domingo, 6 de agosto de 2017

Siervos somos granadahoy.com

TRIBUNA


ALFONSO LAZO
Historiador

Siervos somos
Cierto día me presentaron a una joven por la calle que lo primero que soltó (no cambio ni una palabra), así de pronto, sin venir a cuento y mirándome a los ojos fue: "¿Y tú, a qué casa perteneces?". Asombro y desconcierto; de modo que ante mi azorado silencio la muchacha se explicó: "Te pregunto cuál es tu compañía de teléfonos". Eso fue hace algunos años, y hoy comprendo en carne propia el hondo significado de aquella pregunta; pues está claro que ahora todos los españoles vivimos encadenados por alguna casa de telefonía digital.
Nuestros amos nos maltratan. Un par de meses atrás, la casa a la que pertenezco me ofreció (por teléfono, se entiende) un nuevo contrato mejor, más barato y con facturas de papel que yo les estaba pidiendo. Dije que sí. Por supuesto, nunca me enviaron el contrato escrito (a los siervos no se les firman papeles), ni tampoco las facturas mensuales por correo ordinario que yo andaba reclamando; siguen mandándome todo por internet y pago más por idéntico servicio al que recibía antes sin observar a cambio mejora alguna.
Nunca me ha molestado la gente con más dinero que yo (por otra parte, cosa bien fácil), y tampoco me escandaliza que alguien con su trabajo reciba un esplendoroso sueldo; pero sí me escandaliza que gane un sueldo imperial quien está sentado, por influencias políticas, en el consejo de administración de una gran empresa de la que lo ignora todo, incluido el uso de las famosas tarjetas negras; y sigue escandalizándome que tan regios emolumentos sean percibidos a costa de exprimir y de engañar a usuarios y clientes encadenados ("fidelizados", nos llaman). El lector entiende que no sólo hablo de teléfonos, sino también de las eléctricas, y de la banca, y de las petroleras con sus gasolineras, y de las constructoras, y de las agencias de seguros; de todas esas enormes compañías, en fin, que suelen conchabarse para fijar los precios. Si bien no soy tan estúpido como para reclamar una nacionalización a gran escala que nos devuelva supuestamente la perdida libertad. La historia demuestra que medidas semejantes únicamente agravan la situación del esclavo: siendo el Estado el único dueño, el siervo no tiene escapatoria alguna.
Cada año crece la sensación entre la ciudadanía de haber caído en una servidumbre explotada y engañada. Igual que en la América esclavista de mediados del siglo XIX los plantadores de algodón se devolvían los esclavos fugitivos, en la España del siglo XXI resulta casi imposible cambiar de dueño cuando se es siervo de una marca telefónica, o cambiar de banco, o anular una tarjeta de crédito o conseguir que el seguro pague lo que tiene que pagar por un siniestro. Queda aún por escribir La cabaña del tío Tom de nuestro tiempo.
No siempre la esclavitud se sufre bajo un dueño poderoso. En el mundo antiguo los esclavos que lo pasaban peor eran quienes tenían amos de clase baja. "No sirvas a quien sirvió", sentencia un viejo y sabio refrán español. Indefensos del todo quedamos cuando caemos en las manos de un fontanero de medio pelo, o de un carpintero, o de un albañil que ni remotamente cumplen con lo prometido, ni con el horario acordado de antemano obligándonos a no movernos de casa. Tengo un amigo que se encuentra desde hace dos años en una de las mejores universidades de los EEUU como profesor visitante. Apenas llegó me envió un email: "Alfonso, esto es un paraíso". Y a los pocos meses me contaba una pequeña historia: había llamado a un electricista y quedaron que éste llegaría al apartamento a las 07:55. A las ocho menos cinco de la mañana siguiente el operario estaba llamando a la puerta. Mi amigo elogió su puntualidad, aunque no fue agradable la respuesta que recibió: "Esto no es España, señor profesor. Estos son los Estados Unidos y aquí somos gente sería". Nos ven como a un país de pícaros, lleno para colmo de hipócritas televisiones moralizantes.
Vamos a dejar de ser hipócritas. Aquí no hay un solo ciudadano que exija una factura con IVA al fontanero, porque si lo hiciera no encontraría más un fontanero en toda España para arreglarle el grifo de la cocina. De modo que en buena medida consentimos con nuestra esclavitud, sean grandes o pequeños los que se aprovechan. Si alguno de nuestros partidos políticos prometiese con solvencia crear un Ministerio de Protección al Consumidor, nada autonómico, bien centralizado, con oficinas de reclamaciones repartidas por toda España e inspectores activos a los que denunciar la publicidad engañosa de un banco, o la inaceptable factura del teléfono o la reparación chapucera del coche; si ese ministerio se creara por un partido, yo le daría para siempre mi voto agradecido. El voto de los siervos liberados.
En épocas de servidumbre era normal que el gran propietario tuviera muchos esclavos. Lo novedoso de hoy es que cada uno de nosotros tenemos un sinnúmero de amos que nos explotan al mismo tiempo. Imposible a estas alturas cumplir con aquel dicho famoso de que "no se puede servir a dos señores".

Los caminos del vino a través de la historia granadahoy.com

Adentrándose en el origen. Para conocer un poco más a fondo el vino, es necesario adentrarse en su historia, que no es más que la propia historia de los pueblos y las civilizaciones

Los caminos del vino a través de la historia
No quiere decir que haya que convertirse en un experto historiador ni atiborrarse a leer libros y a estudiar. Es suficiente con asimilar unos cuantos datos que nos darán una idea que cómo el vino ha influido en la conformación del mundo geoagrícola tal y como es hoy.
Las referencias históricas más antiguas remiten a las primeras civilizaciones de Mesopotamia, lo que hoy conocemos como Oriente Próximo. ¿Quién sería el primer ser humano que tuvo la idea de echarse a la boca un trago de lo que entonces sería un maloliente mosto de uva fermentado?
LAS MAYORES EVIDENCIAS ACERCA DE UNA ACTIVIDAD VITIVINÍCOLA PROCEDEN DEL ANTIGUO EGIPTO
Las mayores evidencias acerca de una emergente actividad vitivinícola proceden del Antiguo Egipto, documentadas en papiros, tumbas y tablillas que testimonian de la pasión enófila nada desdeñable de los faraones.

Primero los Fenicios y después los Griegos colonizaron el Mediterráneo entre los siglos XII y VI a.C. y fueron los responsables de la propagación de los viñedos por el norte de África, el Mar Negro, la península itálica, la Provenza y lo que hoy es España, además, por supuesto, de las islas mediterráneas.
Pero fue gracias a la afición de los romanos a empinar el codo que la vitivinicultura se consolidó. Y también las técnicas de elaboración y conservación de los vinos. Mientras los griegos lo guardaban en ánforas, los romanos ya utilizaban barricas de madera y… ¡¡¡si!!!, botellas parecidas a las actuales, ya que habían aprendido de los sirios las técnicas de fabricación del vidrio. En cualquier caso, Francia le debe a Roma el haberse convertido en la primera potencia vinícola mundial, ya que fueron las legiones de Julio César las que llevaron las vides hasta el Ródano, Burdeos, Borgoña, Champagne e incluso, a lo que hoy es territorio alemán, las laderas del Rhin.
Tras la caída del Imperio Romano, los habitantes de Europa tenían suficientes calamidades como para ocuparse del viñedo, que en muchos casos se sustituyó por agricultura de supervivencia (cereales, patatas, maíz…). Fue entrada la Edad Media cuando la Iglesia tomó el relevo: en su voraz expansión, se apropiaban y cercaban los viñedos que encontraban, al mismo tiempo que heredaban los terrenos que los Cruzados les legaban al partir a Tierra Santa. Esta es la razón de que muchos de los viñedos más legendarios de Europa fueran, en algún momento, propiedad del clero. Y además… ¿Cómo no iban a proteger los monjes el vino, un líquido que simbolizaba nada menos que la sangre de Cristo?
Así, monopolizado por el clero, el vino no suponía un negocio pingüe en la Edad Media, con la excepción del que se producía en Burdeos, que llegaba a Londres en ingentes cantidades, gracias a la unión del Gran Ducado de Aquitania con la Corona Inglesa mediante el matrimonio de Leonor de Aquitania y el que sería el futuro rey de Inglaterra, Enrique II. Eran tintos jóvenes, a los que los ingleses se acostumbraron rápidamente, como más tarde harían con los vinos procedentes de otras dos ciudades conquistadas: Oporto y Jerez.
En todo caso, hasta el siglo XII, el vino era la bebida más saludable conocida: el agua, en su mayor parte no era potable en las ciudades y la cerveza sin lúpulo se echaba a perder en un santiamén. Por no hablar del café, del té o del chocolate, aún desconocidos por los europeos.
Una vez entrado el siglo XVII, los pioneros de esta industria, inventaron botellas más gruesas para hacerlas más resistentes y algún genio tuvo la idea del tapón de corcho. Entonces se observó que el vino envejecía mejor en una botella debidamente cerrada que en una barrica, que en aquel entonces, eran nidos de mugre y de humedades.
En todo caso, hacia finales del siglo XIX, el negocio del vino era muy boyante, convirtiéndose en uno de los pilares de las economías de los países productores. Por ejemplo, en Italia, en 1880, el 80% de la población vivía directamente de la vitivinicultura y del vino.
Y entonces llegó la filoxera, un feroz insecto devorador de raíces. Fue una plaga que destruyó prácticamente la totalidad de los viñedos europeos y buena parte de los de Argentina, Chile, Australia, Sudáfrica, California, Nueva Zelanda… Gracias a la experimentación y al estudio se descubrió que algunas raíces de vid americanas eran más resistentes al insecto. Así que se empezó a ensayar el cultivo con bases híbridas y funcionó. Claro que hubo que replantar todos los viñedos de Europa, injertando las vides sobre raíces americanas.
Esto cambió para siempre la identidad del vino, ya que nunca sabremos cómo era un vino de Rioja o de Borgoña antes de la filoxera. Lo que es seguro es que no eran como son ahora. Así que aquellos que rinden culto a la esencia eterna y la identidad inalterable de los vinos europeos… deberían replantearse muchas cosas.
Si desean saber más sobre este tema y otros relacionados con el vino, les recomiendo el libro Saber de Vino en tres horas, de Federico Oldemburg (Editorial Planeta).

Los efectos de la felicidad en la salud lavanguardia

  • Un estudio reciente encuentra un vínculo directo entre el bienestar emocional y la salud física
Nadie tiene claro del todo si es cierto el famoso dicho de ‘el dinero no da la felicidad’, el cual nos recuerda que nuestro bienestar emocional no puede depender de bienes materiales, sin embargo, lo que sí podría haber probado la ciencia es el hecho de que la felicidad nos reporta salud.
Un estudio, publicado en Applied Psychology: Health and Well-Being, ha examinado los efectos del ‘bienestar subjetivo’ -la medida en la que las personas evalúan sus vidas- sobre diversos aspectos de la salud física.
La teoría de Edward Diener, uno de los autores principales de la investigación y profesor de psicología social de la Universidad de Utah, se basa en que aquellas personas felices o que se sienten bien consigo mismastenderán a cuidarse más y a llevar comportamientos o estilos de vida saludables como hacer ejercicio, comer bien o dormir las horas necesarias.
Además, el trabajo arroja pruebas de sus efectos beneficiosos sobre los sistemas cardiovascular e inmunológico, en los niveles hormonales e inflamatorios y la aceleración de la cicatrización de heridas.

Las personas felices tienen a cuidarse más y a llevar comportamientos o estilos de vida saludables”

Asimismo, se ha relacionado con telómeros más largos, es decir, los extremos de los brazos de un cromosoma, que evita que se adhiera a otros cromosomas y que se acortan con la edad. Por otro lado, aunque no hay pruebas aún concluyentes, los investigadores también asocian un vínculo directo entre el bienestar psicológico y envejecimiento o salud a nivel celular.
Aún así, dado que muchos de estos estudios son observacionales y que hay muchas variables que se escapan a su control, los autores aseguran que hay evidencias suficientemente fuertes como para establecer una relación entre la felicidad, la salud y en su defecto, la longevidad. No obstante, aún queda la incógnita de por qué en unas personas es más evidente que en otras.
“Es como los cigarrillos: no sabemos por qué algunas personas viven hasta 100 años a pesar de que fuman, mientras que otras mueren de cáncer a los 50 años y no han probado uno en toda su vida”, sentencia Diener. El profesor y su equipo llevaron a cabo esta investigación a raíz de un estudio de 2015 similar al suyo que no encontró pruebas sobre este hecho, por ello, vieron la necesidad de rebatirlo y defender los efectos de la felicidad.
Diener espera que su investigación pueda convencer a los médicos para que comiencen a controlar las emociones positivas -y no sólo las negativas- durante los exámenes físicos rutinarios, al igual que se pregunta a los pacientes sobre hábitos como el ejercicio, el tabaquismo, hábitos alimenticios y el consumo de alcohol. Aunque considera que, si esto se lleva a cabo, los médicos precisarán orientación sobre cómo intervenir o dónde derivar a los pacientes que reflejen niveles de felicidad bajos.

El estudio concluyó que hay evidencias suficientemente fuertes como para establecer una relación directa entre la felicidad, la salud física y la longevidad”

Entre las cosas que el experto considera que más nos pueden ayudar a alcanzar la ansiada felicidad y de rebote la salud están “aprender a disfrutar de nuestro trabajo, ser más agradecidos y tener relaciones positivas”.

Exigen a Cultura que proteja los restos de la muralla y del torreón medieval de Bib-Rambla granadahoy.com

Oppidium Eleberis' solicita a la Junta no emparedar con pladur los vestigios aparecidos en un edificio de la calle Arco de las Orejas

Las obras en el edificio dejaron al descubierto la muralla medieval. / G.H.
Sensibilización y cambio de parecer. Esa es la petición que la asociación 'Oppidium Eleberis' realiza a la Junta sobre la decisión de poner únicamente en valor una pequeña parte de la muralla y el torreón medieval de la puerta de Bab al-Ramla, encontrada en noviembre del pasado año al realizar unas obras de rehabilitación en un edificio de la calle Arco de las Orejas.
Según la denuncia de la asociación, la Junta ha dado instrucciones a los operarios de que sólo se ponga en valor este pequeño tramo de la muralla, el cual sería visible a través de un cristal de metacrilato, y de que el resto de los vestigios del torreón de la histórica puerta de Bib-Rambla se empareden con pladur.
HACE 132 AÑOS SE ORDENÓ SU DEMOLICIÓN Y AHORA SE HAN RECUPERADO LOS RESTOS
Esta decisión vendría dada de esta forma a causa de "motivos presupuestarios" de la Consejería de Cultura, según la asociación para la protección y difusión del patrimonio histórico, cultural y natural de Granada y provincia. Con esta denuncia pretenden hacer ver a la Junta que una mínima partida presupuestaria para la consolidación de esta puesta en valor no supondría casi nada.
A su vez, insta al Ayuntamiento de Granada y al Patronato de la Alhambra (que ha financiado parte de la excavación arqueológica) a que intercedan frente a la Consejería y que se trate de evitar la pérdida de legado nazarí sin motivos aparentes, salvo el aspecto económico.
La asociación espera que la Junta de Andalucía se sensibilice así y cambie de parecer, pretendiendo que estos restos históricos sean puestos en valor de la misma forma que se ha hecho con los restos de la puerta de Bib al-Mazdá en la Plaza de la Trinidad, o con los de la muralla y ante muralla medieval en la calle Málaga, entre otros vestigios.
La puerta de Bab al-Ramla arrastra una historia de agravios que comienza a finales del siglo XIX, cuando el Ayuntamiento decidió demoler el legado de la muralla medieval, a pesar de encontrarse protegida como Monumento Nacional Histórico-Artístco (Real Orden de 10-10-1881 y recogida en la 'Gaceta de Madrid' tres días después), con el fin de regularizar la plaza Bib-Rambla y su entorno. El Torreón y la muralla fueron demolidos en 1884.
Ahora aparecen estos restos en uno de los edificios cercanos a la plaza. La asociación espera que la Junta no se sume a la trágica historia de esta muralla 132 años después de su demolición.

sábado, 5 de agosto de 2017

Todo lo que tu cerebro consigue cuando no haces nada elhuffingtonpost

ESTER EROLES
No hacer nada, ¿lujo o necesidad? La neurociencia parece tenerlo claro.

La red por defecto de nuestro cerebro solo está plenamente activa cuando nos permitimos no hacer nada
Al igual que muchos de ustedes, comenzaré pronto las vacaciones pero en general, llevo una vida bastante ajetreada. Acabo de dejar a mi hijo en el colegio, me arreglo la camisa, ajusto el cinturón y me encamino al metro. Tres paradas y un transbordo. Salgo de nuevo a la superficie, aire. Camino el trayecto hasta la oficina. Antes de llegar, he leído mis correos y contestado a un par de ellos. Desde primera hora, ya tengo en la cabeza cuales son mis objetivos para antes de la comida. Es poco probable que hasta esa hora, mi teléfono no suene, reciba unos mensajes o alguien entre por la puerta. ¿Les suena la historia?
Me siento delante del ordenador pero, al igual que ayer, estoy bloqueado con un proyecto que no sé cómo sacar adelante. Apago la pantalla. Me llega un mensaje al móvil. Son buenas noticias, como regalo de cumpleaños este fin de semana voy a poder visitar... ¡La casa de Einstein! Cierro los ojos y me autoimpongo un fundido en negro, como en las películas.
Paso los siguientes días recorriendo los mismos caminos que Einstein adoraba, tocando el agua del lago con los dedos, perdiendo la mirada entre los árboles. También me detengo a mirar un panel de hormigas y les tiendo la mano. Durante unos minutos, no hago otra cosa que ver corretear esas hormigas entre mis dedos. De nuevo, fundido en negro.
El lunes siguiente vuelvo a la oficina y consigo, sin mucho esfuerzo y para mi propia sorpresa, hallar las respuestas a aquellas preguntas que me parecían irresolubles. Increíble... ¿o no? Según Andrew J. Smart y su libro "El arte y la ciencia de no hacer nada", mi historia no tiene nada de casual. En su obra, Smart nos recuerda que vivimos en la época de la histeria en muchos sentidos, entre todas ellas la que ocupa la mayor parte de nuestro tiempo, ese invento humano llamado trabajo. Según Smart, la forma en que trabajamos está desperdiciando una parte importante de nuestro potencial y felicidad. Todo, porque nos hemos olvidado de algo esencial: el valor de permitirnos, en ocasiones, no hacer nada. No siempre ha sido así.
Nuestros antepasados vivían muy diferente a nosotros, su mayor obsesión no era producir constantemente sino más bien casi lo contrario: no malgastar la energía. Para conseguirlo, pasaban multitud de horas no haciendo nada, simplemente observan su entorno. ¿Por qué se comportaban así los primeros humanos? Por una razón poderosa: la simple obtención de alimento constituía un esfuerzo físico considerable. Así que, mientras nosotros trabajamos maximizando eficiencia, practicando el multitasking y estando siempre ocupados, nuestros antepasados invertían buena parte de su tiempo en aburrirse en cantidades industriales. Y eso no era casualidad, sino el resultado de la evolución biológica y del tamaño de sus cerebros. Por tanto, y aunque les cueste a ustedes creerlo, nuestro pánico y evasión creciente al aburrimiento, consultando impulsivamente nuestro teléfonos incluso en las vacaciones, nos está pasando factura, sobre todo, a nuestros cerebros.
Dejar trabajar a la red por defecto, puede ayudarnos a ser más creativos y a adquirir conocimientos y habilidades nuevas
Smart nos explica también que lo que la biología y la cultura reconocieron durante mucho tiempo como imprescindible (el ocio puro y simple), cambió radicalmente, sobre todo, a raíz de la revolución industrial. Con ella vino la especialización, la automatización y la productividad. Sin embargo, ahora los neurocientíficos han descubierto que muchas percepciones artísticas, científicas, emocionales o sociales, suelen producirse en momentos de ocio, cuando el individuo deja vagar sus ideas, en ausencia de ocupaciones. Esto no es de extrañar, puesto que al estar ociosos la plena activación de nuestra red por defecto posibilita que el cerebro descubra conexiones entre conceptos, sin que se adquiera consciencia.
En otras palabras, estar ociosos nos permite, de algún modo, fomentar nuestra creatividad. Pero hay más: cuando adquirimos información nueva, ésta va de la consciencia a una región del cerebro llamada hipocampo. Sin embargo, si queremos que esa información quede almacenada a largo plazo en nestro cerebro y poder recuperarla en otro momento, necesitamos que se transmita a otra zona llamada neocórtex. ¿Cómo conseguir esto? Pues, según Smart, descansando después de haber adquirido la nueva información, entregándonos al ocio, activando nuestra red por defecto.
Para la neurociencia, explica Smart, estudiar el ocio en el laboratorio es sencillo, pero su importancia se descubrió por casualidad. Esto sucedió midiendo a sujetos tumbados en máquinas de escaneo cerebral, durante momentos de pausa. Entonces, los investigadores se dieron cuenta de la gran actividad cerebral de esas personas cuando estaban haciendo...¡nada!
Así fue como la red neural por defecto, aquella que se activa cuando no hacemos nada, fue descubierta por Marcus Raichle en 2001. Pero lo que Reichle y sus colegas descubrieron no era más que la explicación de aquello tan maravilloso que nos sucede de vez en cuando, y que tiene su máxima expresión en lo que conocemos como momentos Eureka, grandes ideas. Momentos que hicieron posible que Newton, Einstein, Picasso y muchos otros cambiaran nuestra forma de ver la naturaleza y hasta nuestras propias vidas. ¿Se imaginan que habría sucedido si el sistema de trabajo no hubiera permitido a esas personas activar sus redes por defecto?
Smart también explica en su libro que aquellas obedientes, ordenadas y disciplinadas hormigas que se paseaban entre mis dedos hace unos días, son un sistema complejo y auto-organizado. Igual que nuestros cerebros. En definitiva, gracias a Raichle y a muchos otros científicos, ahora estamos empezando a entender nuestros cerebros. Y una de las conclusiones de los estudios es que, aunque nuestros cerebros se encuentran también desde el punto de vista biológico exquisitamente preparados para una actividad intensa, éstos necesitan reposar para funcionar correctamente. De lo contrario, si llevamos a nuestros cerebros al límite, teniéndolos permanentemente ocupados en tareas concretas, podemos incidir no solo en una peor calidad laboral sino, a la postre, también en fatiga mental, estrés y enfermedades psicológicas y físicas.
Tal y como comentaba al comienzo de este artículo, como muchos de ustedes llevo una vida ajetreada, pero ahora soy consciente de que no me puedo permitir, ni un solo día, dejar de reservarme un tiempo para conseguir algo precioso y de mucho valor para el cerebro: no hacer nada.

En andalú, pisha granadahoy.com

ANTONIO CAMBRIL

Abundan los diplomáticos extravagantes, cursis, frívolos, estirados como la pajarita con que se aprietan el cuello, propensos a saltarte un ojo con el meñique mientras sostienen la inevitable taza de té o decorativos como la melena de un rey merovingio. ¡Será el desarraigo! Mi aversión por el gremio es tal que refiero con frecuencia el desencuentro entre José Ortega y Gasset y Salvador de Madariaga que el filósofo despachó calificando al diplomático, escritor, políglota y ministro de la II República como "tonto en cinco idiomas". Y tonto en tres idiomas (castellano, catalán e inglés) ha parecido el cónsul de España en Washington al mofarse de Susana Díaz no por su bagaje intelectual, no por mantener cargo y sueldo público a los últimos consejeros cesantes en un alarde de clientelismo político, sino por vestir con el color de la reina y por su marcado acento andaluz. El diplomático cesado se queja de que en España se ha perdido el sentido del humor. Pero no. La chanza implica un desdén nacionalista, un desprecio de clase, al identificar el habla andaluza con la de los siervos, con la propia de gente de bajo nivel económico. Enric Sardá es miembro de una familia burguesa de la industria textil catalana, con lo cual no es muy arriesgado aventurar que, durante su niñez, la asistenta, la cocinera, el chófer o alguno de los empleados de la casa o de la fábrica era andaluz, y probablemente andaluz occidental. Enric considera el andaluz una forma degradada del castellano, cuando son infinidad los lingüistas que lo consideran, junto al canario y al habla de algunos países sudamericanos, como su modalidad más evolutiva. Las distintas variantes del andaluz crean y contraen de manera inteligible como sólo lo logra el inglés, el latín del siglo XXI.
Y el remate. Hay personas que viajan mucho por el mundo sin que el mundo viaje apenas por ellas. Sardá se declara amante de Andalucía e identifica a Susana Díaz con la población de las ocho provincias, cuando es evidente que el carácter y el acento de una señora de Cádiz y otra de Almería son desiguales, apenas se compadecen. No hay un andaluz único, típico o arquetípico. En Motril, por ejemplo, tienen más de cinco vocales y expresiones de una delicadeza propia de la alta aristocracia británica (como decir cuando algo no te gusta, o te parece simplemente vomitivo, que "no está mal del to"). A Shakespeare ya lo aventajaron. Mucho antes de que llegara la traducción del texto en el que el príncipe de Dinamarca se atormenta con la posibilidad de "Ser o no ser", en la Costa expresaban las dudas con un elegantísimo "¿Ej o no ej?".

Vacaciones sin acabar en el hospital granadahoy.com

  • Los cirujanos plásticos lanzan una campaña para prevenir lesiones
  • Los especialistas incluyen tanto accidentes de tráfico como domésticos, incendios o la sobreexposición al sol
Una cala en una playa andaluza. ANDRÉS MORA

Hay pequeñas precauciones que ayudan a evitar graves lesiones. Es el mensaje que lanzan los cirujanos plásticos para que este verano las vacaciones no acaben en un hospital. Los especialistas recuerdan que la gravedad de algunas heridas suele ser "inversamente proporcional" a la facilidad con que se pueden prevenir. Accidentes de tráfico, domésticos, incendios y hasta sobreexposición al sol pueden derivar en amputaciones, pérdidas de tejidos o tumores cutáneos, recuerdan. Para tratar de evitar estas consecuencias, la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (Secpre) ha lanzado una campaña on line en su web de cara a concienciar a los ciudadanos. Estos especialistas conocen mejor que nadie los resultados de accidentes e imprudencias que, aseguran, son más frecuentes en verano que en otra época del año. Que tus vacaciones no sean reparadoras es el lema de la iniciativa con el que se alude al doble sentido del adjetivo: descanso y reparación, significado este último que a su vez hace referencia a la especialidad médica.
Según la vocal de Comunicación de la sociedad científica, Aihnoa Placer, el objetivo de la campaña es que prime el primer significado sobre el segundo. Sobre los accidentes de tráfico, precisan que una de las lesiones más habituales de la época estival es la provocada en el brazo izquierdo de conductores y pasajeros que lo llevan fuera de la ventanilla. "Esta práctica no sólo está prohibida, sino que resulta tan peligrosa que puede desembocar en la amputación del miembro superior", advierten. Además, explican que por las características de este tipo de accidentes, el brazo afectado tiene pocas posibilidades de ser reimplantado.
EL EXCESO DE SOL CAUSA ENVEJECIMIENTO DE LA PIEL Y PUEDE DERIVAR EN TUMORES CUTÁNEOS
También sobre los incidentes de tráfico, la Secpre hace una especial mención a los motoristas. "Deben viajar escrupulosamente equipados con los necesarios elementos de protección; no sólo casco sino, en lo posible, el mono adecuado, que en caso de accidentes o caídas sobre el asfalto ayudarán a prevenir lesiones", insiste la campaña de la Secpre. Los cirujanos plásticos recuerdan que -con más frecuencia en verano- tienen que tratar abrasiones y fracturas abiertas en las extremidades inferiores.
Éstos son los especialistas que deben tratar a los grandes quemados, sean por incendios forestales, accidentes domésticos o caídas de aceite hirviendo. En verano, las personas llevan menos ropa y los efectos de estos incidentes repercuten directamente sobre su piel. "Aunque parezca una perogrullada, hay que tener cuidado con las barbacoas; sobre todo a la hora de avivar el fuego con líquidos inflamables, pues los cirujanos plásticos nos topamos con muchos accidentes graves que son efecto directo de esta imprudencia o de andar cerca en bañador", afirma Carlos del Cacho, presidente de la Secpre.
Otro apartado de la campaña es el referido a la sobreexposición solar. Los especialistas recuerdan que el exceso de sol no solo causa envejecimiento de la piel, sino que a largo plazo puede derivar en tumores cutáneos. Por ello, recomiendan evitar la exposición prolongada y en las horas más cálidas del día y usar siempre una fotoprotección de al menos un factor 30. Los cirujanos plásticos son los especialistas que tienen que atender todo este tipo de accidentes y patologías. Y son quienes mejor conocen sus consecuencias. Por eso, pretenden contribuir con su campaña a unas vacaciones reparadoras; en el buen sentido.