miércoles, 28 de octubre de 2020

José Luis Jiménez: "Los aerosoles son responsables del 75% de los contagios de coronavirus" granadahoy.com

 

  • El doctor y catedrático de la Universidad de Colorado es uno de los mayores expertos mundiales en aerosoles

  • Insiste en la importancia de llevar la mascarilla ajustada, evitar los espacios interiores y en todo caso ventilarlos de manera correcta



José Luis Jiménez: "Los aerosoles son responsables del 75% de los contagios de coronavirus"

El investigador zaragozano José Luis Jiménez estima que los aerosoles están detrás de, por lo menos, el 75 por ciento de la transmisión del SARS-CoV-2, frente a la teoría defendida al comienzo de la pandemia del contagio por gotículas.

El miembro honorario de la Asociación Americana de Investigación en Aerosoles ha recomendado este martes en rueda de prensa telemática que la gente piense en el virus como si fuera humo de tabaco que hay que intentar no tragar.

"Imagina que todos los que te encuentras están exhalando humo. Yo lo que intento es tragar la menor cantidad de humo posible", ha destacado el también catedrático de Química y Ciencias Ambientales de la Universidad de Colorado, quien ha insistido en la importancia de llevar la mascarilla ajustada, evitar los espacios interiores y en todo caso ventilarlos de manera correcta.

Jiménez ha resaltado que ninguna medida de protección funciona por sí sola, sino que se trata de combinarlas como si fueran capas. Así, es "casi imposible" que dos personas reunidas en el exterior, con mascarilla y respetando la distancia de seguridad se contagien de Covid-19, ha asegurado el investigador.

"Hay muchísimas más evidencias (del contagio) por aerosoles que por gotas", ha afirmado el doctor en Ingeniería Mecánica por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), que forma parte de los 239 científicos de 32 países que instaron a la OMS en una carta abierta a reconocer el contagio por aerosoles.

Según el experto, la OMS ha rechazado por una "cuestión histórica" el contagio por el aire, como ya hizo en su día con la tuberculosis, que no fue hasta 40 años después cuando se admitió, y por una cuestión "práctica", porque en un principio no se contaba con suficientes mascarillas para protegerse de la infección.

En caso de que sea inevitable estar en el interior de un local, como ocurre en colegios o centros de trabajo, Jiménez, ingeniero industrial por la Universidad de Zaragoza, apuesta por ventilar para "limpiar el aire" y que el aire contaminado por el virus no vuelva a ser inhalado por otras personas.

El experto señala que no se puede indicar una manera universal de ventilar, sino que depende de la situación, pero sí apunta a que el CO2 en el ambiente no sea superior a 700 partículas por millón, pues garantiza que como mucho el 2% del aire respirado es aire que ha expulsado otra persona, cifra que se reduciría a 500 en lugares "más peligrosos" como gimnasios o sitios donde se cante o grite.

Para ello, Jiménez apuesta por la instalación de medidores de CO2 en lugares públicos como aulas, tiendas o restaurantes y así no determinar restricciones de aforo generales sino condicionarlas al nivel de CO2 que presenten. En caso de no poder ventilar, los locales deberían contar con filtros HEPA para limpiar el aire.

"Los contagios masivos se dan en lugares donde se pasa bastante tiempo hablando", ha sostenido Jiménez, quien ha recalcado que al hablar expulsamos diez veces más cantidad de aerosoles y al cantar o gritar cincuenta veces más. De hecho, su preocupación comenzó al investigar el contagio masivo en un coro de EEUU donde el paciente cero no había hablado de cerca con nadie.

Jiménez, que durante meses ha intentado ponerse en contacto, sin demasiado éxito (hasta fechas recientes), con el Gobierno de España, ha apostado también por llevar las aulas a la calle pese al invierno y ha puesto el ejemplo de Nueva York y Boston, que dieron las clases en el exterior durante la epidemia de tuberculosis de 1910.

El catedrático ha señalado que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU ya reconocen el contagio por inhalación y ha matizado que no siempre que se emiten aerosoles se expulsa el virus sino que es "esporádico" y por eso ocurre que aveces no se contagian contactos estrechos.

martes, 27 de octubre de 2020

La NASA confirma la existencia de agua en La Luna ElHuffPost

 

Dos estudios publicados en 'Nature Astronomy' aseguran que el satélite de la Tierra contiene agua en una cantidad mucho mayor a la que esperada.



La NASA ha confirmado la existencia de agua en La Luna. Hacía años que la comunidad científica daba casi por hecha esa posibilidad, pero ha sido ahora cuando dos estudios lo han confirmado: el primero de ellos sostiene que existe agua en el suelo lunar y el segundo, que hay agua -mucha agua- congelada en distinas partes del satélite de la Tierra.

Comprobarlo ha sido un trago. Las observaciones realizadas hasta ahora no eran concluyentes, pues la luz reflejada que captaban los telescopios podía corresponder a H2O o a grupos de hidroxilo. Ahora, las imágenes captadas por el telescopio SOFIA, montado a bordo de un Boeing 747 ha captado luz infrarroja en una longitud de onda que solo puede emitir el agua. El hallazgo se publica este lunes en Nature Astronomy.

El estudio, liderado Casey Honniball, planetóloga de la Universidad de Hawái e investigadora de la NASA, señala que la presencia de agua en la zona estudiada, un cráter, es de 200 microgramos por cada gramo de tierra lunar. 

Esto significa que para poder extraer un litro de agua en la Luna, los futuros astronautas tendrían que juntar cinco toneladas de suelo, explica Jorge Pla-García, investigador del Centro de Astrobiología, en Madrid a El País. “Aunque pueda parecer poco, hay que recordar que llevar un kilo de material a la Luna cuesta un millón de dólares. Hay que tener en cuenta que esta estimación es un límite inferior y además se trata de una estimación preliminar, pero incluso en este caso la explotación del agua a estas cantidades sería rentable para las futuras misiones porque traerla de la Tierra sería mucho más caro”, resalta.

Incluso en la Tierra, el oro de las minas que son interesantes a nivel comercial está a una concentración unas 100 veces menor que la estimada ahora para el agua en la Luna, resalta el científico.

Eureka, pues, tanto en estado líquido como en estado sólido, porque un segundo estudio, publicado en la misma revista, afirma que hay microdepósitos de agua congelada en las “trampas frías” de La Luna, es decir, en los lugares del satélite a los que nunca llega la luz solar.  

“En estos depósitos el agua helada se comporta como una roca y permanece estable durante miles de millones de años”, resalta Paul Hayne, investigador de la Universidad de Colorado que dirige el estudio.

Gracias a algunas estimaciones derivadas de los datos recogidos por el Lunar Reconnaissance Orbiter, esta investigación incrementa de forma sustancial el tamaño de estas extensiones de microdepósitos, que se concentran en su mayoría en el sur de La Luna, y cifra su tamaño en torno a los 40.000 kilómetros cuadrados. 

“Nuestros resultados sugieren que el agua atrapada en los polos lunares podría estar distribuida más ampliamente y ser más accesible de lo que pensábamos hasta ahora como recurso para las misiones futuras”, explican los autores del estudio.

Jacob Bleacher, científico jefe de exploración del Directoro de la NASA para la Exploración Humana, explica que “el agua es recurso muy valioso, tanto para propósitos científicos como para ser usada por nuestros exploradores”. “Si podemos utilizar los recursos presentes en La Luna, entonces podemos llevar menos agua y más equipamiento que nos permita realizar más descubrimientos científicos”.

A más amigos, mejor salud ElHuffPost

 El ser humano es social por naturaleza, el cerebro humano se forjó para interactuar con los demás.

El ejercicio detiene el cáncer a través del sistema inmunológico granadahoy.com

Varias personas hacen ejercicio en Málaga JAVIER ALBIÑANA

   EP.


    Investigadores del Instituto Karolinska, en Suecia, han encontrado una explicación probable de por qué el ejercicio ayuda a ralentizar el crecimiento del cáncer en ratones. La actividad física cambia el metabolismo de las células T citotóxicas del sistema inmunológico y, por tanto, mejora su capacidad para atacar las células cancerosas.

El estudio, que se publica en la revista eLife, trata de responder a por qué las personas con cáncer que hacen ejercicio generalmente tienen un mejor pronóstico que los pacientes inactivos. Investigaciones anteriores han demostrado que la actividad física puede prevenir la mala salud y mejorar el pronóstico de varias enfermedades, incluidas diversas formas de cáncer.

Sin embargo, todavía se desconoce exactamente cómo el ejercicio ejerce sus efectos protectores contra el cáncer, especialmente en lo que respecta a los mecanismos biológicos. Una explicación plausible es que la actividad física activa el sistema inmunológico y, por tanto, refuerza la capacidad del cuerpo para prevenir e inhibir el crecimiento del cáncer.

lunes, 26 de octubre de 2020

El daño cerebral adquirido: un asunto de familias ElHuffPost

 


Es importante que las familias estén bien informadas y no se hagan expectativas alejadas de la realidad.
Por 
Carla A. Carvalho Gómez
Neuropsicóloga

AMTITUS VIA GETTY IMAGE

Hoy, 26 de octubre, se conmemora el Día mundial del daño cerebral adquirido. Un día para dar visibilidad a los pacientes y sus familias. Un día para alzar la voz y reivindicar el derecho de todas aquellas personas que sufren y sufrirán las secuelas del daño cerebral. Niños, adolescentes, adultos y ancianos unidos en la lucha. Porque si algo caracteriza a esta patología es que no entiende de edades.

Cuando uno de los miembros de la familia sufre un daño cerebral adquirido, las repercusiones del mismo se extienden al resto del núcleo familiar. Expectativas y planes truncados que necesitan tiempo y espacio para ser trazados de nuevo.

Paciente y familia atraviesan por un proceso similar al duelo. Situación que, por norma general, se acompaña de un vaivén emocional hasta que, finalmente, con el paso del tiempo, se llega a la última de las etapas: la aceptación.

Debemos recordar que cada persona es diferente. Por tanto, los tiempos variarán de una persona a otra. De esta forma, debemos evitar, en la medida de lo posible, hacer comparaciones entre los diferentes miembros de la familia.

Las repercusiones del daño cerebral adquirido

Por normal general, cuando hablamos de daño cerebral adquirido, de manera cuasi-automática pensamos en las secuelas físicas del paciente. Pero... ¿qué hay del resto?

El daño cerebral adquirido puede estar acompañado de múltiples y diferentes secuelas tanto a nivel físico, como cognitivo y emocional; estas últimas también llamadas secuelas invisibles debido a que, en un alto porcentaje de casos, son pasadas por alto por el resto de familiares y amigos que no conviven bajo el mismo techo del afectado. Sin embargo, pese a no ser dificultades tan visibles a simple vista como las físicas, debemos ser conscientes de su presencia y evitar determinados comentarios y comportamientos, porque como se suele decir ”la procesión va por dentro”.

“Es importante que las familias estén bien informadas y no se les oculte información acerca del estado del paciente.”

Algunos consejos para familias

Estoy segura que si has oído hablar del daño cerebral adquirido también habrás escuchado algunos consejos acerca de cómo abordar esta problemática en el contexto familiar.

Sin duda, en la actualidad son muchas las asociaciones y federaciones sobre daño cerebral adquirido que ofrecen de manera gratuita guías para pacientes y familiares. Por ello, con el ánimo de no extendernos, os ofreceremos algunos consejos que os servirán como punto de partida ante la nueva situación.

La importancia de la información

La información durante todo el proceso es una variable esencial. Las familias deben y necesitan estar informadas en todo momento. En este sentido, debemos tener presente que la información a de ser clara y concisa, alejada de la terminología técnica y acorde a la situación que atraviesa la familia.

Cuidado con las expectativas

Cuando una persona sufre un daño cerebral adquirido, por normal general, la familia y el entorno cercano suelen tener altas expectativas acerca del proceso de rehabilitación y las secuelas del mismo. Generalmente, estas expectativas están muy alejadas de la realidad. Por ello, es importante que las familias estén bien informadas y no se les oculte información acerca del estado del paciente.

“Los cuidadores de pacientes con daño cerebral adquirido pueden atravesar por periodos de estrés, ansiedad e, incluso, depresión ante la nueva situación.”

La importancia de las rutinas

Los pacientes con daño cerebral adquirido en el proceso de rehabilitación requieren de rutinas diarias que les permitan saber qué va a ocurrir en cada momento. De esta forma, evitaremos que se produzcan alteraciones de su estado anímico ante la vivencia de nuevas situaciones.

Cuidarse para cuidar

“Cuidarse para cuidar”. ¡Qué simple parece esta frase y cuántas veces la pasamos por alto! Los cuidadores de pacientes con daño cerebral adquirido pueden atravesar por periodos de estrés, ansiedad e, incluso, depresión ante la nueva situación. Por ello, es importante que éstos sean conscientes de sus puntos fuertes y débiles y sus limitaciones. Es el momento de cuidarse para cuidar.

sábado, 24 de octubre de 2020

Ironías de la naturaleza granadahoy.com

 TRIBUNA

ESTEBAN FERNÁNDEZ-HINOJOSA

Médico

La pandemia ha destapado los límites de la biología, la vulnerabilidad de los sistemas de salud, y ha colocado los sueños de eterna juventud al borde del sumidero de las promesas vacías

Ironías de la naturaleza ROSELL

Siguiendo una centenaria y utópica tradición vinculada a la fe en el progreso, la ciencia dibuja un discurso que hace sentir a muchos la cercanía de las fuentes de la eterna juventud. El futuro quizá sea científico, y también más perfecto, pero no queda claro que vaya a ser más humano. Estas ideas empiezan a calar en la orientación de algunos científicos. En medicina, frente a la clásica tradición terapéutica, alejada de banalidades y ensoñaciones abstractas, y siempre inclinada ante la naturaleza, algunas corrientes pretenden girar a formas más utópicas, prestas a redimir las debilidades innatas de nuestra especie y detener su envejecimiento. Pero mientras los centros de investigación y universidades de todo el mundo reorientan sus recursos hacia parcelas como la bioingeniería, la terapia génica y de células madre, son despertados del sueño de la inmortalidad por el rugido de una pandemia, que no sólo ha demostrado el valor unívoco de toda vida y toda muerte, sino que ha destapado los límites de la biología, la vulnerabilidad de los sistemas de salud, y ha colocado tan legítimos sueños al borde del sumidero de las promesas vacías. Cuenta Ovidio que Afrodita infundió vida a una de las estatuas esculpidas por Pigmalión para consuelo de este desdichado incapaz de amar a una mujer mortal. Pues bien, el caos planetario desencadenado por la maldita epidemia niega ahora a los científicos inmortalistas el mismo privilegio del que gozó la legendaria figura, aun después de iniciada la búsqueda de la ansiada inmortalidad.

Simplificar la realidad lleva a caer en una vulgaridad bien vista por Chesterton: la de pasar por alto que todo esquema de pensamiento, por poderoso o bello que resulte, no deja de ser más que una interpretación de lo real. El vulgar reduccionismo biológico -como el de ciertas aplicaciones ingenieriles en genética humana actual- puede abrir la caja de Pandora y dejar escapar nuevas forma de ideologizar el mundo. Un reduccionismo que finca sus raíces en la profunda insatisfacción que genera una forma de relacionarse con la realidad tan mediada por la tecnología; y pasa entonces como con los amores no correspondidos, que acaban en desengaño. Pretender transformar nuestra naturaleza biológica mediante cosmovisiones basadas en la creencia de que cualquier realidad se reduce a sus partes-reduccionismo ontológico- nos aleja de los horizontes de sentido que a veces se descubren en los fondos de la realidad. Estos reduccionismos abundan en esa tendencia tan posmoderna a pervertir el sentido de las palabras con las que pueden evocarse realidades más ordenadas y habitables. La realidad tiene su dimensión poética, y la palabra cuidada y precisa logra rescatar del inframundo otras fuentes más frescas, como las del bien y la verdad.

Cuando aparecieron en medicina por primera vez los tratamientos que prolongan la vida, su escasez obligaba a decisiones críticas. A principios de los años setenta del siglo pasado, Reino Unido no ofrecía diálisis renal si el paciente era mayor de 40 años. Si bien hoy nadie discute que las decisiones sobre prioridades en medicina no deben basarse en el nivel económico, la etnia, la discapacidad, la orientación sexual u otros factores sociales, en cambio el factor edad promueve discusiones encendidas. En algunas especialidades -en particular, en Cuidados Intensivos- se discuten ocasionalmente decisiones difíciles. Los motivos son siempre clínicos, no morales ni sociales. Y aun así, ¿cabe dar prioridad a los más jóvenes y con más probabilidades de beneficiarse de una intervención médica? Un argumento ético en contra dice que discriminar a alguien por lo avanzado de su edad es sugerir que su vida no tiene el mismo valor que la de un joven. A todo esto, y para colmo de ironías sofocleas, mientras las utopías inmortalistas despiertan el interés de tantos inversores, los Parlamentos aprueban leyes que despenalizan la eutanasia (el Congreso acaba de tumbar las enmiendas a la propuesta de Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia) y, en medio del desconcierto, la Organización Médica Colegial vindica una Ley de Cuidados Paliativos que postula la mejor atención al final de la vida antes que el Estado simplifique las cosas. Como sospechamos que la incuria humana, igual que su genialidad, de media variará poco, y por no caer en la vulgaridad chestertoniana de confundir esencia y circunstancia, nos acogemos a ese emblema de civilización que es el Código Deontológico de nuestro noble y antiquísimo oficio que, postrándose ante la realidad de la naturaleza humana, prescribe curar o mejorar al paciente siempre que sea posible; y cuando no lo sea, sin empecinarse, ofrecerle medidas adecuadas a su bienestar, aunque con ello pueda adelantarse su anunciada salida de este mundo.

viernes, 23 de octubre de 2020

Siete cosas que quieren que sepas las personas con Covid-19 de larga duración ElHuffPost

 No existen estadísticas exactas sobre la prevalencia de este problema, pero se estima que afecta a uno de cada diez pacientes de coronavirus.

Por Natasha Hinde

Las personas que sufren coronavirus de larga duración han hablado sobre los desafíos que han afrontado desde que contrajeron la enfermedad meses atrás.

Sus testimonios se han publicado en la revista especializada British Journal of General Practice Open (BJGP Open).

El objetivo de estas entrevistas, realizadas a 24 personas que todavía no se han recuperado de los síntomas y las secuelas del coronavirus, fue concienciar a la población, especialmente, a los médicos. No existen estadísticas exactas sobre la prevalencia de este problema, pero se estima que afecta a uno de cada diez pacientes de coronavirus.

Los participantes en las entrevistas describieron lo difícil que fue para ellos experimentar, comprender y gestionar sus síntomas. También hablaron del apoyo que buscaron: personas en su misma situación, gente por internet, terapias alternativas, dietas especiales, suplementos y sanidad pública.

Ninguno de los entrevistados fue hospitalizado y sólo uno tuvo un diagnóstico confirmado porque entonces aún había escasez de pruebas.

Un estudio del Tony Blair Institute for Global Change ha descubierto que el coronavirus de larga duración afecta más mujeres que a hombres, pero destaca que es necesario seguir investigando para “comprender las trayectorias de recuperación” y para aprender a mejorar el cuidado de los pacientes. Esto es lo que se puede aprender de las experiencias que han compartido.

1. El coronavirus le pasa factura al cuerpo

Una mujer de 20 años comenta que antes le encantaba salir a correr y a hacer ejercicio, pero que ahora apenas puede caminar. “Estoy agotada y sólo quiero saber por qué”.

A esta joven le preocupan especialmente las secuelas que le puedan quedar en los pulmones. “Tengo mucho cuidado con mis pulmones porque no quiero someterles a mucha presión”, explica. “Noto enseguida si se han esforzado demasiado porque me vuelve el dolor, sobre todo en el derecho. Es horrible. Antes salía a correr, hacía deporte y todo eso. Ahora casi ni salgo a pasear porque sé que si camino hasta el final de la calle, me va a molestar”.

Todos los participantes coincidieron en que los problemas persistentes que sufrieron les habían cambiado su esencia hasta tal punto que muchos recurrían a frases como “en comparación con cómo era antes”. Un hombre de 60 años habló de sus síntomas neurológicos: “No era simple niebla mental, era confusión, y tardé mucho en superarla. Me encanta el lenguaje y disfruto trabajando en el sector de la comunicación, pero llegué a pensar que había perdido para siempre esa parte de mi vida”.

2. Las personas infectadas lo intentan todo para gestionar sus síntomas

Un vistazo rápido al grupo de Facebook Long Covid Support Group basta para ver cuántas personas están sufriendo coronavirus de larga duración. Muchos comparten sus consejos para enseñar a los demás a manejarse en su nueva situación.

Una mujer de 42 años narra así su experiencia: “Al principio empecé tomando suplementos de vitamina D. También tomaba un suplemento de vitamina C con zinc de vez en cuando y un multivitamínico todos los días, pero me entraron dudas. Además, a mi marido no le hacen mucha gracia estas vitaminas en pastillas. Estuve una temporada sin tomar nada y después, retomé la vitamina D. Ahora estoy con vitamina B12 por el ardor de pies, com un probiótico y con algo de omega-3”.

Otra participante de 30 años dice que está tratándose con acupuntura, masajes y punción seca para aliviar sus síntomas: “Lo que sí que he notado que me ha ido bien es una dieta antiinflamatoria y antihistamínica. Es muy estricta, pero desde que empecé a seguirla, noté una gran mejoría, también con los síntomas neurológicos”.

MALTE MUELLER VIA GETTY IMAGES

3. Es duro que no te crean tus médicos

Como la atención sanitaria en muchos casos ahora es telefónica, a muchos de los participantes ni siquiera les vio un médico. Los que sí lograron ir lamentan que sus propios médicos no se terminaran de tomar en serio sus síntomas.

Todos los participantes recalcan la necesidad de encontrar un médico de cabecera que realmente les escuche y les tome en serio.

Una mujer de 40 años les ha dicho a los entrevistadores: “Voy cada vez a un médico de cabecera distinto. Uno de ellos pensaba que sólo era ansiedad: ‘No le pasa nada en los pulmones, es ansiedad. Lo que hay que tratar es su ansiedad. ¿Cómo va a superar la pandemia si no consigue tratar su ansiedad?’. Fue una experiencia muy molesta porque yo sabía que me faltaba el aire. Sólo pude llorar, y eso tampoco ayudó, porque aún no sabía que las secuelas de la enfermedad podían ser tan duraderas. Mi marido, por entonces, tampoco me creía del todo y me sentía muy sola sin nadie con quien desahogarme”.

4. Es complicado cuando vuelven los síntomas

Una mujer de 50 años describe el calvario que suponen los síntomas reincidentes. Sientes que estás mejorando y, de repente, te vuelves a topar con la fatiga (u otros síntomas) de nuevo.

“Seguía notando la presión en el pecho. Una vez, depués de 14 o 15 días, me desperté y había desaparecido. Pensé: ¡Bien, ya ha terminado! Fue un alivio pensar que ya lo había superado.

Y entonces volvió la fatiga. Fue como si me atropellaran. De repente, todo pesaba más y no conseguía hacer nada. Dejé incluso de caminar. El médico me dijo que era fatiga postviral y que simplemente descansara, así que me limité a no hacer nada”.

5. La vuelta a la rutina tiene que ser paulatina

Muchas personas que sufren secuelas de larga duración mencionan que cometieron el error que querer hacer mucho antes de tiempo y recalcan la necesidad de ir poco a poco. Una paciente de 34 años dice que sus síntomas son tan duros que ni siquiera es capaz de pelar zanahorias justo después de pelar patatas.

“Tengo que ir a mi ritmo. No puedo hacer dos o tres tareas seguidas. Tengo que hacer una tarea, sentarme unos minutos para descansar y pasar a la siguiente. En mi caso, tengo que descansar incluso después de pelar patatas, porque si no, no puedo con las zanahorias”.
SORBETTO VIA GETTY IMAGES

6. Los grupos de apoyo sirven de ayuda, pero con moderación

A lo largo de la pandemia, mucha gente con coronavirus de larga duración ha buscado apoyo por internet. Sin embargo, coinciden en que esto también puede llegar a provocar ansiedad.

Una mujer de 34 años comenta: “Al principio fue muy alentador ver que no estaba sola y que no me lo estaba inventando, pero cada vez me preocupaba más leer tantas experiencias y afectó a mi salud mental”.

Otra mujer de 31 años comenta: “Estoy en un grupo de apoyo en Facebook, pero intento no hacerle mucho caso porque me deprime y provoca ansiedad”.

7. Es importante sentirse escuchados

Muchas de las personas que sufren la Covid-19 desde hace mucho tiempo simplemente se conforman con que se les escuche y su experiencia se reconozca.

Una paciente de 42 años señala: “Hablar con mis médicos fue un gran apoyo simplemente por el hecho de sentirme escuchada. No fue su culpa que no pudieran hacer nada más para ayudarme. Sólo necesitaba saber que no estaba volviéndome loca y que lo que sentía era real”.

Otra paciente comenta lo mismo sobre su médica: “Presta atención cuando le cuento mis problemas y no tiene reparos en admitir que no sabe cómo tratar mi enfermedad porque es un virus nuevo, no va por ahí fingiendo que lo sabe todo, y eso es bueno”.