SOY UN GRAN AFICIONADO A LA LECTURA, POR ELLO DEDICO MI BLOG A TODOS AQUELLOS QUE COMO YO LEEN !! Y DEDICO ESTE BLOG A TODOS AQUELLOS/AS QUE ESTEN INTERESADOS EN TODAS LAS NOTICIAS QUE HAY SOBRE SU PUEBLO.
Andrea Crisanti es un referente y hasta ahora sus augurios se han cumplido.
GETTY IMAGESAndrea Crisanti, en una intervención
La carrera por lavacuna del coronavirusentra en una nueva fase. Comienzan a distribuirse las primeras dosis en algunos países y el mundo ya hace cuentas para saber cuándo existirá una inmunidad que permita volver a una cierta normalidad. De momento, mejor que nos lo tomemos sin prisa, advierte uno de los virólogos más prestigiosos de Europa.
Andrea Crisanti, el gran experto italiano, ha fechado en “seis o siete meses” la fecha en la que la vacuna tendrá un verdadero impacto. De hecho, mira a junio, como fecha clave. Y hasta ahora sus augurios se han ido cumpliendo todos.
El profesor de microbiología de la Universidad de Padua ha sido claro al advertir que hasta entonces y “si todo va bien”, no sabremos si empezaremos a salir de la pandemia.
“Para comprobar los efectos de las vacunas hará falta tiempo antes de saber si el 70% de la población responde favorablemente”, ha apuntado Crisanti.
Podría causar disfunción eréctil en pacientes que se han recuperado del viru
ANDREYPOPOV VIA GETTY IMAGES
Lo vemos a diario: si ha estado infectado conCovid-19 puede que estés curado, pero hay efectos secundarios para la salud que duran y duran. Ahora, a los conocidos, se ha añadido uno más: la disfunción eréctil entre los hombres, según están alertando los especialistas.
La doctora Dena Grayson, experta en enfermedades infecciosas y colaboradora de medios como The New York Times, dice que ahora se teme que la enfermedad pueda afectar la capacidad de un hombre para mantener con normalidad relaciones sexuales, incluso después de que se haya recuperado.
“Existe una preocupación real de que los hombres puedan tener problemas a largo plazo de disfunción eréctil debido a este virus, porque sabemos que causa problemas en la vasculatura”, dijo Grayson a NBC esta semana.
“Es algo realmente preocupante, no es sólo que este virus pueda matar a una persona, sino que pueda causar complicaciones a largo plazo, de por vida, potencialmente”, agregó.
Aunque la mayoría de las personas parecen recuperarse, Grayson advirtió que esperan ver más “consecuencias negativas a largo plazo tras la infección” a medida que pasa el tiempo, incluidas las complicaciones neurológicas.
El virus puede dañar los pulmones, el corazón y el cerebro, lo que aumenta el riesgo de problemas de salud a largo plazo. La mayor parte de la gente que tiene la enfermedad del coronavirus se recupera completamente en unas semanas.
Jordi Serrallonga (Barcelona, 1969) es arqueólogo, naturalista y explorador. Profesor colaborador de Prehistoria, Antropología y Evolución Humana de la UOC, también imparte docencia en el Master de Primatología de la Universidad de Girona y en los de Comunicación del Medioambiente y Periodismo de Viajes de la Universidad Autónoma de Barcelona. Alterna la enseñanza universitaria con el trabajo de campo entre fósiles y animales de las selvas, sabanas, desiertos o montañas de África, América, Oceanía y Asia. Es autor de varios libros, el último de los cuales es Dioses con pies de barro (Crítica, 2020).
–Cuando pensábamos como sociedad avanzada que todo estaba controlado, el coronavirus nos ha puesto contra las cuerdas.
–No somos nada especiales. Estamos sometidos a las leyes de la naturaleza. A muchos les ha sorprendido que hoy, cuando pensábamos que con la tecnología podíamos superarlo todo, una entidad microscópica nos haya hecho tanto daño.
–Y no ha sido mala suerte.
–El azar es siempre un elemento importante. Pero hemos estado forzando la máquina y estamos recibiendo las consecuencias. Pensábamos que cualquier contratiempo, como el cambio climático o una pandemia, iba a poder superarse con nuestra tecnología. Pero son palabras vacías. Se deja para más adelante hasta que aparece el problema, y nos damos cuenta de que un virus como el SARS Cov-2 nos lo hemos encontrado de un día para otro, no dentro de cinco o diez años.
"NUESTRO COMPORTAMIENTO NOS CONDUCE HACIA UNA GRAN EXTINCIÓN. PERO LA VIDA CONTINUARÁ”
–El SARS ya fue en 2003 una advertencia a la que no prestamos atención.
–De hecho, el SARS Cov-2 no ha sido el primer coronavirus que nos ha afectado. Incluso tenemos otros virus como el Ébola, que afecta básicamente a África y con el que actuamos como si no fuera con nosotros hasta que hubo infectados europeos y americanos. Pocos meses antes de nuestra pandemia, yo estaba en Tanzania con chimpancés y al otro lado del lago Tanganica había una epidemia de Ébola en la que estaba muriendo mucha gente y en Europa no nos lo tomábamos en serio. Estas entidades microscópicas no tienen fronteras. Ahora volamos en unas pocas horas de un continente a otro y por eso esta pandemia nos advierte de que estamos sometidos a las leyes de la naturaleza y que no somos esa especie elegida, sino una más que está sometida a presiones que afectan a nuestra supervivencia.
–Como cuenta David Quammen en Contagio, el problema no es que estos virus existan en la naturaleza, sino que el hombre está invadiendo su espacio.
–Exactamente. Eso es lo que he querido dejar claro en Dioses con pies de barro (Crítica, 2020). Hemos visto una demonización de los murciélagos, con lugares donde se pide su exterminación. Eso es una barbaridad. Si estos virus existen es por algo. En la naturaleza lo que no vale se elimina. Por modas nos hemos metido en el territorio de estos animales, y estamos consumiendo animales que están en contacto con los murciélagos sin ningún cuidado, lo que nos pone en peligro a nosotros mismos y a la biodiversidad de la que dependemos.
–¿El ser humano se ha convertido en un virus para el planeta?.
–No. Esa es otra paradoja. Decimos que el ser humano acabará con la vida en el planeta y no es así. Nuestro comportamiento nos conduce hacia una gran extinción. Pero la vida continuará. Decir que vamos a salvar al planeta significa en realidad que queremos salvarnos a nosotros mismos. Es cierto que somos terribles para muchas especies, como los chimpancés, orangutanes, gorilas, delfines, ballenas o muchos insectos como las abejas o las mariposas. La biodiversidad es algo maravilloso en la que todo tiene una función, desde un virus a un homo sapiens. Cuando eliminamos una pieza se produce un desequilibrio. Salvar esos animales nos permitirá vivir mejor. Conservar la biodiversidad es la clave de la supervivencia de la especie humana.
–La tecnología también presiona a la naturaleza. Usamos móviles que necesitan coltan que se extrae de minas del Congo, lo que lleva a seres humanos a invadir espacios salvajes.
–Efectivamente. Para que en la Amazonia se pueda explotar petróleo y sacar minerales de bosques tropicales del Congo, lo primero que se hacen son carreteras. Esas enfermedades que se habían mantenido aisladas e invisibles en animales salvajes, como el Ébola o el Sida, entran en contacto con seres humanos que no están adaptados. Lo que pasa es que un explorador que contraía el Ébola antes no tenía tiempo suficiente para salir de África y moría por el camino. Pero ahora en unas pocas horas puede estar en Europa. Estas explotaciones no sólo destruyen recursos sino que propagan plagas. Pero tampoco podemos volver a las cavernas. Lo que hay que hacer es diseñar estas explotaciones en términos de sostenibilidad. Quizás la pandemia sirve para que incluso los más negacionistas aprendan a utilizar otro tipo de estrategia.
–¿Cree que saldremos mejores de esta pandemia?
–Al principio del confinamiento, todo el mundo pensó que nos convertiría en mejores personas. Pero en paralelo, la gente organizaba casi razzias militares en los supermercados . Yo creo que el que siempre ha sido bueno seguirá siéndolo. Pero difícilmente puede haber un cambio de mentalidad a nivel general en cuanto a ciertas conductas más egoístas. Pero por dar un mensaje más positivo, al menos la pandemia nos ha hecho reaccionar y ver que la salida a esta y futuras pandemias y catástrofes son la ciencia y el conocimiento.
Comité Científico de Afide Una lectura del entorno nos invita a pasar de una economía de la eficiencia a otra de la imaginación. Será mejor trabajar con lo que viene que con el conocimiento que ya tenemos
Hhace apenas unos meses, cuando veíamos esta expresión escrita, AC y DC, automáticamente traducíamos antes de Cristo y después de Cristo. ¿Qué pasaría si la mostrásemos ahora? No nos sorprenderíamos si algunos transcribiesen antes del Covid, después del Covid. Ahí tenemos un ejemplo de transmutación de un concepto cuasi inmutable, uno más de los cambios en las variables trascendentes que nos han venido acompañando. También han cambiado drásticamente nuestra concepción de la movilidad, la oportunidad, la seguridad o la forma de relacionarnos y trabajar.
Hablamos de que todo ha cambiado, de que cambiará aún más. Lo escucho y leo y percibo el sesgo: no transmite desafío, sino desconcierto, impotencia e inclusive miedo. No es criticable, estamos en un momento de ruptura con la zona de confort, lo que se llama la zona de hundimiento, hemos perdido la tierra conocida, las cosas no son como eran y tampoco acabamos de adaptarnos al nuevo escenario, entonces nuestra confusión es normal y nace de una lectura realista del presente, pero no puede condicionar nuestra determinación de ser constructores del futuro desde este presente. Estamos en la etapa previa a lo que se llama etapa de descubrimiento donde aparecen nuevas oportunidades, algo parecido a cuando se visibiliza el horizonte de una tierra nueva después de una tormenta durante la travesía.
Así, una lectura del entorno actual nos invita a pasar de una economía de la eficiencia a una economía de la imaginación, en la que será más importante trabajar con lo que viene que con el conocimiento que ya tenemos, el pasado nos informa, pero no ha de condicionarnos. Traigo a colación la Ley de Revans: "La supervivencia de un organismo depende de que su tasa de cambio sea igual o mayor a la del entorno". De nuevo una invitación para el infinito potencial del ser humano, para poner en juego el desarrollo de todas sus destrezas y abrirnos a la curiosidad y a la aprendibilidad.
Aprender expande consciencia, amplía nuestro conocimiento del mundo, satisface nuestra curiosidad y nos empodera.
Por tanto, pasó el momento de jugar el juego anterior. Y no sólo se trata de abrirnos a la confianza, posibilidad y oportunidad del nuevo juego, sino de poner en marcha nuevos recursos. Uno de ellos consiste en desarrollar otras competencias, desde una actitud de coraje, confianza, esfuerzo y optimismo inteligente. Parece pues congruente la fórmula para desarrollar talento basada en no considerar suficientes los conocimientos y habilidades técnicas, sino que requiere dar rango e importancia al desarrollo y entrenamiento de las competencias blandas o transversales, soft skills, así como el aprendizaje de habilidades digitales; y todo ello desde la consciencia de nuestro rol en el presente para construir un futuro, y desde el anclaje a valores esenciales que nos sujeten ante la duda o la dificultad extrema. Entrenamos habilidades para una tarea concreta, por el contrario las competencias son para toda la vida. Así, la autogestión, creatividad, liderazgo, comunicación, resiliencia, empatía o proactividad nos serán útiles para adaptarnos a cualquier situación.
Es también el momento de líderes de excelencia con visión, agudeza, claridad, y agilidad. Y mientras esos líderes de excelencia van dando señales de una forma clara de actuación, no podemos quedarnos esperando. Quedarnos a la espera de la respuesta de otros, biológicamente nos desgasta, psicológicamente nos debilita. Es el momento de la actitud emprendedora, de identificar modelos de avance en las propias organizaciones motivando a la acción a los intraemprendedores; también es el momento de apoyar nuevos modelos de negocio, de animar la industria y la innovación entrenando músculo emprendedor y acompañando a los que se lanzan a emprender. La ciencia ha probado que el ser humano en una actitud de espera, de dependencia del otro, se victimiza, por el contrario, abre una infinita caja de recursos cuando actúa y se activa para buscar la respuesta.
Así que mientras que instituciones educativas y gubernamentales deciden sus nuevos modelos de liderazgo, y su nueva forma de apoyar el emprendimiento y la innovación (me vienen al recuerdo las facilidades administrativas, financieras y fiscales que acompañan a las nuevas iniciativas en países vecinos) vamos a entrenar esas competencias. Y exigiendo a las instituciones para que se unan, porque solos quizás llegaremos antes, pero juntos llegaremos más lejos y nos haremos realmente grandes.
The New York Times' ha preguntado a 700 expertos. También han identificado las tres actividades que menos riesgo conllevan.
LLUIS GENE VIA GETTY IMAGES
El prestigioso rotativo estadounidense The New York Times ha publicado los resultados de una macroencuesta realizada a 700 epidemiólogos del país a los que han preguntado por cómo viven ellos y qué creen que pasará en los próximos meses con el coronavirus.
En el artículo, los expertos explican qué actividades realizan más y cuáles han aparcado con motivo de la pandemia.
Con los resultados, The New York Times ha extraído las tres actividades que, según los 700 epidemiólogos, son más arriesgadas a la hora de contagiarse.
La primera de ellas, identificada así por un 75% de los expertos, es comer en el interior de un restaurante.
La segunda, señalada por el 43% de los encuestados, es asistir a una boda o a un funeral.
La tercera, con un 35%, es acudir a un evento deportivo, un concierto o una obra de teatro.
También señalan las que les parecen menos arriesgadas. La primera, recoger el correo sin tomar ninguna precaución (75%), la siguiente pasear o reunirse al aire libre con amigos (72%) y la tercera, hacer algún recado, como ir al supermercado o a la farmacia (46%).
Según The New York Times, la mayoría de los epidemiólogos coincide en estar menos preocupados por actividades al aire libre y por estar en contacto con superficies, y mucho más preocupados por las actividades en interiores y por las aglomeraciones y reuniones con mucha gente.
“Los lugares cubiertos con mucha gente son la situación de mayor riesgo”, indica Leland Ackerson, epidemiólogo de la Universidad de Massachusetts. “Al aire libre, con poca gente, distancia social y precauciones, es lo menos arriesgado”, añade.
¿Qué hacen ellos?
De hecho, en la encuesta también se observa que ellos mismos cumplen con lo que piensan sobre los riesgos de la pandemia.
Por ejemplo, el 72% reconoció haber abierto el correo sin precauciones en los últimos 30 días.
El 90% había ido en el último mes a hacer algún recado en persona, ya fuera al supermercado o a la farmacia.
El 62% había salido a pasar el rato con amigos al aire libre.
Las tres actividades que menos habían realizado en el último mes son, por este orden: acudir a un concierto, evento deportivo u obra de teatro; verse con alguien que no conocen bien; e ir a una boda o un funeral.
España es ese país en el que los debates intrascendentes se imponen a las prioridades más acuciantes.
ETTY IMAGESUn dedo, la luna y un país.
Ahí tienen al dedo señalando la luna. Que nadie se despiste: miren qué uña, que dedo más carnoso, que estructura más compacta. Contemplamos abstraídos la extremidad mientras la luna —tan redonda, luminosa, rotunda—, se desvanece en el eco de nuestros debates sobre si la mancha negra que se vislumbra en la uña es roña o se trata en realidad de marca única que ensalza aún más las ingentes cualidades de su dueño.
Y así pasan los días, las semanas y los meses. Debatiendo, discutiendo y escupiendo sin descanso en las redes sociales cuestiones que pasarán sin dejar huella, polémicas con una esperanza de vida que no superan casi nunca las 48 horas y que sólo aportan ruido y furia a la sociedad presente y nada a la futura. Mucho menos al país.
Muy aznarianos, espetamos quiénes son ellos para decirme a mí cómo, dónde y con quién voy a pasar yo las fiestas de Navidad
Buceamos hasta lo más profundo del diccionario de la RAE para encontrar el significado exacto de la palabra ‘Allegado’ con el propósito de saber si nuestra recién conocida pareja puede compartir con nosotros la cena de Navidad. Nos quejamos porque las reuniones del 24 y del 25 de diciembre sólo pueden estar diez personas pero, ya es mala suerte, nuestra familia está formada por once personas. Nos lanzamos a la calle como niños tras una piruleta porque han encendido las luces de Navidad y tenemos que verlo, cueste lo que cueste. Buscamos cualquier resquicio para pasar de una comunidad a otra en Navidades aunque sepamos que es, como poco, irresponsable.
Nos devanamos los sesos para incumplir las recomendaciones de las autoridades sanitarias porque, muy aznarianos, espetamos quiénes son ellos para decirme a mí cómo, dónde y con quién voy a pasar yo las fiestas de Navidad. Nos fijamos en el dedo y no en la luna. Desdeñamos que el posible final de nuestra imprudencia es la muerte. Tal vez la nuestra, tal vez la de esos allegados con los que tenemos que cenar la noche del 24 de diciembre porque, sólo faltaría, es el acontecimiento con el que nuestra vida cobra pleno sentido.
Qué diablos, lo relevante es si Bildu apoya, se abstiene o rechaza los presupuestos
Dedicamos tinta y más tinta a llevarnos las manos a la cabeza porque un partido legal apoye —que no determine— la aprobación del presupuesto que nos vamos a dar como país todo un largo año. Nadie sabe a qué se destinan las partidas, si se pone el foco en la ayuda social, al crecimiento económico, a dinamitar lo público o a preservar el medio ambiente. Qué diablos, lo relevante es si Bildu apoya, se abstiene o rechaza las cuentas. Eso, y sólo eso, es lo que hace que todo un proyecto de país merezca o no la pena. Porque ETA, que hace años dejó de matar, está más viva que nunca. ¿Acaso lo dudas? ¡Filoetarra!
Nos indignamos porque, en un grupo de Whatsapp con menos participantes que en el de un equipo de petanca, unos militares retirados y bien retirados juegan entre efluvios de Varon Dandy a dar golpes de estado y pasar por las armas a 26 millones de personas. La clave para la mayoría son las barrabasadas que esos golpistas gagás teclean con la contundencia con la que se bebe un copazo de coñac, pero desprecian que hay partidos con varios millones de votos que se dedican mañana, tarde y noche, a dinamitar la convivencia, la democracia y la libertad con apelaciones a la convivencia, la democracia y libertad.
Defendemos nuestra lengua con mensajes que harían llorar sangre a cualquier profesor de lengua española
Tuiteamos indignados que el Gobierno social-comunista-bolivariano-filoetarra-ampurdanés vaya a paralizar los desahucios a familias vulnerables para que no se queden en la puñetera calle porque pone en riesgo el mercado del alquiler. Aplaudimos el milagro pandémico de Díaz Ayuso sin analizar si ese súbito desplome en el número de contagios se debe a que, por ejemplo, se realizan menos pruebas. Presumimos del ’hito sanitario” que representa la inauguración de un hospital prefabricado sin atender que llega con un mes de retraso, sin sanitarios y un sobrecoste que duplica lo inicialmente presupuestado.
Damos por liquidado el castellano empleando el castellano porque la madre del cordero de todas las batallas pasa por el término “vehicular”, inexistente en el 99,9% de la historia del castellano. No sólo eso: salimos en defensa de nuestra lengua en redes sociales con mensajes que harían llorar sangre a cualquier profesor de lengua española. Eso sí, vehiculamos de maravilla.
Las mascarillas y la práctica deportiva son una mala combinación para personas con enfermedades cardiopulmonares
La OMS recomienda llevar mascarilla en casa al recibir visitas si no hay distancia o buena ventilación
El deporte de alta intensidad, mejor sin mascarilla según la OMS / ARCHIVO
D.A.
Dentro de pocos meses hará un año que convivimos con las mascarillas, unas mascarillas que muchos aún no saben utilizar de la forma correcta y menos qué tipo es la aconsejable para cada momento. Además, muchos especialistas dicen que nos acompañarán hasta 2022 y ahora es la Organización Mundial de la Salud la que vuelve a darnos una teoría sanitaria en relación a este complemento.
La OMS ha indicado en un comunicado que el uso de las mascarillas no es aconsejable si se va a realizar una práctica deportiva de alta intensidad ya que hacer uso de ella mientras se lleva a cabo un esfuerzo intenso, disminuye la disponibilidad de oxígeno y aumenta los niveles de CO2 que absorbemos.
Para los especialistas sanitarios y deportistas de élite, una respiración adecuada y regulada, en el mundo del deporte, es fundamental para conseguir los objetivos. Además, para aquellas personas que tengan problemas relacionados con enfermedades cardiopulmonares, puede ser un problema más que una solución.
Por qué no usar mascarilla en el deporte
Aunque hubo un momento en el que meditaron ponerla obligatoria, la realidad es que la práctica deportiva en intensidades altas, es inviable con una mascarilla. Además, muchos doctores y entrenadores profesionales han dado una serie de argumentos por los que no se debe utilizar bajo ningún concepto:
No es agradable. Los deportistas no se sienten cómodos cuando realizan actividades deportivas con algo que les impide tener una respiración continuada.
Aumenta la humedad en los pulmones. No se elimina el aire expirado y se acumula una humedad que dificulta el intercambio de gases.
Los músculos se resienten. Los niveles de oxígeno bajan y los músculos lo notan. Es decir, la fatiga muscular aparece mucho antes.
No hay mucho riesgo de contagio. La actividad deportiva no es un foco de contagio alto. Es más, los datos en los gimnasios así lo indican.
Un mundo de bacterias. La humedad se estanca y se crea una especie de clima propicio para que otros virus y bacterias sí encuentren acomodo en el organismo.
En definitiva, las personas no deben usar mascarilla por un aspecto relacionado con la salud. En cuanto a los deportistas de élite, ya no es solo salud, sino que su rendimiento bajará considerablemente.