jueves, 30 de mayo de 2019

Seis cosas muy útiles que puedes hacer con el móvil y no te imaginas elhuffingtonpost

Escuchas música y no dejas las redes, pero... ¿sabías que puedes hacer todas estas cosas


Seguro que alguna de las últimas series que has devorado la has visto a través del móvil. Con tu smartphone actualizas tu perfil de Instagram, escuchas música y hasta adelantas trabajo a través de Google Drive. Y a pesar de que crees que lo explotas al máximo y no te separas de él, tu móvil ofrece un enorme abanico de posibilidades que quizás no has descubierto todavía. Para hacerlo solo tienes que descargarte una serie de aplicaciones y una buena tarifa de datos, como las que ha puesto en marcha Vodafone, que ofrecen 4g ilimitado.   

Medir muebles 

Un metro no es lo típico que llevas en el bolso cuando sales de casa, tampoco los punteros láser que sirven para medir distancias. Por eso las aplicaciones que permiten medir muebles o distancias son algunas de las más útiles que puedes descargarte. Si tienes iPhone, la aplicación Medidas viene de serie en un teléfono, y los usuarios de Android pueden descargarse varias opciones en la Play Store. 

Pagar con él 


Cada vez son más lo que utilizan su teléfono como herramienta de pago y han abandonado las tarjetas, pero todavía son una minoría. Para poder pagar con tu smartphone solo tienes que acercar el terminal al TVP, igual que con una tarjeta contactless

Utilizarlo como ratón

Si utilizas ratón inalámbrico habrás vivido ese desesperante momento en el que se te queda sin batería y tienes que apañártelas para poder seguir utilizando tu ordenador, o esperar pacientemente a que cargue. Tu smartphone puede servirte de ayuda en ese caso, ya que con la aplicación apropiada puedes convertirlo en ratón por unas horas. Algunas como remote mouse están disponibles tanto para Android como iPhone. 

Detectar metales 

Empieza a prepararte para el verano y descárgate en tu smartphone alguna de las aplicaciones gratuitas que encontraras tanto en la Play Store para Android y en la App Store para iPhone. 

Conectarlo como router


Teniendo una amplia tarifa de datos en tu móvil, puedes tener internet en cualquier lugar y momento. Todos los smartphone cuentan con la opción de convertir el terminal en un router que de servicio a otros aparatos electrónicos si no cuentas con otra conexión wifi en ese momento. 

Escanear documentos

¿Tienes un escáner en casa ? Es posible que no, por eso poder digitalizar documentos desde el móvil es una funcionalidad muy útil para evitar tener que recurrir , por ejemplo, a una foto cutre. Tienes un abanico relativamente amplio para elegir, así que no tienes más que bucear en la App Store y descargar la que más te convenza. 

miércoles, 29 de mayo de 2019

Así podríamos cambiar la órbita terrestre para no ser tragados por el Sol elhuffingtonpost

Sería mucho más sencillo llevar a todas las especies a nuestro vecino Marte...


EGAL VIA GETTY IMAGES
Por Matteo Ceriotti, profesor de ingeniería de sistemas espaciales, Universidad de Glasgow.

En la película de ciencia ficción china La Tierra errante, estrenada recientemente en Netflix, la humanidad trata de cambiar la órbita de la Tierra utilizando grandes propulsores para escapar de la expansión del Sol y evitar una colisión con Júpiter.
El escenario podría hacerse realidad en unos cinco mil millones de años, cuando el Sol se quede sin energía y se expanda, probablemente tragándose la Tierra. Otra amenaza mucho más inmediata sería un apocalipsis provocado por el cambio climático. La solución en ambas situaciones podría ser desplazar la Tierra a una órbita más amplia. Y, en teoría, es posible.
Pero, ¿cómo podríamos conseguirlo? ¿cuáles son los desafíos para la ingeniería? Supongamos, por ejemplo, que pretendemos desplazar la Tierra de su órbita actual a otra un 50 % más alejada del Sol, a una órbita similar a la de Marte.
En realidad llevamos años diseñando técnicas para desplazar cuerpos pequeños (como asteroides) de sus órbitas, principalmente para proteger nuestro planeta de posibles impactos. Algunas de ellas están basadas en una acción impulsiva y, en ocasiones, destructiva: una explosión nuclear cerca o en la superficie del asteroide o un “impacto cinético” causado, por ejemplo, por el choque de una nave espacial a gran velocidad. Estas son estrategias que, obviamente, no se pueden aplicar a la Tierra por su naturaleza destructiva.
Otras de las técnicas que se manejan implican un empuje suave y continuo durante un largo periodo de tiempo. Este puede ser provocado por una nave remolcadora anclada a la superficie del asteroide o por una sonda espacial que vuele muy cerca de él (y que genere el empuje por gravedad u otros métodos). Sin embargo, en la Tierra esto sería imposible ya que su masa es mucho mayor que la de los asteroides más grandes, por lo que ninguna nave podría ejercer la fuerza necesaria para empujarla.

Propulsores eléctricos

Lo cierto es que ya hemos desplazado la Tierra de su órbita. Cada vez que una sonda espacial despega hacia otro planeta, transmite un pequeño empuje a la Tierra en la dirección opuesta, similar al del retroceso de una pistola. Afortunadamente para nosotros –o desafortunadamente, si lo que queremos es mover nuestro planeta–, el efecto es prácticamente insignificante.

Falcon Heavy. Official SpaceX Photos
Actualmente, el Falcon Heavy de SpaceX es el vehículo de lanzamiento más eficaz. Aun así, necesitaríamos 300 millardos de millardos de lanzamientos a pleno rendimiento para conseguir que nuestra órbita se desplazase hasta la de Marte. Además, el material necesario para fabricar todos esos cohetes sería equivalente al 85 % de la Tierra, así que solo el 15 % de nuestro planeta llegaría a la órbita marciana.
Un propulsor eléctrico es un modo mucho más eficiente para acelerar una masa. En particular, un motor iónico, que funciona emitiendo un torrente de partículas cargadas que impulsan las naves hacia delante. Para mover la Tierra, podríamos disparar un propulsor eléctrico apuntando en sentido opuesto a su órbita.
Este superpropulsor debería situarse a 1 000 kilómetros sobre el nivel del mar, más allá de la atmósfera, pero estaría anclado fuertemente a la Tierra con una barra rígida para transmitirle la fuerza de empuje. Si disparásemos un haz de iones a 40 kilómetros por segundo en la dirección correcta, necesitaríamos utilizar un chorro de iones equivalente al 13 % de la masa de la Tierra para desplazar el 87 % restante.

Navegando sobre la luz

Como la luz tiene momento lineal, pero no masa, también podríamos emitir continuamente un haz de luz potente, como un láser. Lo bueno es que la fuerza requerida se recogería del Sol y no se consumiría masa terrestre. Sin embargo, incluso si utilizásemos la enorme planta láser de 100G W prevista por el proyecto Breakthrough Startshot, que pretende propulsar una nave espacial fuera del sistema solar para explorar estrellas vecinas, harían falta tres millardos de millardos de años de funcionamiento continuo para cambiar la órbita de la Tierra.
Diseño de una vela solar pequeña. The Planetary Society/Rick Sternbach
Pero la luz también podría reflejarse directamente desde el Sol a la Tierra empleando una vela solar situada cerca de nuestro planeta. Algunos investigadores han demostrado que sería necesario un disco reflectante 19 veces mayor que el diámetro terrestre para conseguir el cambio de órbita en una escala de tiempo de mil millones de años.

Un billar interplanetario

Una técnica bastante conocida para que dos cuerpos que orbitan cambien sus velocidades es utilizar una onda gravitatoria. Este tipo de maniobra se ha empleado ampliamente con sondas interplanetarias. Por ejemplo, la nave espacial Rosetta, que fue lanzada en 2004 y visitó el cometa 67P entre 2014 y 2016, pasó dos veces cerca de la Tierra (en 2005 y 2007) durante la década que duró su viaje.
En los acercamientos, el campo gravitatorio terrestre proporcionó una aceleración decisiva a Rosetta que hubiera sido imposible utilizando únicamente propulsores. Como consecuencia, la Tierra recibió un impulso equivalente en sentido contrario, aunque no tuvo ningún efecto apreciable en la masa terrestre.
Trayectoria de la Misión Rosetta. NASA/JPL
Pero ¿qué pasaría si pudiéramos provocar una onda gravitatoria utilizando algo mucho más grande que una nave espacial? Debido a su tamaño, la Tierra puede, sin lugar a dudas, cambiar la trayectoria de asteroides. Aunque cada desplazamiento sería prácticamente imperceptible, podríamos repetir esta acción multitud de veces para conseguir un cambio considerable en la órbita terrestre a largo plazo.
Algunas zonas del sistema solar están repletas de cuerpos pequeños, como asteroides y cometas. La masa de muchos de ellos es lo suficientemente pequeña como para ser desplazados con tecnología realista, pero, aun así, tendría que ser muchos órdenes de magnitud mayor de la que puede ser lanzada desde la Tierra en las circunstancias actuales.
Con diseños de trayectoria precisos, sería posible aprovechar lo que se ha denominado “Δv leveraging”: un cuerpo pequeño puede ser empujado fuera de su órbita y, como resultado, desplazarse más allá de la Tierra, proporcionando a su paso un impulso mucho mayor a nuestro planeta. Si bien podría parecer una estrategia interesante, se estima que necesitaríamos que cerca de un millón de asteroides pasaran cerca de la Tierra, con una frecuencia de unos pocos miles de años, para poder movernos al ritmo de la expansión del Sol.

La solución

De todas las opciones disponibles, el uso de una catapulta de asteroides parece la solución más razonable ahora mismo. Pero en el futuro, la clave podría estar en utilizar la luz. Siempre que aprendamos a construir estructuras espaciales gigantes o conjuntos de láseres superpotentes, que también podrían emplearse para la exploración espacial.
Sin embargo, aunque sea teóricamente posible (y quizá algún día técnicamente viable), sería mucho más sencillo llevar a todas las especies a nuestro vecino Marte, ya que él sí podría sobrevivir a la destrucción del Sol. Al fin y al cabo, ya hemos amartizado y recorrido la superficie del planeta rojo varias veces.
Considerando el reto que supondría mover la Tierra para cambiar su órbita, colonizar Marte y trasladar allí la población terrestre parece la opción menos complicada.

martes, 28 de mayo de 2019

Cuando el cuerpo engrasa, el cerebro se inflama elhuffingtonpost

RTIS777 VIA GETTY IMAGE
Ya es vox populi: el fenómeno obesogénico es una pandemia en Europa, sobre todo en las clases más pobres. Paradójicamente, la obesidad viene muchas veces acompañada de una desnutrición. El cuerpo reacciona generando inflamación y acumulando grasa como resultado de la alimentación ultraprocesada que sin embargo no nutre lo suficiente.
Ya conocemos el efecto en la salud de este fenómeno social: aumento de enfermedades cardiovasculares, hipertensión y diabetes tipo II. Lo que quizás se sepa menos es que el cerebro es uno de los principales afectados por la “desnutrición obesogénica”. 
El cerebro decide si tenemos hambre
El cerebro es el que regula el control del apetito. Responde a las señales de diversas hormonas y sustancias químicas que le indican si estamos necesitados de alimento o saciados. De esa manera el cerebro toma conciencia y regula el estado nutricional.
Una de las regiones del cerebro que participa en este proceso es el hipotálamo. Esta región cerebral no actúa aisladamente, sino que está conectada con las representaciones del mundo exterior e interior. En otras palabras, también regula las ganas de comer frente a alimentos apetitosos con independencia de que estemos hambrientos. Es el que regula el “hueco” que muchos amantes del sabor dulce dejan para el postre. ¿Quién se resiste a la visión exuberante de una tarta de chocolate?
El fenómeno obesogénico es una pandemia en Europa, sobre todo en las clases más pobres.
Cuando la alimentación es mala (rica en sal, azúcar refinado, grasas saturadas, harinas refinadas, refrescos) se genera un aumento de la neurotoxicidad y la neuroinflamación, lo que a su vez desequilibra los circuitos del hambre y la saciedad. Por añadidura, los alimentos ultraprocesados ricos en azúcares refinados generan hedonía (el placer de seguir comiéndolos) y adicción. Así, reproducimos el círculo vicioso de seguir comiendo alimentos ricos en azúcares y grasas que son más palatales y que pueden generar inflamación y neurotoxicidad.
¿Por qué la obesidad reduce la memoria?
Algunos estudios clínicos han puesto en evidencia que la obesidad aumenta el riesgo de desarrollar trastorno cognitivo leve, en concreto en la memoria a corto plazo (la que nos permite recordar un número de teléfono según nos lo dicen) y la memoria ejecutiva (la que nos permite planificar tareas cotidianas, por ejemplo). También aumenta el riesgo de demencia y Alzheimer.
¿Por qué la obesidad aumentaría el riesgo de perder capacidad cognitiva? Si bien los mecanismos concretos no se saben aún con claridad, todo apunta a que esté relacionado con:
1.- El aumento de inflamación en el cerebro.
2.- Alteraciones con las bacterias del intestino.
Añadido a estos dos factores se sabe que aumenta la resistencia a la insulina (la antesala de la diabetes) que aumenta también el riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas. 
La mala alimentación inflama
La obesidad no solo se considera actualmente un desorden metabólico sino que además entra en el grupo de las enfermedades inflamatorias. Es decir, afecta las funciones del sistema inmune, de las defensas del organismo que nos protegen de enfermedades y alergias.
Se sabe que el aumento de grasas libres en la sangre de manera continuada desencadena todo un conjunto de desequilibrio en las moléculas que gestionan la inflamación (inflamación sistémica). Además, los estudios recientes indican que también se genera una “inflamación central” en la que el cerebro se vería afectado. El cerebro no se inflama como lo hace un músculo cuando nos damos un golpe, pero sí se generan los cambios en moléculas y sustancias que alteran su función normal. Los procesos inflamatorios que ocurren en la cabeza afectan sobre todo a la memoria y a la regulación de las emociones. La neuroinflamación también afecta al estado de ánimo.
Defectos en la comunicación entre el intestino y el cerebro
En otros artículos de este blog se ha comentado la importancia de los microorganismos que viven en el intestino para la salud cerebral.
Las investigaciones de la última década efectuadas han puesto de manifiesto que los desequilibrios de los microorganismos intestinales fomentan patologías del cerebro como párkinson, alzhéimer, depresión y autismo. Las bacterias del intestino no solo ayudan a digerir los alimentos, sino que producen para el cerebro sustancias que contribuyen a su desarrollo y mantenimiento posterior en el adulto. Son las grandes aliadas de la salud de la cabeza.
Los desequilibrios de los microorganismos intestinales fomentan patologías del cerebro como párkinson, alzhéimer, depresión y autismo.
Con la mala alimentación (pobre en fibra y rica en grasas saturadas, sal y azúcar refinado) se fomenta la aparición de desequilibrios en la flora intestinal, y se genera indirectamente una inflamación a nivel intestinal que indirectamente contribuye al deterioro cognitivo y del aprendizaje.
De esta manera, generamos otro círculo vicioso en el eje intestino-cerebro, por el cual la alimentación nociva aumentaría el desequilibrio intestinal, la inflamación y por añadidura fallos en la memoria y el estado anímico.
Estos efectos se pueden revertir
Aunque todavía queda mucho por investigar, se sabe que estos efectos nocivos de la malnutrición y obesidad se pueden revertir. Actualmente se trabaja en desarrollar estrategias terapéuticas para conocer mejor cómo atajar estos círculos viciosos.
La pregunta que me surge es si esas terapias para mejorar los procesos inflamatorios generados por la obesidad estarán al alcance de los más necesitados. Mientras tanto, el mejor remedio es la prevención para la cual se requiere a voces la implicación de las políticas sociales y gubernamentales.

"Castilla conquistó todo un continente y hoy no es nada" granadahoy.com

Juan Rey. ANTONIO PIZARRO
Con la obra 1369 (Algaida), Juan Rey (Sevilla, 1953) ganó la vigésima edición del Premio de Novela Ciudad de Badajoz. Es la historia de Pedro I de Castilla, "un amante apasionado y un sanguinario guerrero'. Es doctor en Comunicación y en Filología. Ha escrito poesía. En 1991 ganó el premio de novela Andalucía con Un hombre cualquiera. Con Nuestro amigo Mustafá obtuvo en 2008 el VI Premio Iberoamericano de Relatos Cortes de Cádiz. También es autor de la novela El manuscrito de Ómniums Sanctórum. Entre Semana Santa y Feria, se escapa a Olvera.
-¿Qué pasó en 1369?
-La famosa noche de marzo de hace 650 años pasaron muchas cosas. Un cambio de dinastía, una conjura contra la legalidad.
-¿Vio ahí una novela?
-La historia de Pedro de Castilla me persigue desde que era adolescente. Empecé a escribirla, no daba con la tecla. Un amigo me dijo que hiciera un guión, estudié guiones, la volví a dejar. Se cruzó otra novela, un libro de relatos, hasta que el Miércoles Santo de 2014 iba en mi moto y una señora se saltó un semáforo, me rompió la tibia y estuve siete meses escayolado. Era un problema mecánico y de tiempo.
-La palabra "cruel" aparece en la página 373. ¿Cruel o Justiciero?
NO QUISE VER LAS NOTICIAS. ME PARECE ESCANDALOSO UNOS TIPOS QUE ESTÁN CONTRA EL PAÍS Y COBRAN DE ÉL"
-No se lo llamo yo, se lo dice el Papa. Era hijo legítimo de Alfonso XI, que con su amante, Leonor de Guzmán, tuvo otros once hijos. Los bastardos no podían heredar la corona. La argucia de Enrique, su hermanastro, es llamarle tirano, matar a un tirano no es magnicidio, y le dice judío, enemigo de la Iglesia.
-¿El Alcázar su refugio?
-El Alcázar que conocemos es el que diseñó Pedro, con los alarifes nazaríes.
-¿Sus aliados?
-Las alianzas fluctuaban. Mohamed V, el rey de Granada, lo mismo se alía con Pedro que con Enrique.
-¿Fue la primera guerra civil entre españoles?
-Hay muchas teorías. Las cifras son las mismas. 1369 y 1936. No fue la primera guerra civil porque España no existía como tal. Es una de las muchas guerras civiles en la península ibérica con tres Pedros: Pedro el Cruel; Pedro de Aragón, el marido de su tía Urraca; y su tío Pedro de Portugal.
-¿Un tiempo terrible?
-Los niveles de violencia de Pedro están dentro de los parámetros del nivel de violencia de la época.
-Carande había estudiado a los Trastámara...
-A Enrique de Trastámara le decían Enrique de las Mercedes porque tuvo que devolver todos los favores.
-La novela es un compendio de topónimos...
-Pedro I cogía un caballo y a los seis días estaba en Bilbao. Su padre lo instruyó en las armas y también en las letras con el libro El Reglamento del Príncipe. Para su desgracia, se muere cuando tenía 15 años.
-Tiene rasgos de Lope de Aguirre y de Fitzcarraldo...
-Un tipo loco que no se fía de nadie. Un personaje para otra película de Herzog.
-Los lugares de las batallas, de los amoríos y las traiciones son ahora la España vacía o vaciada...
-Por temas de Universidad viajo a Burgos y a veces me pregunto cómo esa tierra consiguió lo que consiguió. Conquistó todo un continente y hoy no es nada.
-Valladolid era el centro de todo. Donde va Magallanes a vender su viaje...
-No existía una capital como la entendemos hoy. La capital militar era Sevilla. Faltaba por conquistar el reino de Granada y Sevilla era la frontera.
-En la constitución de las Cortes ha habido fracturas, ataques a la legalidad.
-No he querido ver el Telediario. No tenía ganas de escuchar a los independentistas. Me parece escandaloso unos tipos que están contra el país y que se presentan y cobran de él.
-Pedro no era nombre de rey...
-Llegaban más los Fernando, nombre de su hermano mayor, que murió, los Alfonso, los Sancho.
-Tuvo al Papa en contra...
-El Papa de Aviñón, el del cisma. Pedro reina en plena Guerra de los Cien Años. Inglaterra se enfrenta a Francia, aliada del Papa, por el control del canal de la Mancha. Castilla tenía una flota fabulosa para la exportación de lana a los Países Bajos. Los ingleses necesitan esos barcos para luchar con los franceses.
-¿Y la familia del rey?
-Sus hijas salen en los Cuentos de Canterbury.
-Hay una traición digna de obra de Shakespeare...
-En el encuentro de Constanza y Urraca me he inspirado en un pasaje de Ricardo III.
-¿Leyenda o realidad?
-Hay muchísimas leyendas. Yo sólo utilizo una, y por la mitad, la de las naranjas enteras y partidas.
-¿Sus alas y aliados eran Portugal y los nazaríes?
-El enemigo-enemigo es Aragón. Con su flota, Pedro domina Valencia y sitia Barcelona.
-¿Es vigente su historia?
-Me interesa más la versión romántica.
-¿Hay perdón en el Cruel?
-Pedro le perdona muchas veces a Enrique; éste no tiene piedad con los hijos de su hermano. Por eso Pedro manda a sus hijas a Inglaterra.
-¿Es novela histórica?
-Si nos ponemos a hablar de novela histórica no acabamos nunca. A mis alumnos les he dado quince definiciones distintas. Manda la novela decimonónica, se sigue con las pautas de Los Tres Mosqueteros o Los Miserables. El gran mérito de la novela latinoamericana, con El siglo de las luces de Carpentier a la cabeza, es que usaron la técnica del boom para la novela histórica. No tiene nada que ver con esas historias de aventuras de espadachines, y no quiero nombrar a nadie.

lunes, 27 de mayo de 2019

Avistado un panda albino granadahoy.com

Los expertos creen que el animal, fotografiado en una reserva china, tiene dos años y goza de buena salud

El panda albino
Una reserva natural en la provincia central china de Sichuan avistó por primera vez en la historia un oso panda albino en libertad, informa la agencia local Xinhua.
La fotografía del animal, que también tiene los ojos rojos, fue tomada por una cámara de infrarrojos situada a más de 2.000 metros de altitud. Según expertos de la reserva Wolong, que tomó la instantánea a mediados de abril, se podría tratar de un ejemplar de uno a dos años de edad que parece gozar de buena salud, aunque se desconoce cuál es su sexo.
A juzgar por las fotografías, el panda es un albino, de uno a dos años", dijo Li Sheng, investigador de la Universidad de Pekín y especialista en osos, que estudió las fotografías.

domingo, 26 de mayo de 2019

Decenas de miles de jóvenes de más de 100 países reprochan a los políticos su inacción contra el cambio climático elhuffingtonpost.es

"Estamos gritando porque estáis robando nuestro futuro".


Decenas de miles de jóvenes de toda Europa y de hasta 114 países han salido este viernes a las calles de las principales ciudades para reprochar a los líderes mundiales su falta de acción concreta para luchar contra el cambio climático y para responsabilizarles de estar robando su futuro.
Inspirados por la joven activista sueca, Greta Thunberg, los jóvenes que lideran el movimiento Fridays for Future (Viernes por el futuro), manifestantes, escolares y universitarios de más de 1.000 ciudades de más de un centenar de países han salido a las calles a pedir más acción climática. En concreto, más de 27.000 alemanes han salido a las calles de Berlín, Hamburgo y las principales ciudades germanas para reivindicar “protección climática en vez de contaminación por carbón” y parar “a los asesinos del clima”.
“Estamos aquí, estamos gritando porque estáis robando nuestro futuro”, gritaban los jóvenes en Hamburgo, donde la Policía ha contabilizado unos 17.000 manifestantes frente a los 10.000 previstos inicialmente.
Desde Estocolmo, la joven Greta Thunberg ha agradecido este viernes a los miles de jóvenes que han hecho huelga en el colegio para participar en la protesta climática. “Ahora mismo, miles de niños están de huelga alrededor de todo el mundo. Es realmente increíble”, ha destacado la adolescente de 16 años, que este mismo mes se ha convertido en portada de la revista Time que la define como una de los futuros líderes del mundo.
La Policía de Estocolmo ha estimado la asistencia en la capital sueca en unos 8.000 jóvenes. “Estamos en medio de una crisis existencial y es tiempo de salir de ella”, ha manifestado la joven que ha pedido la eliminación de las emisiones de dióxido de carbono (CO2).
Además, ha animado a políticos y adultos a afrontar esta crisis climática porque “todavía es posible” y ha asegurado que las huelgas escolares seguirán “tanto tiempo como sean necesarias”.

Querido delator elhuffingtonpost

GETTY IMAGES Sterling Hayden
Parece ser que en bautizos recientes se han pronunciado los nombres que salpican Juego de tronos. Y rezo para no tener una nieta que se nombre Chernobyl.
Sin duda, las generaciones futuras pensarán con nostalgia en las series que hoy se han hecho con el botín de la narrativa cinematográfica (enhorabuena a quién profetizó que el mejor cine actual estaría en la televisión).
De manera parecida, comparto con un amigo que, salvo contadísimas excepciones (Cold War este último año), ya solo contempla con gusto películas de muertos vivientes. Es decir, aquellas cuyo reparto, como algunas fotos familiares, parece una quiniela de tantas equis como tachan los nombres.
Como ejemplo de modos de actuar que no espera volver a ver, mencionó a Sterling Hayden, el hombre a quien un documental acaba de resucitar.
Una gabarra en Francia se convirtió en su refugio; allí conversó con él, más bien le aguantó la perorata, el cineasta alemán Wolf-Eckart Bühler.
El faro del caos se estrenó en España en abril de este año, en el transcurso de un festival. Puede que la noticia despertara en mi amigo el recuerdo de aquel cine al que, al parecer, ya le negamos cualquier oportunidad.
Fue una fotografía suya, tomada durante una regata, la que decidió a la Paramount a hacer a Hayden un contrato millonario. Medía un metro noventa y seis, era musculado, rubio, de ojos acerados y acostumbrados a enfrentarse con el horizonte. Lo llamaron “el dios vikingo” y lo lanzaron al estrellato con dos películas que cualquier persona sensata habrá olvidado ya.
Tengo para mí que a él siempre le dio igual.
Cuando llegó al cine, ya había dado la vuelta al mundo varias veces como marino mercante. Al estallar la guerra, se alistó en los marines, aunque fue reclutado por la OSS (la unidad de especialistas en sombras, espías y saboteadores de la que más tarde surgiría la CIA), que lo envió a Yugoslavia, donde contrabandeó por  la costa suministros para los partisanos y saltó tras las líneas alemanas para combatir con las fuerzas de Tito. Logró ser el único soldado en la historia condecorado por los gobiernos americano y yugoslavo.
Parece ser que en bautizos recientes se han pronunciado los nombres que salpican Juego de tronos. Y rezo para no tener una nieta que se nombre Chernobyl.
Regresó a Estados Unidos y al cine, pero había cambiado. Su rostro ya solo prometía lucidez amarga.
John Huston lo leyó con pasión y sabiduría. La jungla de asfalto va desangrándose, poco a poco, desde el primer plano.
No hay en toda la película una sonrisa franca. Desde el cinismo cruel de Louis Calhern a la esperanza rota de Sam Jaffe o la malvada inocencia de Marilyn Monroe, cada rostro es una nota en la partitura del fracaso.
Sterling Hayden transita por ella respirando cadenciosa y dolorosamente.
Su paso por el Partido Comunista Americano fue breve y decepcionante, pero bastó para que el inquisidor Joseph McCarthy lo llamara a declarar ante aquel comité en que los seres humanos eran contemplados por las bestias.
Ante ellas denunció a compañeros de profesión, sin que le bastara el consuelo de no haber dicho un solo nombre que no constara ya en las actas de la infamia. A partir de ese momento, el alcohol fue para él, como para tantos, su refugio y su condena, el principio de una amargura sin fondo.
Formaba parte de aquella escuela de actores instintivos que no se transformaban en otro, sino que preferían mostrarse a su manera en la situación en que el guion les colocaba. A la manera de John Wayne o de Katharine Hepburn, no dejaba de ser él mismo; tan sólo cambiaba de tiempo y de identidad.
Nicholas Ray supo escarbar en el pasado de su personaje para hallar un futuro. En Johnny Guitar aprovechó la felina quietud de Hayden para hacer de él el paisaje en que la cinta transcurre.
En la tensa escena de amor que ocupa el centro de la película, Hayden y Crawford bailan al borde del abismo sin apartar los ojos de él. La cruzan frase inolvidables, pero lo que nos quita el aliento son esas miradas que no se dirigen hacia el otro, sino a su propio y desconocido interior.
Kubrik atrapó su frialdad en dos ocasiones; y en ambas la retorció creando un relato paralelo con la cámara que llegaba a contradecir las líneas del guion.
En Atraco Perfecto, Hayden es el relojero maligno que prevé el movimiento de cada rueda dentada. Johnny Clay, así se llama el personaje que interpreta, es un profesional del delito; violencia y huida no son para él más que complicaciones rutinarias en una jornada laboral.
Kubrik no se enredó en primeros planos, énfasis que solo podía estorbar en la magnífica geometría de la narración; al contrario, aprovechó su envergadura para hacer de él la sombra que se cierne sobre todos los momentos del atraco.
Ni el director ni el actor sabían que estaban inventando un estilo que en cocina sería poco recomendable: empezar por los postres.
Me abruma el menú de títulos que durante medio siglo han repetido esta moda.
Nos damos la vuelta con Hayden y compartimos una última mirada a los billetes perdidos mientras nos preguntamos en qué se diferencia su situación de nuestro angustioso y cotidiano final de mes.
Formaba parte de aquella escuela de actores instintivos que no se transformaban en otro, sino que preferían mostrarse a su manera en la situación en que el guion les colocaba.
Por el contrario, en Teléfono rojo… volamos hacia Moscú, Kubrik acerca el visor al rostro de Hayden cerrando el plano a su alrededor, quizás para apartarlo de la parodia que recorre todo el film. Porque, a pesar de lo absurdo de sus motivos (¿habrá alguno más importante que la pérdida de vigor sexual?) para poner en marcha la guerra atómica, y a pesar de su enloquecida lógica, el general Jack D. Ripper (Jack el Destripador, para entendernos) es el único cuya humanidad, desquiciada y genocida, parece interesar realmente a Kubrik.
El rostro de Hayden, cruzado de arrugas sin armonía, el vidrio en sus ojos que ni siquiera el blanco y negro disimula, y la lentitud de sus movimientos, pesados como los de un viejo forzudo de circo, se desplazan hacia la locura con la inexorabilidad de un segundero. Una historia tan estrambótica que solo Trump podría hacer posible, y a la que Hayden entrega toda la realidad de la locura.
Hubo más películas, desde dramas de serie B a westerns con acento italiano. Pero el cine aún le reservaba dos momentos cruciales para nuestra memoria de gallinero:  el zafio y corrupto capitán McKluskey de El Padrino, meticuloso incluso en el momento de morir, y Leo Dalco en Novecento de Bertollucci, quizás la primera ocasión en que su sonrisa pareció sostenerse en una esperanza.
Publicó su autobiografía, a la que tituló El vagabundo, a principios de los sesenta, y una novela, Viaje, en 1976. Fue capaz de asomarse por la esquina del televisor, pero el alcohol y la culpa lo habían atrapado hacía ya mucho.
Murió en 1986.
Viendo algunos recientes y efusivos saludos en el Congreso, me pregunto si Sterling llegó a darse la mano a sí mismo.
Aunque solo fuera para perdonarse.