sábado, 22 de agosto de 2020

La OMS le pone fecha a cuándo estará controlada la pandemia elhuffingtonpost

Y defiende los confinamientos, aunque asegura que "no son una solución a largo plazo".


La Organización Mundial de la Salud (OMS) se marca una fecha para que el coronavirus esté controlado. El máximo organismo sanitario apunta a que “en menos de dos años” la pandemia podría quedar neutralizada.
La OMS cita ese plazo porque “dos años” fue el tiempo que se tardó en controlar la gripe española de principios del siglo XX. Por ello el organismo confía que ahora los tiempos se acorten. Aunque el virus tiene más opciones de “propagarse y moverse rápidamente por la situación actual de conexión y globalización”, también hay “más herramientas” para hacerle frente y mayor conocimiento para estudiar posibles soluciones.
Sobre el uso de esas “herramientas”, el doctor Tedros Adhanom, director general de la OMS, ha pedido a “todos” “aprovechar las herramientas que tenemos y hacer los ajustes necesarios en nuestras vidas diarias para mantenernos a nosotros y al resto a salvo”. Entre esas medidas se plantea el confinamiento de zonas o territorios extensos, algo que la OMS valora positivamente, pero con cautela.
“Los llamados confinamientos permitieron a muchos países suprimir la transmisión del virus y aliviar la presión sobre sus sistemas de salud. Pero esos confinamientos no son una solución a largo plazo para ningún país”, ha explicado el doctor Tedros en su rueda de prensa de este viernes.
También ha puesto el foco en la importancia de encontrar vacunas funcionales en este tiempo, algo que “será vital”, si bien ha matizado que “incluso aunque tengamos una vacuna esto no acabará con la pandemia por sí sola”.

¿Es necesario seguir desinfectando las superficies para evitar el coronavirus? elhuffingtonpost

Aunque ahora se sabe que desinfectar superficies no es la medida de precaución más importante, conviene seguir haciéndolo para complementar los otros gestos que sí son fundamentales.

Por 
Jillian Wilson

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La venta de pulverizadores y toallitas desinfectantes subió como la espuma en el inicio de la pandemia por miedo a infectarse por coronavirus. Las autoridades y los medios aconsejaron limpiar envases, pomos, manillas, encimeras, botones y tapas del váter, entro otras muchas cosas. Sin embargo, a medida que ha ido pasando el tiempo y se ha investigado mejor el virus, se ha descubierto que la transmisión a través de las distintas superficies no es tan común como se temía y que el contagio se produce principalmente por contacto cercanía entre personas. Es decir, que simplemente desinfectar las superficies que más se suelen contaminar no va a evitar que contraigas la covid-19.

“En comparación con otras medidas de prevención, como llevar mascarilla, evitar las aglomeraciones y mantener la distancia interpersonal, desinfectar superficies ha dejado de ser una prioridad”, comenta David Dowdy, profesor asociado de Epidemiología en la Universidad Johns Hopkins.

“No voy a decir que el riesgo de contraer la infección a través de una superficie sea nulo porque se sabe que puede suceder, pero la cantidad de virus que puede haber en estas superficies es mucho más baja en comparación con los virus que hay en la nube de partículas que se genera al estornudar o toser”, explica Dowdy.

Sin embargo, aunque desinfectar superficies no sea la medida de precaución más importante, David Mushatt, jefe de enfermedades infecciosas de la Universidad de Tulane (Estados Unidos), anima a la gente a seguir haciéndolo para complementar las medidas de precaución fundamentales.

Mushatt compara la reducción de riesgos con el modelo del queso suizo. Según este modelo, cuando sucede algo malo rara vez se debe a un solo factor y lo más común es que sea por la coexistencia de varios (como los agujeros del queso suizo). Por lo tanto, para revertir la situación hay que poner solución a todos los factores que han propiciado que suceda, no vale con solucionar solo uno. Para superar esta pandemia y rellenar los agujeros de ese queso suizo, hay que seguir llevando mascarilla, manteniendo la distancia interpersonal y desinfectando superficies, sostiene Mushatt.

“Al final, no importa realmente cuánto virus se transmita a través de las manillas de las puertas y cuánto a través del aire. Lo que hay que hacer es actuar a todos los niveles, porque nunca se sabe. Ni siquiera sabemos a día de hoy cómo se propaga la gripe”.

Descubre a continuación cuáles son las superficies que los expertos señalan como principales nidos de coronavirus, para que te protejas a ti y a tus seres queridos.

Pantalla táctil, ratón y teclado

Probablemente uses más que nunca el ordenador, el móvil o la tableta, dispositivos que ya desde mucho antes de la pandemia se sabía que son nidos de gérmenes. Ahora, con el coronavirus, es aún más importante que los desinfectes.

“Las superficies más obvias que debes desinfectar son la pantalla del móvil y la carcasa”, señala la doctora Avisheh Forouzesh, fundadora del centro médico Advanced Infectious Disease Medical LLC de Nueva Jersey.

También recomienda desinfectar el ratón, el panel táctil del portátil y el teclado, ya que “son superficies que todo el mundo toca mucho a lo largo del día y la gente tiende a tocarse la cara, la nariz, los ojos y la boca constantemente”.

“Si mantenemos limpias las superficies que más tocamos durante el día, habrá menos probabilidades de contraer el virus si nos tocamos los ojos, la nariz o la boca por accidente”, comenta Forouzesh.

Pomos y manillas de las puertas

Se ha insistido mucho en la necesidad de desinfectarse las manos cuando tenemos no hay agua y jabón, pero no es la solución perfecta y no todo el mundo lo hace.

“Si vuelves de hacer la compra y te lavas las manos cuando sales del coche y luego tocas la manilla de tu puerta, no hay peligro si vives solo y nadie más la toca, pero si tienes hijos o vives con más gente que entra y sale de casa, quizás sí que te convenga desinfectarla”, comenta Mushatt.

Asimismo, recomienda limpiar una o dos veces al día cualquier otra superficie de la casa que la gente toque frecuentemente.
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Las superficies más utilizadas dentro del coche

Desde que estalló la pandemia, la gente ha utilizado mucho más el coche que el transporte público para desplazarse por la ciudad. Forouzesh advierte que esto, por sí solo, no te mantiene a salvo del virus, ya que hay superficies en el coche que se contaminan con facilidad.

“Entramos muchas veces después de haber estado en contacto con otras superficies contaminadas del exterior”, señala Forouzesh.

En su opinión, habría que desinfectar los tiradores de las puertas, el volante y la radio, sobre todo si el coche lo utilizan más personas.

Si el coche es un taxi o un Uber, habría que asegurarse de desinfectar las manos al salir y no llevárselas a la cara mientras se se está en el taxi.

Las manos
“Está muy bien lavar las superficies de los objetos que tocas, pero la superficie más importante de todas es, sin duda, la de las manos. Lavarte las manos te va a proteger mucho más que desinfectar el móvil, las gafas, los pomos, el manillar del carrito de la compra y las llaves”, sostiene Dowdy.

Esto no significa que desinfectar todos los objetos anteriores no sirva de nada, pero su influencia es secundaria frente a otras medidas como el lavado las manos, mantener la distancia interpersonal, no formar parte de grandes aglomeraciones y llevar mascarilla.

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Si alguien de tu casa está aislado por coronavirus (o esperando los resultados), desinfecta todo lo anterior mucho más a menudo

La importancia de la desinfección aumenta cuando hay alguien en casa que tiene el coronavirus o está pendiente de una PCR.

Si le han hecho la prueba a un miembro de tu familia y está en cuarentena a la espera de resultados, debes actuar como si fuera positivo, ya que si esa persona hace vida normal en ese periodo puede infectar a otras personas, advierte Mushatt.

“Si alguien de tu casa tiene síntomas compatibles con los de la covid-19 o ha estado en contacto con un positivo, lo más recomendable es que se quede en su habitación. Si necesita salir de la habitación, que se ponga la mascarilla y se lave las manos. Debe asumir una responsabilidad personal”, indica Mushatt.

“Las otras personas que viven en la casa también pueden tomar medidas y desinfectar las superficies con mayor frecuencia”, prosigue. En estas circunstancias, la mascarilla y la distancia interpersonal son fundamentales, aunque no se salga a la calle.

“Todo consiste en reducir riesgos. No puedes eliminarlo, pero sí minimizarlo. Si lo consigues, es más fácil que la suerte esté de tu lado”, resume.

Una vez más: desinfectarlo todo es útil, pero no es lo más importante

Dowdy recalca la importancia de mantener la distancia interpersonal, evitar las multitudes, llevar mascarilla y lavarse las manos. Desinfectar las superficies no es más que una pieza en el gran puzle que es evitar la propagación del coronavirus.

“Las personas que se obsesionan con la desinfección pueden caer en una falsa sensación de seguridad. ‘Como estoy tomando todas estas medidas de precaución en casa, en el coche y en mis bolsillos, es imposible que contraiga la enfermedad’. Y esas medidas, por sí solas, no son suficientes”, concluye Dowdy.

Elogio de los maestros granadahoy.com

TRIBUNA


VÍCTOR J. VÁZQUEZ
Profesor de Derecho Constitucional

Elogio de los maestros ROSELL
SI hablamos de magisterio hablamos también de jerarquía. La etimología latina de la palabra maestro es inequívoca. Magister es aquel que es más (magis), quien tiene en su esfera una posición de superioridad porque posee un mérito relevante y distintivo. Su particular conocimiento da al maestro título para esa supremacía desde la cual orientar y enseñar su ciencia. El maestro posee legitimidad para el mando, para disciplinar una forma de aprender. Es aquél que con su saber hace escuela, aquél que tiene discípulos. Mas este vínculo que caracteriza la relación entre el discípulo y el maestro no se entiende desde la frialdad sumisa de las categorías administrativas. La jerarquía que impone un maestro descansa en otros intangibles, es la extraña jerarquía que deriva del natural acatamiento a una autoridad. La palabra auctoritas tiene su raíz en augere, y no alude sino a aquello que nos aumenta y promueve. En definitiva, reconocemos y acatamos el magisterio, porque sabemos que él, el maestro, nos hace mejores.
El maestro sabe y enseña aquello que nosotros desconocemos, mas tampoco ciframos su esencia sólo en el saber. No es casual que la palabra maestro comparta raíz con la palabra magnánimo. Y es que el maestro además de conocimiento ha de poseer nobleza de espíritu, la virtud del desprendimiento y la generosidad. Ser maestro es dar y es también, en este sentido, una forma específica de amar. Somos así los discípulos acreedores netos, seres amados, mientras que sobre el maestro pesa la difícil carga del buen gobierno, el equilibrio exigente entre saber enseñar y saber querer. Los toreros tienen una forma insuperable de hacer referencia a esta equidad en el magisterio, y al agradecimiento que de ella se deriva: "Me dio mi sitio", dicen, cuando recuerdan a aquel maestro que no sólo supo enseñarles el duro oficio, sino también comprender su sensibilidad y circunstancias, aclarando para ellos ese lugar tan difícil de encontrar en la vida como es aquel donde podemos ser nosotros mismos. El maestro, en definitiva, no es más porque esté sobre nosotros, sino porque nos eleva.
Los discípulos elegimos a los maestros. No suele el maestro salir a pescar, ni tampoco mostrarse como tal, aunque delatan su naturaleza los pequeños gestos, una cierta estética de la bondad cotidiana, cierto candor, a veces infantil, para con los otros. Así, nos cuenta Platón que en su lecho mortal, rodeado por sus desconsolados discípulos, Sócrates reservó su último aliento para recordar a Critón que le pagase a Asclepio el gallo que le debía. Hay siempre una ética -además de una comedia- escondida tras el anecdotario discipular sobre el maestro.
La faceta más trágica y literaria de la relación maestro discípulo es el momento de madurez del segundo, allí donde se presupone que es necesario matar al padre para afirmar la individualidad, para ser maestro en el propio destino. Los discípulos soportamos eso que Bloom llamó la angustia de la influencia, y en cierto momento es también nuestro deber moral afirmarnos frente al mentor. Mas nada de ingratitud hay en ese acto. Todo logro de uno, logro es también de quien sobre nosotros ofició su magisterio y el desafío intelectual forma es de reconocimiento, si bien, la mayoría de las veces en tales duelos, el maestro, como Edie Relámpago Nelson en El color del dinero, volverá a empuñar su palo de billar para decirnos "he vuelto" y ganarnos de nuevo. Pero no es imperdonable el desafío, lo imperdonable para con los maestros es el repudio, la ingratitud de aquel que en el afán de conocerse a sí mismo se ha hecho especialista del propio ego.
Guarda uno en la memoria muchas lecciones de sus maestros en vivir y en pensar. Aquél que nos afeó ganar de forma rácana, sin dar al juego lo que es del juego, sin darnos cuenta de que si en la vida hay que ganar por necesidad, algunas veces contadas, por razones éticas y estéticas, se impone perder por obligación. El querido profesor sevillano que ante una pregunta concreta, nos instó en abstracto a comprender que en la vida hay problemas que no tienen solución, lo cual no significa claudicar ante ellos, sino pelearlos con dignidad y convencimiento. El amigo que me aconsejó interpretar la realidad antes de que ésta nos derrote. La mujer que nos adoctrinó en el imperativo ético y amoroso de la alegría. El hermano mayor que me recordó a tiempo la importancia de ese suelo quijotesco que es el "yo sé quién soy". Sabemos bien que todas estas son deudas de gratitud que no pueden saldarse. Sabemos igualmente que no ha de merecer perdón de Dios, si tras haber hallado fortuna en nobles profesoras de energía, generosos maestros, obramos en la vida como viles cretinos.

viernes, 21 de agosto de 2020

COVID-19: La pandemia no puede hacernos caer en la germofobia elhuffingtonpost

Precaución, toda la posible. Miedos y fobias, ninguno.

Por 
The Conversation

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Por Luis Alberto Henríquez Hernández, profesor titular de universidad, área de Toxicología, Universidad de Las Palmas de Gran Canaria:

El matemático Ramsey Dukes avisó hace unas décadas del final de un ciclo científico que sería sustituido por una edad mágica gobernada por el miedo y la superstición. La población del mundo desarrollado, poco acostumbrada a luchar por su supervivencia, ha visto amenazado su modo de vida. Esto la ha llevado a acatar sin discusión cualquier recomendación —-en ocasiones más propias de chamanes e iluminados que de científicos-— que prometiera evitar el paso del Ángel Exterminador.

Sabemos por el estudio de seroprevalencia ENE-COVID-19 que el 5 % de los españoles ha estado en contacto con el coronavirus y tiene anticuerpos contra él. La letalidad rondaría el 1 % si tenemos en cuenta los más de 28 000 fallecidos registrados, aunque sabemos que esta cifra es mayor.

Con esos números, la población general ha aceptado sin reflexión alguna que debemos lavarnos las manos con gel hidroalcohólico cada vez que se accede a una tienda, llevar mascarilla en cualquier circunstancia y frotar los zapatos en alfombras impregnadas con lejía como si fuera costumbre lamer la suela de los mismos.

Aquellos que nos dedicamos a la biología molecular o hemos tenido formación en microbiología sabemos que, aunque las prácticas higiénicas son siempre recomendables más allá del coronavirus, los métodos de higiene tienen un protocolo. Sirve de poco frotarse en una alfombra con lejía si antes han pasado decenas de personas por ella. Para que el etanol haga efecto sobre los microorganismos, necesita de un tiempo de acción que en ocasiones es de varios minutos.

Esto se traduce en la inutilidad de algunas de estas prácticas tal y como la población las lleva a cabo, pero consigue aumentar la fobia a los gérmenes sin reflexión alguna. Allá por el año 350 a. n. e., Aristóteles nos dijo que en el punto medio está la virtud. Siglos más tarde, Paracelso completaba esta reflexión diciendo que la dosis hace al veneno.

El uso abusivo de geles desinfectantes destruye la capa lipídica que protege a la epidermis del medio ambiente. Esto la hace más sensible a patógenos con los que cohabitamos a diario, a factores físicos como la temperatura y la humedad, y aumenta la probabilidad de sufrir dermatitis y otras enfermedades graves de la piel.

El riesgo es real

Con todo, le pido al lector que no malinterprete estas palabras. El riesgo de sufrir COVID-19 es real: no se pone en discusión ese hecho ni el dolor de las familias que han perdido a un ser querido. Lo que se pretende con este artículo es invitar a la reflexión para sacar conclusiones propias.

Nos han hecho creer que nos enfrentamos al mayor ataque microbiológico sufrido por la especie. Nada más lejos de la realidad. Se ha extendido un pánico visceral hacia el prójimo que está muy lejos de tener base científica.

Durante milenios, los seres vivos del planeta se han enfrentado a una variedad inmensa de patógenos. Para ello han desarrollado un sistema inmune encargado de hacer frente a estos ataques microbiológicos que son, por cierto, cotidianos y constantes. El propio H.G. Wells, en su novela La Guerra de los Mundos, salvaba a la humanidad entera de un ataque alienígena gracias a la eficiencia de este sistema biológico que, por otra parte, necesita de entrenamiento para mantenerse en forma.

Sirva este ejemplo novelesco como referencia para poner en valor la evolución de las especies y la especialización de los sistemas biológicos que garantizan nuestra supervivencia. Aislarnos en burbujas de etanol detrás de una mascarilla puede suponer, a largo plazo, un debilitamiento de nuestro sistema inmune. Es algo que algunos estudios han observado en otros contextos y que relaciona, por ejemplo, el aumento de las alergias en la población infantil con el bajo contacto que los niños tienen hoy en día con la naturaleza.

La ciencia trabaja con distintos niveles de evidencia, que vienen condicionados por los modelos experimentales usados y por la fortaleza estadística empleada en los análisis de los datos. La crisis sanitaria actual ha puesto en jaque la veracidad de la ciencia: se dan por ciertos estudios sin una evidencia mínima.

En menos de tres meses, las publicaciones relacionadas con el SARS-CoV-2, incluyendo revistas de altísimo impacto como Science o New England Journal of Medicine, han crecido exponencialmente. Los que nos dedicamos a la ciencia sabemos que existe un periodo de tiempo dilatado entre el momento en el que se inician los experimentos que buscan contrastar una hipótesis y el día en el que los resultados se publican.

No deja de ser curioso que, con media humanidad confinada y trabajando de forma telemática, las publicaciones en este tipo de revistas —la mayor parte de las veces sin diseño experimental claro— hayan crecido como los hongos en la fruta podrida.

Debido a ello, no es de extrañar que las autoridades sanitarias hagan hoy una recomendación y mañana la cambien por otra, incluyendo la coletilla “puede que” en gran parte de sus comunicados. La misión de la ciencia es justamente esa: evitar ese “puede que” que en realidad significa “no sabemos”.

Precaución, toda la posible. Miedos y fobias, ninguno

Mención aparte merecen las consecuencias medioambientales que el uso indiscriminado de plásticos y otros objetos de protección tales como las mascarillas tiene sobre el planeta; o los componentes nocivos que figuran en las etiquetas de algunos geles hidroalcohólicos.

Acabaré este artículo citando de nuevo a Ramsey Dukes, quien dice que la vida posee un valor bastante limitado, añadiendo que lo que tiene un valor incalculable es la felicidad —y el bienestar— de los seres vivos. Es indiscutible que somos menos felices hoy que hace algunos meses.

jueves, 20 de agosto de 2020

La educación descarrila en andalucía granadahoy.com

TRIBUNA


PEDRO BENZAL MOLERO
Profesor de Filosofía

La vuelta al cole no se arregla con decálogos ni con instrucciones que escurren el bulto y dejan indefensos a los equipos directivos y a los centros
La educación descarrila en andalucía ROSELL
Para la filósofa Ayn Rand (la virgen atea de la derecha americana), el jefe ideal es el que conoce perfectamente su trabajo: "Un buen jefe de ferrocarril sabe conducir un tren". Aunque reconoce que no todo el mundo que aprende a conducir un tren es capaz de dirigir todo el ferrocarril, pero para dirigir el ferrocarril cree que hay que saber conducir el tren.
El señor Imbroda, lo digo con todo el respeto, no tiene el conocimiento suficiente del Sistema Educativo Andaluz, que dicho sea de paso es el de mayor número de profesores y alumnos de este país. Quizás por ello tiene a toda la comunidad educativa en contra: los sindicatos, las asociaciones de directores (Adían y Asadipre) las AMPA, el profesorado, los ayuntamientos y hasta el servicio de inspección educativa.
Una cosa es reunirse con el sector educativo y otra muy distinta es escucharlo, algo que no ha hecho en ningún momento desde que llegó al cargo. Son innumerables las alusiones desafortunadas del Consejero Imbroda al profesorado que por respeto no voy a enumerar, pero están en las hemerotecas. Se nota demasiado que el señor Imbroda nunca fue tutor, ni jefe de Departamento, ni jefe de Estudios, ni director, y le cuesta demasiado trabajo entender la problemática que se presenta de cara al próximo curso académico que ya tenemos a la vuelta de la esquina.
Su plan es que no tiene plan, como ha dejado claro ante los medios de comunicación el señor Bendodo, consejero de Presidencia, que sigue pidiendo un plan al Ministerio sin caer en la cuenta de que las competencias en Educación en nuestra Comunidad son del Gobierno de Andalucía. No se pueden "echar balones fuera" a los ayuntamientos o al Gobierno central.
La falta del Plan Covid-19 para el curso 2020/21 está generando incertidumbre, desasosiego, inquietud, inseguridad y gran preocupación en la sociedad andaluza .La Consejería parece desconocer el número de centros que tiene Andalucía en su Sistema Educativo. Por eso, a pesar de haber reducido con respecto al curso pasado 1040 profesores, anuncian 4.984 plazas de profesor de refuerzo anti-Covid sin caer en la cuenta que hay más 7.000 centros, con lo cual a algunos centros no llegará nada de lo que están prometiendo.
La inseguridad de la vuelta al Cole ha llevado al Defensor del Pueblo Andaluz a abrir una queja de oficio y ha pedido a la Consejería que clarifique las medidas de seguridad previstas para septiembre.
La vuelta al cole no se arregla con decálogos ni con instrucciones que escurren el bulto y dejan indefensos a los equipos directivos y a los centros. Se necesita un plan con más profesorado y una fuerte bajada de la ratio en las aulas, como está demandando toda la comunidad educativa. Y, por supuesto, que se cumplan las medidas sanitarias que reivindicaban las AMPA de más de cien centros de Málaga hace unos días y que ya piden las de toda Andalucía.
Tampoco es buena idea amenazar a las AMPA en estas circunstancias con el protocolo de absentismo escolar. No está esta norma pensada para las circunstancias en las que estamos de pandemia sanitaria. Por eso no nos debe extrañar que las AMPA de la Axarquía anuncien medidas legales contra la Junta de Andalucía por la vuelta al cole "sin medidas".
Queda mucho trabajo por hacer y poco tiempo, siento una gran pena y tristeza como docente que después de 39 años de servicio y habiendo pasado por la tutoría, jefatura de Departamento, director de instituto, director general en la Consejería y tras volver al instituto de profesor y jefe de Departamento me jubilé el curso pasado. Pensé que tendría el merecido descanso, pero como muchos otros docentes andaluces en mi situación, vemos horrorizados la vuelta al cole en unas semanas en Andalucía.
Tras escuchar al señor Bendodo después del Consejo de Gobierno afirmar que "hasta días antes no sabrá cómo se adaptará la vuelta al cole" y al señor Imbroda decir hace unos días que "salud confinara una clase si es necesario", creo que las familias andaluzas, el alumnado y el profesorado constatamos que la inseguridad y la incertidumbre son las banderas del Gobierno andaluz en Educación.
No es de extrañar la convocatoria de huelga anunciada para el 18 de septiembre.

Europa y la vacuna granadahoy.com

JOSÉ ANTONIO CARRIZOSA

La pandemia está acelerando las tendencias mundiales que afloraron en 2008 y en las que Europa pierde posiciones

Estados Unidos, como anunció el cada día más histriónico Donald Trump hace unas semanas, está acaparando toda la producción mundial de Remdesivir, el único fármaco que se ha demostrado eficaz para los casos graves de Covid-19. La decisión norteamericana anticipa una lucha mundial por la vacuna que, si se cumplen los pronósticos más fiables, podría estar disponible para fabricarse en dosis masivas en el primer semestre del año que viene. Por ahora es complicado establecer cuándo y cómo llegará esa vacuna porque parece que, como siempre en los grandes asuntos mundiales, la información se mezcla con la propaganda y con las tomas de posición de las grandes potencias en la nueva guerra fría que está llegando y que la pandemia ha acelerado de forma notable. Hay datos suficientes en el horizonte para concluir que la lucha por la vacuna y su administración va a consagrar la irrelevancia de Europa como actor internacional. Las grandes partidas de este nuevo orden mundial se juegan entre un declinante Estados Unidos, una China emergente y acaparadora de influencia, y una Rusia venida a menos, pero que sabe que por población y extensión tienen un sitio en la mesa de los grandes.
Además, el tablero ya no está en nuestra zona. El futuro se está jugando en el Pacífico y en África, y la Europa que siempre marcó el devenir del mundo y en cuyo territorio se dilucidaban los grandes acontecimientos pierde posición cada año que pasa sin que las otrora grandes, como Alemania y Francia, o más pequeñas, como Italia y España, puedan hacer nada por evitarlo. El coronavirus ha acelerado las tendencias que la crisis de 2008 ya hizo aflorar y va a instituir un nuevo modelo de relaciones internacionales en el que nosotros llevamos todas las papeletas para perder.
La vacuna, quién la tenga antes y quién controle su fabricación y distribución, va a ser -o mejor, está siendo ya- la primera gran confrontación del nuevo escenario mundial. Hay en juego mucho dinero, pero también hay detrás mucho juego de poder en un mundo que ya no va a ser nunca igual que el que conocimos antes de la primavera de este nefasto 2020. Desgraciadamente, no se está hablando de ciencia, sino de otras muchas cosas. Estamos aflorando un nuevo orden, diferente y no por ello más justo ni más libre, en el que los europeos cada vez vamos a contar menos y en el que la democracia va a ser un blindaje cada vez menos sólido.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Esta es la mejor forma de limpiar las botellas de agua de cristal elhuffingtonpost

¡Olvídate de los cepillos!

Redacción El HuffPost Life

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Seamos realistas: limpiar el interior de una botella de cristal con un estropajo es una misión imposible. Se mire por donde se mire, no hay forma de acceder al fondo. Para eso se han inventado los cepillos para botellas, aunque lo cierto es que tampoco son necesarios. Con el truco del arroz se consigue el mismo resultado y no hace falta comprar nada.

Sólo se necesita un puñado de arroz, un embudo y detergente líquido.
Ingredientes para limpiar una botella de agua de cristal.
1. Se trata de llenar el fondo de la botella con el arroz. Para eso se usa el embudo, aunque es prescindible si no se tiene uno a mano. La única diferencia es que se necesitaría un poco más de paciencia y de pulso.
2. Lo siguiente sería llenar la botella con media taza de agua tibia.
3. Añadir un chorro de jabón lavavajillas líquido.
4. Tapar la botella y agitar con fuerza en todas direcciones. El arroz actúa como exfoliante de las paredes interiores mientras que el agua y el jabón limpian la botella.
5. Por último hay que vaciar la botella y enjuagarla tantas veces como cmsea necesario para eliminar los restos de arroz y jabón.