viernes, 29 de mayo de 2020

Joaquín Araújo: "La verdadera pandemia es la pérdida de la biodiversidad" granadahoy.com

El escritor y naturalista publica su nuevo libro 'Los árboles que te enseñarán a ver el bosque'

Joaquín Araújo
MANUEL MONCADa

"La verdadera pandemia es la pérdida de biodiversidad", ha advertido el escritor y naturalista Joaquín Araújo, que ha concentrado 50 años de poesía, divulgación científica y activismo en defensa de la Naturaleza en Los árboles que te enseñarán a ver el bosque, un "libro de combate para emboscados".
El título de su última obra, editada por Planeta Crítica, "es la réplica a un conocido refrán que es extraordinariamente erróneo", ha explicado en referencia a la expresión 'los árboles no te dejan ver el bosque', cuyo "reduccionismo intelectual" pretende superar, ya que "cada árbol en pie es un punto de apoyo para los aires rotos que le plantan cara al desierto" y, por tanto, "nada como los árboles para ayudarnos a ver los bosques, conectar con la Naturaleza y reencontrarnos con nosotros mismos".
Para Araújo, este nuevo texto, que suma el número 111 de los que ha publicado a lo largo de medio siglo, es "un libro de madurez" que cultiva diversos géneros literarios, empezando con "divulgación científica hilada con una pequeña muestra autobiográfica", a la que hay que sumar "un ensayo porque hay derivaciones de corte filosófico" y un par de docenas de poemas que "le confieren un carácter lírico".
En resumen, "un libro de combate para emboscados y activistas comprometidos" que sintetiza sus 50 años como "defensor militante" de los árboles y de los bosques.
En el momento actual en el que tanto se habla de encontrar una cura para el coronavirus, el escritor defiende que "la verdadera pandemia es la destrucción de la biodiversidad y también el cambio climático", que exigen medidas "más urgentes y profundas" para evitar una catástrofe real, mientras que la protección del bosque, que define como "el principal sostén de la vida" es "la mejor vacuna" para la humanidad.
Para proteger el bosque, es preciso cambiar la mentalidad de tantas personas que no consideran una "pérdida" la desaparición de "hasta 20 millones de árboles diarios en todo el mundo", debido al "pensamiento dominante de que los bosques son solamente madera".
En su defensa, establece un paralelismo entre el bosque y la literatura, ya que es el primero quien "ha publicado todos los libros y tanto uno como otra cuentan con las hojas como elemento fundamental y hacen gala de una tremenda creatividad"
Además de sus libros publicados, Araújo, que lleva un estilo de vida campesino entre las arboledas de Las Villuercas (Cáceres), ha escrito el guión de 340 documentales y 5.000 programas de radio y ha ofrecido 2.500 conferencias, aunque declara como su mayor orgullo el haber podido plantar tantos árboles como días ha vivido: "unos 25.000".
Todos esos árboles han formado "bosquetes" que el naturalista ha dedicado al escritor Miguel Delibes, el activista ambiental brasileño Chico Mendes y el cantautor José Antonio Labordeta, entre otros personajes conocidos que han tenido "una magnífica trayectoria en defensa de la Natura"

jueves, 28 de mayo de 2020

Las cremas solares no bastan: lo que debemos tener en cuenta para protegernos del sol elhuffingtonpost

Conviene tener en cuenta otros parámetros si pretendemos asegurar que la salud de la piel no se resiente en verano.

Por 
The Conversation

Por María Victoria de Gálvez, profesora de Dermatología , Universidad de Málaga:

Además de las cremas solares, a la hora de protegernos del sol conviene tener en cuenta otros parámetros si pretendemos asegurar que la salud de la piel no se resiente en verano. A saber: sombrillas, prendas de vestir y de baño e incluso la alimentación.

Índice ultravioleta (UVI)

Para evitar las quemaduras solares, la Organización Mundial de la Salud ha establecido el llamado índice ultravioleta (UVI), que ofrece valores desde 1 (bajo) hasta 11 (muy alto). La recomendación es tomar precauciones frente a la exposición solar a partir de un valor UVI de 3.
Para conocer los datos de UVI local podemos consultar diferentes canales de información, páginas web como la de la AEMT o aplicaciones móviles como UV-DERMA, creada por la Universidad de Málaga y avalada por la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Además de ofrecer recomendaciones en fotoprotección, la aplicación estima el tiempo que una persona puede permanecer al sol sin quemarse en función de su fototipo y localización geográfica.

En general, conviene tener en cuenta que, aunque el uso de fotoprotectores tópicos es la medida más utilizada, lo más eficaz es evitar la exposición solar en las horas centrales del día. Es decir, entre las 12 y 16 horas, que es la franja horaria en que la irradiancia solar que alcanza la Tierra es mayor. Por otro lado, la dosis de crema importa. Estudios recientes revelan que solemos aplicar cantidades insuficientes para proteger nuestra piel de las radiaciones.

Regla de la sombra
Una forma sencilla de reconocer cuándo existe mayor riesgo de sufrir una quemadura solar es mirar nuestra propia sombra. Si resulta que supera nuestra altura, indica que los rayos del sol inciden de forma tangencial y no son peligrosos. Por el contrario, si nuestra sombra es más corta que nuestra altura se debe a que la radiación solar es más directa y tenemos más riesgo de sufrir una quemadura.

El año pasado, en el Laboratorio de Fotobiología Dermatológica de Málaga desarrollamos un dispositivo llamado UVILISCO capaz de determinar el UVI en función de la sombra reflejada. Se trata de un dispositivo sencillo con forma de obelisco (de ahí su nombre), ideado con un fin didáctico y fácil de instalar en los patios de los colegios y centros educativos.

Con él se pretende concienciar sobre fotoprotección en la etapa escolar, ya que es en esta fase de de la vida cuando se recibe la mayor parte de radiación solar. Teniendo en cuenta que se ha demostrado que con medidas de fotoprotección el cáncer de piel fotoinducido se puede prevenir hasta en un 80%, conviene tomar medidas desde edades tempranas. UVILISCO recibió el Premio al mejor estudio clínico presentado en la Reunión Andaluza de Dermatología de la AEDV.

Ropas y tejidos

La fotoprotección mediante ropas y tejidos es de gran utilidad y asequible para todos. Está muy extendida la creencia errónea de que protegen más los tejidos claros, pero lo cierto es que ofrecen mejor fotoprotección los colores oscuros.

Conviene tener en cuenta que la humedad puede disminuir la protección de los tejidos hasta en un 30%. De ahí la importancia de no confiar en que la protección es total en casos de niños o mayores que están expuestos al sol en las playas durante tiempo prolongado con las camisetas mojadas. Por otro lado, la polución ambiental también puede reducir el nivel de fotoprotección.

En nuestro laboratorio hemos analizado diferentes tejidos utilizados habitualmente en verano. Nuestros resultados muestran que confieren fotoprotección muy alta, aunque ésta se reduce en los tejidos naturales de punto holgado, como las camisas de lino.

En el caso de sobreexposición solar por actividades recreativas, deportes al aire libre, profesiones expuestas de forma prolongada al sol (socorristas, jardineros…) es fundamental el uso de ropa fotoprotectora específica, así como gorras o sombreros de ala ancha. Especialmente en verano.

Uso de sombrillas y toldos

Para evitar las quemaduras solares en las playas, es esencial usar sombrillas y toldos. Sin caer en el error de pensar que la protección que ofrecen es total. No se trata de que la tela de la sombrilla no bloquee la radiación ultravioleta solar (que en algunos casos puede ocurrir), sino que solemos obviar la radiación solar que se refleja desde la arena, el césped o la superficie sobre la que estamos situados.

Esa radiación reflejada dependerá del coeficiente de reflexión de la superficie o albedo, que suele oscilar entre el 10% y el 20% –aunque existen superficies (como la nieve) que pueden reflejar hasta el 80% de la radiación que reciben–.

Antioxidantes

El sol tiene un alto poder oxidante, y las personas tenemos antioxidantes naturales que contrarrestan sus efectos negativos. Sin embargo, en situaciones de elevada exposición solar se genera en el organismo especies reactivas de oxígeno que, si no son neutralizadas por los antioxidantes naturales, desencadenan estrés oxidativo. Ese estrés oxidativo acelera los procesos de envejecimiento, daña el ADN celular y aumenta a largo plazo el daño cutáneo.

Para contrarrestarlo, la tendencia actual por parte de la industria farmacéutica es añadir antioxidantes a las cremas solares (y, a la inversa, añadir fotoprotectores a las cremas antienvejecimiento). Los antioxidantes también pueden administrarse de forma oral, en cápsulas o comprimidos. Si bien la protección que ofrecen frente a la quemadura solar es mínima, son un buen complemento en fotoprotección, especialmente en situaciones de sobreexposición solar y en personas con alergias solares.

Otra alternativa es consumir alimentos ricos en antioxidantes para contrarrestar los efectos oxidativos del sol. En general, las verduras y frutas frescas son ricas en antioxidantes, muchos de los cuales forman parte de los pigmentos. Por eso su consumo está especialmente indicado en época estival.

Así por ejemplo, los betacarotenos (provitamina A) aportan color a la piel y están presentes en frutas y verduras de color naranja, como el melocotón o la zanahoria. El resveratrol de la uva o el licopeno del tomate son otros ejemplos de antioxidantes naturales recomendables en épocas de alta irradiancia solar.

as diferentes vías de infección del coronavirus: ¿más allá del sistema respiratorio? elhuffingtonpost

Nos hallamos aún con muchas preguntas sin respuesta.

Por 
The Conversation

Por José Antonio Uranga, profesor de Biología Celular e Histología, Universidad Rey Juan Carlos; y Raquel Abalo Delgado, catedrática de Farmacología, Universidad Rey Juan Carlos:

A principios de enero de 2020 se atribuyó a un nuevo coronavirus una serie de síntomas. La lista incluía fiebre, tos, dolor muscular y de cabeza y, en algunos casos, pérdida de gusto, olfato y cuadros respiratorios graves. Esta característica le valió la denominación de SARS-CoV-2. No es la primera vez que miembros de esta familia generan problemas respiratorios: ya ocurrió con el SARS-CoV en 2003 y con el MERS-CoV en 2012. Sin embargo, el carácter pandémico de la COVID-19 nos está permitiendo saber que la sintomatología es más variada de lo que se pensaba.

Incluso se han descrito pacientes positivos para el virus sin síntomas respiratorios, pero con problemas de otro tipo. Algunos ejemplos son la apoplejía, alteraciones en la circulación periférica, trombos, hipoxia (menos cantidad de oxígeno en sangre) no acompañada de dificultad al respirar, desorientaciones, delirios y una rara patología inflamatoria como es el síndrome multisistémico pediátrico, caracterizado por fiebre, dolor abdominal, sarpullidos y ritmos cardíacos acelerados, descrito en pacientes jóvenes.
Sin embargo, los problemas no respiratorios más comunes son los relacionados con el aparato digestivo, pérdida de apetito, náusea y diarrea. Está generalmente aceptado que el contacto o ingestión de animales portadores del virus fue la vía inicial de contagio a humanos, como lo fue con el SARS-CoV y el MERS-CoV. En el caso que nos ocupa, el pangolín es uno de los candidatos, si bien no es algo claramente establecido. También se desconoce si el virus pudo entrar en los seres humanos en una variante no dañina, pero mutar a una patogénica en nuestro interior.
Para que un virus pueda infectarnos es necesario que en la superficie de algunas de nuestras células se encuentren proteínas, denominadas receptores, que se unan a otras proteínas situadas en la membrana lipídica que rodea al virus. De este modo, el virus puede entrar y usar la maquinaria celular para fabricar nuevas partículas víricas.

Hasta el momento se han encontrado dos tipos de receptores en nuestro cuerpo que, aunque cumplen otras funciones, pueden ser empleados por el SARS-CoV-2 para infectarnos.

El primero de ellos es el ACE2, que es también el receptor usado por el SARS-CoV del año 2003. Este receptor precisa de otra proteína para realizar su función: una proteasa (una proteína que rompe proteínas), la TMPRSS-2. Esta a su vez, procesa a otra proteína que protruye de la superficie del virus (la proteína Spike o S) y que le otorga la apariencia de estrella o corona que le da nombre. Tras este procesamiento, la proteína vírica S puede ser reconocida por ACE2 y, de este modo, el virus es introducido en la célula.

ACE2 tiene una amplia localización en nuestros órganos: desde la corteza cerebral y el hipotálamo hasta el músculo y, aunque está presente en las células pulmonares, no es allí donde es más abundante. De hecho, hay más ACE2 en testículo, riñón, vesícula biliar, vasos sanguíneos, órganos endocrinos y, sobre todo, en el tubo digestivo, desde la boca hasta el recto, con concentraciones máximas en duodeno e intestino delgado. Esta amplia distribución no es de extrañar, ya que ACE2 desarrolla importantes funciones fisiológicas como, entre otras, regular la presión sanguínea transformando la hormona vasoconstrictora angiotensina II en la vasodilatadora angiotensina 1-7.

Un segundo receptor descrito recientemente es el CD147, también denominado basigina o EMMPRIN(8). El CD147 es una proteína importante para el reconocimiento celular, por ejemplo, durante la gametogénesis y el desarrollo del sistema nervioso, así como para la determinación del grupo sanguíneo. Una de sus denominaciones obedece a que induce la producción de proteasas que ayudan a destruir la sustancia extracelular, el material que da consistencia a nuestros tejidos.

La distribución de esta molécula es ubicua. Se encuentra en pulmones, pero con mayor abundancia en muchos otros órganos como los del sistema nervioso central, las glándulas endocrinas, el hígado y la vesícula biliar, riñón, páncreas, músculo y, de nuevo, sobre todo, en el tubo digestivo. El CD147 tiene afinidad por la misma proteína S de la superficie del virus que ACE2, si bien aún no está claro si ambos receptores son igualmente importantes o si CD147 tiene un carácter secundario.

En definitiva, el SARS-CoV-2 podría tener, o haber tenido, varías vías de entrada en nuestro cuerpo y, aunque la respiratoria parece la predominante, no está claro que la transmisión entre humanos no pueda ser también variada. Así, se han encontrado virus en las heces, aunque se discute su infectividad.

Nos hallamos aún con muchas preguntas sin respuesta. Pese a todo, hemos de ver el lado positivo: la propia adaptación del virus para utilizar distintos receptores preexistentes nos permite varias aproximaciones para impedir la entrada del mismo. De hecho, ya se están realizando ensayos para bloquear estos receptores valorando, en todo caso, que no se vean afectadas de manera significativa las funciones fisiológicas que estos realizan.

Matar al enfermo granaadahoy.com

TRIBUNA


ANTONIO PORRAS NADALES
Catedrático de Derecho Constitucional

La opinión general que cabe deducir del pensamiento constitucionalista es que los estados excepcionales deben durar en todo caso lo mínimo posible

Matar al enfermo ROSELL
Ya sabemos que los problemas de salud son muy delicados. Lo conocen muy bien los médicos que trabajan en casos extremos, y también quienes hemos tenido que padecer en nuestra familia alguna enfermedad grave: determinados tratamientos muy eficaces, pero también muy agresivos, no se pueden aplicar a ciertos enfermos que están ya muy débiles, simplemente porque se mueren. Por eso, cuando hablamos de salud, no debemos plantear la cuestión en términos absolutos, sino dependiendo del estado general del enfermo.
Si pasamos de la salud individual a la colectiva, los problemas son algo parecidos: el estado general del enfermo presenta matices originales que determinan su capacidad social de resistencia. ¿Podemos resistir todavía los españoles o sucederá que, cuando hayamos superado la pandemia, ya estaremos colectivamente muertos?
La fortaleza colectiva de un país se suele medir en primer lugar en clave puramente económica: si para cuando venzamos la pandemia resulta que nuestro tejido empresarial se ha extinguido, entonces es que ya estaremos muertos. Ponderar adecuadamente entre distintos valores, en estos momentos difíciles, se supone que es una tarea propia de buenos gobernantes; algo de lo que seguramente carecemos.
Se ha dicho que, si prescindimos del estado de alarma, entonces no tendremos instrumentos adecuados para enfrentarnos a la crisis: no es cierto. Si la Ley orgánica de estados excepcionales se hizo hace ya mucho tiempo (demasiado, en 1981), las posteriores leyes sanitarias establecieron previsiones de actuación para supuestos extremos como epidemias o similares; a lo que se une una variada normativa sobre seguridad o sobre protección civil, etcétera. La diferencia sería que tales actuaciones serían asumidas ahora por las comunidades autónomas y requerirían de control judicial. En todo lo cual no se acaba de percibir ningún inconveniente: la sanidad de nuestro país hace ya décadas que se viene gestionando territorialmente. Lo que no es sino un simple reflejo de lo que somos a estas alturas, un Estado autonómico consolidado. El cuanto al control judicial, es algo que seguramente debe molestar mucho a la Rusia de Putin, o a países como China o Turquía, pero no a un Estado de derecho bien consolidado como es el nuestro. Antes al contrario, decisiones controladas judicialmente tienen siempre un mayor grado de garantías.
No hay más que ver la forma como se ha gestionado desde el Ministerio de Sanidad para comprender que, contrariamente a lo que suele ser la percepción ordinaria, la centralización de competencias no ha producido buenos resultados, sino que, más bien al contrario, ha traído caos, imprevisiones y desorganización. Y nadie puede dudar que, a estas alturas, nuestras autoridades autonómicas estén suficientemente preparadas para enfrentarse a la pandemia. Y también para determinar en qué grado y en qué sectores hay a mantener vivo el tejido empresarial para que no se extinga del todo.
Pero también hay otro tipo de salud que a veces se nos olvida: la salud democrática. Porque éste es un sector donde no se ha tenido en cuenta la opinión de los "expertos", es decir, de los constitucionalistas. Y es que cualquier estado excepcional supone una prueba de sufrimiento para los derechos y libertades públicas, que constituyen nuestro bien colectivo más valioso. Por eso, la opinión general que cabe deducir del pensamiento constitucionalista es que los estados excepcionales deben durar en todo caso lo mínimo posible.
Porque en plena vorágine de la pandemia, resulta que la restricción de libertades no está afectando sólo a la movilidad, sino igualmente a otros ámbitos como las libertades de opinión y de expresión, o al ambiente general en el que se desenvuelve nuestra vida colectiva. Y, al mismo tiempo, la coyuntura está permitiendo al Gobierno desbordar las previsiones de actuación sanitaria para introducir, en el río revuelto, determinadas medidas que van mucho más allá de lo que sería una gestión transitoria de la crisis.
Cuando desde el constitucionalismo se afirma que los estados excepcionales deben durar siempre lo mínimo posible, no se está jugando con frivolidades o bagatelas, sino con ciertos bienes o valores que constituyen la misma esencia de nuestra salud colectiva: es decir, esos valores democráticos que, por mucho que sea al desastre, debemos conservar a toda costa.
Por eso, en estos momentos difíciles, sólo cabe intentar una estrategia de gestión de la crisis para luchar contra la pandemia sin que al mismo tiempo se nos muera el enfermo, ni se nos muera la economía, ni se nos muera nuestra propia democracia.

miércoles, 27 de mayo de 2020

El motivo por el que no debes fumar después de usar gel hidroalcohólico según Sanidad elhuffingtonpost

La AEMPS dependiente del Ministerio de Sanidad, ha publicado una serie de consejos para usar y conservar adecuadamente estas soluciones.


 Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), dependiente del Ministerio de Sanidad, ha publicado una serie de consejos para usar y conservar adecuadamente los geles y soluciones hidroalcohólicas, recomendados para el lavado de manos como medida de prevención frente al contagio por COVID-19.
A través de un comunicado, apunta que los geles/soluciones hidroalcohólicos de naturaleza cosmética pueden contener una cantidad muy variable de alcohol y no tienen la obligación de incluir esta información en su etiquetado.
Pese a ello, la AEMPS aconseja que se sigan las mismas precauciones que con los geles y soluciones hidroalcohólicos de naturaleza biocida, y por eso ha elaborado una serie de consejos para manipularlos correctamente y poder tomar las precauciones adecuadas para su conservación.
Por ello, aconsejan a la ciudadanía evitar aplicar geles y soluciones hidroalcohólicas en zonas sensibles o dañadas de la piel o mucosas. También dan otros consejos: “Mantén los geles y soluciones hidroalcohólicas siempre alejadas de focos de calor como pueden ser superficies calientes, exposición solar directa, llamas abiertas, chispas o cualquier fuente de ignición. Evita fumar inmediatamente después de usar estos geles o soluciones o en lugares donde estén almacenados. Almacénalo en un lugar bien ventilado y fresco, evitando espacios donde se produzcan cambios de temperatura importantes”.
Aclarar con abundante agua en caso de contacto ocular
En caso de contacto con los ojos, Sanidad insta a aclararlos con abundante agua durante varios minutos. Si la irritación permanece, consulta con un médico. “En caso de ingestión, llama inmediatamente al Servicio de Información Toxicológica o acude a un médico de urgencia”, añaden.
La AEMPS detalla que al tratarse de biocidas, deben incluir en su etiquetado la clasificación “CLP” conforme al Reglamento 1272/2008 si alguno de sus ingredientes o una mezcla de ellos pueden ser clasificados como peligrosos y cuáles son las indicaciones y consejos que se deben tomar para evitar riesgos.
Esto ocurre en el caso de los geles/soluciones hidroalcohólicos de naturaleza biocida puesto que contienen en la mayor parte de su composición etanol. “Por eso en su etiquetado deben incluir un pictograma fácilmente identificable que indique que pueden ser peligrosos y que son inflamables. Además, deben establecer una serie de indicaciones de la naturaleza del riesgo y consejos para su uso y conservación. También por este alto contenido en etanol pueden provocar irritación ocular grave y son tóxicos en caso de ingestión”, señala Sanidad.

La humanidad ante su propia extinción elhuffingtonpost

El escaso éxito biológico del ser humano.


SCOTTWONGHK VIA GETTY IMAGES
Por Fernando Valladares, profesor de Investigación en el Departamento de Biogeografía y Cambio Global, Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC); y Emiliano Bruner, responsable Grupo de Paleoneurobiología, Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH):

Las catástrofes y amenazas ambientales causadas o agravadas por la humanidad crecen en frecuencia e intensidad. Estamos muy preocupados por las pandemias y por el cambio climático, pero no hace tanto que las toneladas de plástico que vertemos al mar o los miles de seísmos que generamos anualmente ocupaban las portadas de los periódicos.
Amparados en nuestra sociedad altamente tecnificada, parece que vamos contrarrestando los impactos. Pero crece la sensación de que estos problemas ambientales que generamos y que sufrimos nos quedan cada vez más grandes. ¿Tenemos la capacidad de resistir los embates venideros? ¿Crecerán más rápido los problemas que las soluciones?
La dinámica exponencial en los procesos de degradación ambiental que hemos iniciado hace poco probable que todas las soluciones lleguen a tiempo. Basta con representar la evolución temporal de la temperatura de la atmósfera, del número de zoonosis o de la extinción de especies para ver que hace falta algo más que tecnología para mantenernos a salvo.
La magnitud y velocidad de los cambios ambientales que generamos requieren de avances igual de rápidos en una gobernanza colaborativa y global para los que no estamos bien preparados. Podría darse que ese intelecto nuestro que nos ha traído hasta aquí no sea suficiente ahora para sacarnos del embrollo. ¿O sí?

El escaso éxito biológico del ser humano

Los humanos presumimos a menudo de nuestros supuestos logros evolutivos, incluso a la hora de etiquetar nuestra propia especie como “sabia”. Pero a veces olvidamos que los criterios de la evolución biológica no son precisamente los mismos que los de nuestras sociedades.
Hay, además, diferencias importantes en la valoración del éxito. En biología, se puede medir el éxito de un grupo zoológico, por ejemplo, considerando el tiempo que ha aguantado en este planeta, el número de individuos que lo representa o la variabilidad biológica que aquel grupo ha generado. Los humanos no nos lucimos en ninguno de estos parámetros.
  • Como grupo zoológico, los homínidos cuentan con muy pocas especies en comparación con otros animales.
  • A nivel de individuos no vamos mal. Somos ahora alrededor de siete mil setecientos millones, pero también en este caso no es un número particularmente grande, considerando por ejemplo lo que logran muchos insectos.
  • La cuestión cronológica, finalmente, coloca a los humanos modernos en una escala casi ridícula. 200 000 años de historia no son nada en una perspectiva filogenética. Incluso Homo erectus, tachado de ser una criatura primitiva y sencillona, aguantó casi dos millones de años, algo que no es seguro que nosotros podamos lograr.
Con estos parámetros, parece que el ser humano no está como para exigir medallas. Unas medallas que más bien habría que entregar a seres realmente exitosos en este planeta como las cucarachas o las medusas, de las que quizá tengamos algunas cosas que aprender.

¿Podríamos extinguirnos en el futuro?

Una vez aclarado de dónde venimos y dónde estamos, resulta patente que tampoco es muy importante saber hacia dónde vamos. Millones de especies se han extinguidos en el pasado, y nosotros no seremos ni los primeros ni los últimos en hacerlo.
Especies eternas, sencillamente, no existen. Así que podemos estar tranquilos: tarde o temprano, tendremos que dejar el turno a quien le toque.
Mientras tanto, a la espera del final, podemos preguntarnos cómo ocupar el tiempo que nos queda y cómo podemos aprovechar nuestra transitoria presencia.
Pero también en este caso, si queremos arrojar luz con la linterna de la evolución, habrá que hacerlo según sus cánones y sus pautas. Por ejemplo, recordando que el único verdadero valor de la selección natural no es la fuerza, la belleza, la astucia o la simpatía, sino el carnal y bruto éxito reproductivo. Quien hace más hijos aumentará sus representantes en el parlamento genético de las generaciones siguientes. Tan sencillo como eso.
Para que haya evolución, alguien tiene que tener una ventaja reproductiva tan patente que desplace, genealógicamente, a todos los demás, a corto o a largo plazo. Esto es algo que, en la naturaleza, puede ocurrir con relativa facilidad en pequeñas poblaciones (más sensibles a la trasmisión de una combinación genética ventajosa), cuando hay repentinas colonizaciones de territorios lejanos por parte de unos pocos valientes (efecto del fundador) o cuando unos pocos sobreviven a algún desastre colosal (efecto del cuello de botella). La probabilidad de que un cambio evolutivo se propague es mucho más alta cuando hay grupos reducidos.
Nuestra amplia y globalizada especie sufre, actualmente, de una inercia genética bastante potente que diluye cualquier intento de variación evolutiva. La posibilidad de algún tipo de evolución biológica solo tendrá lugar si de repente algo muy serio redimensionara terriblemente la población mundial, dejando pocos representantes, quizás portadores de alguna ventaja que haya garantizado su supervivencia.

¿Que papel pueden jugar la tecnología y la cultura?

Ahora bien, no hay que olvidar que los humanos tenemos un factor que los otros grupos zoológicos no tienen: la cultura. Las relaciones íntimas entre genética y cultura todavía están por descubrir. No hay por qué pensar que no habrá sorpresas.
A pesar de la increíble diversidad humana, a estas alturas, todos –empleados de oficina, cazadores-recolectores o campesinos– compartimos ciertas garantías médicas y de salud. Y ahora también el uso del móvil. Así que no podemos descartar que, donde no llegan las moléculas, puedan llegar potentes partículas de información, con consecuencias totalmente imprevisibles.
Además, nuestra capacidad tecnológica y cultural nos ha colocado en una posición evolutivamente muy peculiar. Probablemente hemos alcanzado un tope entre el éxito reproductivo y la disponibilidad de recursos. Esto conlleva una larga serie de problemas energéticos, ecológicos y sociales que, a estas alturas, ya no se pueden obviar. En otras palabras: estamos muriendo de éxito.
Para incrementar la probabilidad de nuestra supervivencia, en lugar de aumentar nuestra capacidad reproductiva, tendremos que reducirla. En lugar de lograr procesar más energía, tendremos que buscar la forma de procesar menos. Porque si hay algo que nos enseña la evolución es que no siempre más es mejor. Nos extinguiremos, no cabe duda, pero tampoco hay que tener prisa.

No hay responsabilidad social sin bienestar animal elhuffingtonpost

En los años venideros prosperarán aquellas empresas con visión, alineadas con las tendencias y los deseos de los consumidores.


O-ANNE MCARTHUR / IGUALDAD ANIMAL
“Un país, una civilización, se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales” decía Gandhi. Cada día, solo en España, 1,9 millones de pollos son sacrificados, 695 millones al año. La mayoría llega al matadero a los 42 días de vida, siendo aún crías y sólo habiendo conocido el sufrimiento. La responsabilidad social de las empresas juega un papel fundamental en esta problemática y tiene, hoy más que nunca, la capacidad y la obligación de construir un futuro del que nos sintamos todos orgullosos
La industria avícola ha convertido al pollo en una mera materia prima cuya vida se rige por dos condicionantes: el hacinamiento y el engorde. Con respecto al primero, la legislación vigente permite densidades de animales tan altas que hace que cuenten con menos espacio incluso que si estuviesen en una jaula. Hay tantos animales en las naves en las que viven que les es imposible andar, correr o desarrollar cualquiera de sus comportamientos naturales. Además, los pollos criados para carne han sido seleccionados genéticamente para crecer lo más rápido posible en el menor tiempo. Como consecuencia de esa selección genética, sus cuerpos crecen de forma desproporcionada y sus patas muchas veces no pueden aguantar su propio peso. Esta inmovilidad favorece su engorde. Es así como sus propios cuerpos acaban convirtiéndose en sus jaulas
Son las empresas las que tiene el deber de dar pasos alineados con los deseos de la ciudadanía y no basarse únicamente en lo establecido por ley.
Con el fin de terminar con los peores abusos que se cometen contra estos animales, las treinta principales organizaciones de protección animal de Europa, entre ellas Igualdad Animal, hemos acordado un compromiso de mínimos para reducir el sufrimiento extremo al que estos animales son sometidos. Este acuerdo se denomina European Chicken Commitment, (Compromiso Europeo del Pollo) y las empresas socialmente responsables deberán comprometerse y cumplirlo antes de 2026. Los seis criterios básicos a los que se refiere este compromiso son: cumplir con la regulación vigente de la UE en materia de bienestar animal; implementar una densidad máxima de 30kg/m²; adoptar razas de crecimiento lento que demuestren mejores resultados de bienestar; cumplir con varios estándares medioambientales como que las aves tengan luz natural o perchas para posarse; que se utilice el aturdimiento atmosférico controlado antes del sacrificio para evitar sufrimiento añadido y, por último, que se demuestre el progreso del compromiso a través de auditorías e informes anuales. 
El bienestar animal pasa de ser tendencia a ser un cambio de paradigma del que las empresas comienzan a querer formar parte.
No hay duda de que los consumidores tienen su parte de responsabilidad en esta problemática, pero son las empresas las que tiene el deber de dar pasos alineados con los deseos de la ciudadanía y no basarse únicamente en lo establecido por ley. Pese a la opacidad de la industria avícola española, la sociedad es cada vez más consciente y está mejor informada de lo que conlleva hacinar y engordar a tantos millones de pollos, tal y como refleja una reciente encuesta de Eurogroup for AnimalsNos encontramos en un punto de inflexión en el que el bienestar animal pasa de ser tendencia a ser un cambio de paradigma del que las empresas comienzan a querer formar parte. Por eso, son cada vez más las que se adhieren al European Chicken Commitment, comprometiéndose a trabajar por un mundo más sostenible para todos.
En los años venideros prosperarán aquellas empresas con visión, alineadas con las tendencias y los deseos de los consumidores. Las que decidan quedarse quietas mientras el mundo avanza se estarán deslizando irremediablemente hacia el pasado. 
Paula Bodas