad fue mucho menor. A pesar de los temores iniciales, ambos brotes se extinguieron sin causar la temida pandemia.

Pero, si son tan parecidos ¿por qué el coronavirus actual es tan sumamente contagioso, mientras que los otros no lo fueron?

La respuesta está en la inserción de cuatro aminoácidos. Solo cuatro. Un virus, en realidad, actúa como un parásito que necesita introducirse dentro de una célula para replicarse. Para entrar en ella, se acopla a una molécula presente en la superficie de la misma (su receptor) y, una vez anclado, este receptor hace de caballo de Troya al internalizarse y arrastrar consigo al virus hasta dentro de la célula.

Para que esto ocurra es necesario que la membrana del virus y la de la célula se fusionen, y ahí juegan un papel clave determinadas enzimas (proteasas) que favorecen este proceso. Podríamos pensar que el SARS-CoV-2 es mucho más infeccioso que sus otros dos parientes próximos porque utiliza un receptor o proteasas diferentes. Pues no. Usa el mismo receptor (la enzima convertasa de angiotensina-2, ACE-2), y también la misma proteasa (la proteasa transmembrana serina 2, TMPRSS2).

Entonces, ¿cuál es la diferencia? Volvemos a los cuatro aminoácidos que se han insertado en la proteína de la espícula (la “corona”) del nuevo virus, y que no está presente en los anteriores. Esos cuatro aminoácidos (Arginina-Arginina-Alanina-Arginina, RRAR), crean un nuevo sitio de corte sobre el que puede actuar otra proteasa diferente, la furina, muy activa y abundante en el pulmón.

Desde hace meses se sospechaba que este sitio era un elemento clave para explicar la mayor infectividad del SARS-CoV-2, pero solo recientemente hemos confirmado esta hipótesis. En un interesante estudio se produjo en el laboratorio una variante del SARS-CoV-2 al que le habían eliminado estos cuatro aminoácidos, por lo que ya no existía el sitio de corte para la furina. La variante resultante tenía una menor capacidad de infectar in vitro células de pulmón y también una menor capacidad de infectar animales modelo.

Los hámsteres infectados con la variante deleccionada tenían una enfermedad muy suave y el virus tenía una escasa capacidad de replicación, mientras que los animales infectados con el SARS-CoV-2 no manipulado sufrían una enfermedad grave. Por tanto, este sitio de corte para la furina (los cuatro aminoácidos insertados) confiere una infectividad mucho mayor al virus causante de la covid-19 que la exhibida por sus antecesores de 2003 y 2012.

Pero eso no es todo. Datos muy recientes han demostrado que, como consecuencia del corte de la furina, se crea en el SARS-CoV-2 un segundo sitio, tampoco presente en sus antecesores, que favorece la infección al interaccionar con una nueva molécula: la neuropilina, que ayuda aún más a la entrada del virus. Un pequeño cambio nos ha ocasionado un gran problema.

Nuevas variantes más infectivas

Estos datos nos explican por qué el virus es más infeccioso que los anteriores, pero la progresión de la enfermedad parece ahora mucho más rápida que en primavera. ¿Qué ha pasado?

Pues que el virus ha cambiado, y esta vez en un solo aminoácido: el aminoácido 614 de la proteína de espícula, inicialmente un aspartato, es ahora una glicina. Es lo que se llama la mutación D614G. Comenzó a identificarse en Europa a finales de febrero, y en abril la mayoría de los virus que circulaban ya contenían esta variante que es ahora hegemónica en el continente. La lógica indicaba que este cambio mínimo, un aminoácido por otro, era suficiente para conferir mucha mayor infectividad puesto que la variante mutada había conseguido desplazar por completo a la original.

Había que demostrarlo en el laboratorio. Y, efectivamente, esta variante es mucho más eficiente infectando diferentes tipos de células. Lo más importante es que los modelos animales también lo avalan. Cuando se inocularon hámsteres con la nueva variante, se comprobó que esta era mucho más eficiente infectando células de nariz y de la tráquea, pero no del pulmón. Además, cuando a los animales se les administraba de manera simultánea ambas, la mutada rápidamente sobrecrecía a la original.

Estos experimentos nos indican que la nueva variante, ahora dominante, es mucho más infectiva. Afortunadamente, no es más virulenta, puesto que no se aprecian diferencias en cuanto a la capacidad de infectar células de pulmón. Ni tampoco se ha establecido, en pacientes, correlación alguna entre la nueva variante y la gravedad de la enfermedad.

La variante española

Recientemente se ha publicado una nueva variante, ahora dominante en Europa. Científicos españoles y suizos han descubierto una nueva mutación (que se añade a la D614G), y que de nuevo resulta del cambio de un aminoácido: la Alanina 222 de la espícula se sustituye por una Valina (mutación 20A.EU1). Se detectó en 7 muestras españolas y 1 holandesa obtenidas el 20 de junio. El 18 de julio estaba en el Reino Unido, el 22 en Suiza y el 23 en Irlanda. En Nueva Zelanda estaba el 22 de septiembre.

Aunque la significación biológica de esta variante aún no es conocida, es posible que confiera a los virus una capacidad infectiva aún mayor al haberse propagado con tanta rapidez.

Cómo hemos llegado a esta situación

Para explicarlo, hay elementos relacionados con el virus y otros con el comportamiento social. La oleada actual puede deberse a una variante mucho más infectiva que la de la primavera, aunque no más letal, lo que explica parcialmente la tremenda velocidad de propagación.

En este sentido, es posible que lo que se ha vivido en España fuera un adelanto del calendario de la segunda ola que ahora sufre toda Europa, puesto que la nueva variante se habría originado en este país. A ello contribuyó, muy probablemente, una precipitada desescalada y una despreocupada conducta social durante el verano, por lo que no solo hay efectos atribuibles al virus.

Dos buenas noticias, para finalizar. Estas mutaciones, además de no resultar más patogénicas, probablemente no tendrán ningún efecto sobre las vacunas que se están desarrollando, y que están basadas en la secuencia original, ni tampoco en la capacidad de bloquear el virus por los anticuerpos monoclonales neutralizantes que están cerca de ser aprobados. Algo es algo.