martes, 18 de enero de 2022

Una oportunidad para Europa granadahoy.com

 TRIBUNA

JOSÉ ISAÍAS RODRÍGUEZ GARCÍA-CARO

Economista

Una oportunidad para Europa ROSELL

La Unión Europea debe responder a las inquietudes de sus ciudadanos y de sus sociedades civiles. Con este objetivo, se inauguró solemnemente, el pasado 9 de mayo, en Estrasburgo, sede del Parlamento Europeo, la Conferencia sobre el Futuro de Europa (Cofoe). Está previsto que sus trabajos finalicen en la primavera de 2022 y que estos se recojan en un documento de conclusiones y recomendaciones dirigido a la presidencia conjunta de dicha conferencia, ostentada por los presidentes del Parlamento Europeo, del Consejo y de la Comisión Europea.

En la declaración de las tres presidencias con motivo del inicio de la conferencia, se invita a la sociedad civil y a las partes interesadas a contribuir con sus aportaciones al ejercicio democrático de respaldar la legitimidad y el funcionamiento del proyecto europeo de integración y, por consiguiente, recoger el apoyo de los ciudadanos a los valores y principios que promueve y defiende la Unión Europea.

Las recomendaciones resultantes de la conferencia deberían recibir el apoyo de las instituciones europeas. Ese ha sido el compromiso asumido, conscientes de que la UE necesita un nuevo impulso en un contexto de cambio permanente, tanto interno, como externo.

La integración de Europa es una obra en construcción constante. Ello obliga a estar, permanentemente, siguiendo su evolución. En los veintiún años transcurridos de este siglo, la UE se ha visto enfrentada a cuatro grandes crisis: la creada por "deudas soberanas" (la mal llamada crisis del euro), migratoria, la del Brexit y la de la pandemia del Covid-19. Crisis que han puesto a prueba - todavía lo hace ésta última- su capacidad de reacción, su "resiliencia", como ahora se dice y, por consiguiente, la suficiencia para dar respuesta a las necesidades de sus economías y de sus ciudadanos.

¿Qué necesitan, qué quieren, los ciudadanos europeos? Tres cosas: unas instituciones sólidas, unas economías saneadas y sostenibles y, algo fundamental, unas firmes voluntades políticas de sus estados con unos objetivos firmes, puestos en común -con las correspondientes cesiones de soberanía que ello comporta-, para enfrentarse a la constante del cambio y, en ocasiones, a situaciones difícilmente previsibles como es la originada por una devastadora pandemia.

En otras palabras y de una forma más simple, lo que los ciudadanos esperan y reclaman es que Europa funcione con una economía fuerte, -con un mercado interior eficiente, con un euro firmemente asentado-, generadora de empleo, y con el reconocimiento como actor global en un nuevo y cambiante escenario geoestratégico planetario, de especial singularidad política y económica.

¿Cuál ha sido la fuerza de Europa para resistir a la pandemia? Sin duda, su modelo de sociedad basado en la solidaridad y en esa puesta en común de objetivos y de cesión de soberanías, sin parangón en el resto del mundo. Este modelo productivo, defensor de la libre empresa, solidario, democrático, favorecedor de la inclusión, de la igualdad, del diálogo social y de la preservación del medio ambiente, es la base de nuestra identidad europea.

Una Europa que se perciba como protectora. A los retos, en esa sucesión de policrisis, a la que se han visto enfrentados los Estados miembros, sólo puede responderse a nivel europeo, como se ha hecho patente. Una Unión Europea que escuche, que comprenda y que proteja a sus ciudadanos y, también les de voz.

Los ciudadanos europeos deben sentir que forman parte de la Unión Europea, un proyecto superior que les ampara y les protege. Una UE basada en la democracia y en el respeto del Estado de Derecho, solidaria, con una identidad, tanto interna, como externa, que le confiera un papel de actor global, creíble y respetado.

La cita con la voz del ciudadano europeo. Es fundamental que los ciudadanos perciban que son parte integrante de la Unión Europea, que Bruselas, como comúnmente se le llama, somos todos y, en ese sentido, que sientan, igualmente, que sus instituciones están a la escucha.

Mi dilatada dedicación a la integración europea, gran parte de ella viviendo en Bruselas, me ha hecho ser consciente del papel activo, y no siempre conocido, de la sociedad civil en los avances en la Unión Europea. De entre ellos, quiero destacar a los interlocutores sociales, auténticos artífices del progreso socioeconómico y a los que el Tratado les confiere un papel especial a través del diálogo social. Igualmente, es importante la acción de otras organizaciones de la sociedad civil, como el Movimiento Europeo, al cual me honro en pertenecer a su Consejo andaluz. Ahora esa voz de la sociedad civil tiene que ser oída.

Esta conferencia sobre el futuro de Europa ofrece una oportunidad a las instituciones europeas de oír a los ciudadanos, a la sociedad civil, entablando un diálogo abierto, con el fin de liderar un cambio que de un nuevo impulso a la construcción europea para que pueda hacer frente a los retos políticos, económicos, sociales y medioambientales que tiene por delante. Por eso es el momento de que, como ciudadanos, como sociedad civil, digamos lo que pensamos, lo que queremos, lo que necesitamos. ¿Vamos a perder esta oportunidad?

Un tren a la costa granadahoy.com

 CÉSAR REQUESÉNS


Fue reino y se está quedando en comuna de diletantes a la espera del turista al que vender algún souvenir con tapa


Leo que Granada es la única provincia de España con salida al mar que no tiene tren para llegar a ella. Como es costumbre, encabezamos siempre el ranking de todo lo negativo. Curioso privilegio.

Ese 'olvido de Granada' ya crónico va camino de convertirnos en la provincia con la peor autoestima del país. Teruel ExisteLa España Vaciada y pronto tendremos que sacar el eslogan Granada Olvidada. La creatividad verbal no escasea pero faltan manos que se pongan a la obra de cambiar nuestra suerte.

La reacción inane ante los sucesivos robos engrosa la larga lista de agravios que, dado el carácter resignado de los locales, permite que se nos quite la capitanía general o la importancia judicial en una autonomía que, a todas luces, nos ha rebajado aún más que cuando éramos la Andalucía oriental, referencia de un territorio que fue reino y que se está quedando en comuna de diletantes a la espera del turista al que vender algún souvenir con tapa.

Los que esquilman nuestra provincia aún deben tenerle ganas a las únicas empresas que aún funcionan por aquí, a saber: la Universidad, Cetursa, el Parque de las Ciencias y poco más. Todo se andará. Porque ya la economía local se la han llevado calentita los de la Caixa cuyo emblema refulge en aquel cubo vanguardista que un día lució el nombre de su ciudad.

Con una economía centrada en el rentismo esto parece más un club del jubilado que aquella tierra fértil y con empuje que vislumbraron los árabes cuando levantaron la Alhambra. La Vega ya sin tabaco que cultivar dejó los campos listos para la recalificación mientras que las decisiones pasan por otros centros de poder donde hasta pensarán que la Alhambra está en lugar equivocado y que siempre se podrá reubicar allí donde se quiera. Al tiempo.

No hay esclavo sin amo. Si hasta para conseguir que llegue el AVE somos capaces de ceder nuestro lógico y natural enlace en línea recta con la capital, ¿de qué no será capaz esta tierra para que le den alguna otra migaja?.

Ese tren a la costa tan cercana o la Sierra Nevada que tanto bien nos haría; ese corredor Mediterráneo que también nos evita; esos vuelos que nunca acaban de llegar del todo. A poco que te pongas a mirar las carencias locales te da el bajón, así que te das un paseo, contemplas y respiras y miras hacia delante a ese futuro siempre mejor que aún está por escribir.

lunes, 17 de enero de 2022

Repensar la Atención Primaria ante el caos granadahoy.com

 TRIBUNA

MANUEL MACHUCA

Doctor en Farmacia

Repensar la Atención Primaria ante el caos 
ROSELL

Que la Atención Primaria ha estallado de manera escandalosa durante la pandemia es algo que no se le escapa a nadie. Todos los ciudadanos lo hemos sufrido en mayor o menor medida y a día de hoy puede decirse que el caos es manifiesto: profesionales de la medicina o la enfermería absolutamente quemados por una excesiva carga de trabajo, pacientes indignados que deben esperar dos semanas para acceder a una cita, colas interminables ante las Urgencias de los centros de salud, teléfonos colapsados, agresividad hacia los profesionales, indignación… Sin embargo, el deterioro de la Atención Primaria no comenzó con la pandemia, sino que viene de lejos, por mucho que ahora sus costuras sean más evidentes.

Gran parte de la culpa de este deterioro, no toda, tiene que ver con el escaso interés en ella por parte de los políticos de diverso signo. Hacerse una foto con un flamante artefacto diagnóstico de última generación, inaugurar un innovador servicio hospitalario o discutir sobre si es aceptable o no que Amancio Ortega done equipos de alta tecnología para tratar el cáncer, siempre ha tenido mayor interés político que los pobres servicios de Atención Primaria. Sin embargo, es en ésta donde se juega de verdad la salud de la ciudadanía, puesto que son los servicios más utilizados por las personas en el cómputo de su vida, y porque una buena promoción de la salud y prevención de la enfermedad minimizaría la gravedad de estas y evitaría la utilización de recursos mucho más costosos para las arcas del Estado y agresivos para las personas.

A día de hoy, la Atención Primaria, a la que no se le ha dotado de los recursos suficientes que precisa por el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, ha evolucionado hacia la medicalización de la sociedad. La saturación de los servicios, el escasísimo tiempo del que disponen los profesionales para atender sus consultas y la necesidad de resolver cuestiones meramente administrativas que poco tienen que ver con su función asistencial, han provocado esta deriva. Sorprende cómo un profesional indispensable de la Atención Primaria, el médico de familia, se ve imposibilitado de jugar ese papel esencial de eje y coordinador de los servicios sanitarios y tiene que verse abocado a ser un mero expendedor apresurado de recetas. Como consecuencia, muchos episodios naturales de la existencia, como el luto ante la pérdida de un ser querido o la menopausia, o alteraciones en los estilos de vida que nos impone la sociedad son medicalizados por falta de tiempo y de la precariedad de la Atención Primaria, algo que la sociedad también imita por su cuenta buscando en las vitaminas, los crecepelos y las pseudociencias el remedio a sus malestares.

Las consecuencias no son sólo el aumento del gasto farmacéutico, sino la aparición de enfermedades graves cuyo origen no es otro que los medicamentos, labor en la que los farmacéuticos y las infrautilizadas farmacias, testigos unas veces impotentes y otras silenciosos ante lo que sucede, podrían dar respuesta para evitar unos gastos muy superiores que se están produciendo como consecuencia de la medicalización, la muerte, el ingreso hospitalario y los costes sociales de la enfermedad.

Es momento de repensar la Atención Primaria y sería un tremendo error histórico hacerlo desde los roles profesionales que se cumplen en este momento. Sólo será posible si la reflexión se realiza en función de las necesidades actuales de la sociedad y las características de las enfermedades que padece. Porque incluso enfermedades infecciosas como la que ahora mantiene en jaque a todo el planeta tienen un perfil que va mucho más allá de lo bacteriológico o, en este caso, virológico. Sus aspectos psicológicos y sociales, la complejidad farmacoterapéutica de tratamientos diversos que se reúnen en una misma persona, determinan hoy que no sea posible una Atención Primaria ética y de calidad sin una mirada pluridisciplinar en la que se coordinen y asuman responsabilidades, junto a médicos y enfermeras, un nuevo farmacéutico, psicólogos, trabajadores sociales, antropólogos de la salud, etc. No podemos, por insuficiente, continuar dando respuestas clínicas o farmacoterapéuticas a problemas de salud en los que estas cuestiones no son la causa, sino el reflejo de algo mucho más complejo que sucede en la sociedad.

Puede que no sea fácil, pero no por ello hay que dejarlo de abordar. Es el momento de las sociedades científicas y del diálogo, de que los profesionales se pongan del lado de los únicos que dan sentido a su trabajo: las personas. No se puede esperar a que la política, la corporativa o la tradicional, ofrezca la solución, porque sólo desde los profesionales que están a pie de cañón y que apuestan por el qué en lugar de por el quién, podrán surgir las respuestas. Ante una Atención Primaria sobresaturada, su reestructuración es una oportunidad de futuro. Que no nos la roben ni la mala política ni el corporativismo.

Terremoto en Granada: Un seísmo con epicentro en Diezma hace temblar a gran parte de la provincia

 

  • Pese a que en un principio el IGN lo había situado en La Peza, la revisión ha confirmado que su epicentro ha sido en esta otra localidad

  • Ha sido de 3,5 de magnitud, a 5 kilómetros de profundidad y de intensidad III

Epicentro del terremoto en La Peza (Granada)

N.G.M.

Un terremoto con epicentro en la localidad granadina de Diezma ha hecho temblar la mañana de este viernes 14 de enero a gran parte de la provincia de Granada. El seísmo, que se ha registrado poco antes de las doce y media de este mediodía ha sido sentido incluso en localidades alejadas de la comarca de Guadix, donde se encuentra el municipio de su epicentro, hasta el punto de haberse notado incluso en Granada capital.

Este nuevo terremoto, que ha sido registrado por el Instituto Geográfico Nacional (IGN) a las 12:28 horas y que en primera instancia se había ubicado su epicentro en La Peza, se ha producido a tan solo 5 kilómetros de profundidad, ha tenido una magnitud de 3,5 y ha sido de intensidad III, lo que habría propiciado, precisamente, que el temblor se haya podido sentir en localidades que se encuentran alejadas de donde ha sido el epicentro, como municipios del Área Metropolitana.

Este seísmo, al registrarse precisamente en este mes de enero, ha propiciado que más de un granadino rememore la oleada de temblores que se vivió hace justo un año, en la que el Área Metropolitana fue sacudida en numerosas ocasiones, llegando incluso a sembrar verdadero terror entre gran parte de sus habitantes, debido a la magnitud e intensidad de algunos de estos terremotos. Tal fue así que aún todavía hay desperfectos provocados por aquella ola de terremotos que se encuentran en plena reparación.

De momento, este último seísmo no parece haber dejado daños, ni tampoco ningún herido. Si bien, habrá que esperar que estos extremos se confirmen en las próximas horas.

viernes, 14 de enero de 2022

Mario Rivera DS

   ANDRÉS CÁRDENAS


En 2022 cumplirá 30 años de edad. Hace unos días recibió el Premio al Mejor Expediente MIR que otorga el Consejo Andaluz de Colegios de Médicos. Está actualmente desarrollando el cuarto año de su especialidad profesional: Medicina Preventiva. Su línea primordial de investigación se ha centrado en la epidemiología y prevención de enfermedades infecciosas, especialmente de la Covid-19, así como en el pronóstico del cáncer de próstata, tema que aborda en su tesis doctoral actualmente pendiente de defensa.

–Díganos antes de empezar, ¿en qué consiste una residencia médica?

–La residencia es un período formativo de cuatro o cinco años, en función de la especialidad, en los que un médico se forma en un centro específico y en una especialidad concreta, que se eligen en función de la nota del examen MIR.

–¿Cómo es el día a día de un médico residente?

–Depende claramente de la especialidad. No es lo mismo una especialidad puramente clínica que otra quirúrgica o de laboratorio, por ejemplo. A modo de resumen, es un período en el que se aprende a ejercer una especialidad médica y en el que se va teniendo responsabilidad creciente con el paso de los años.

–¿Qué es lo peor de ser médico residente y qué es lo mejor?

–Lo peor quizá sean los primeros días, en los que tienes ciertas responsabilidades y aún no sabes manejarte, por ejemplo, en una guardia de 24 horas en Urgencias. Lo mejor, sin duda, es que aprendes una profesión mientras la estás trabajando. Es un período que ofrece múltiples posibilidades, como investigar, aprender en distintos servicios y dispositivos donde se puede rotar, y formarte de manera reglada y segura para una profesión que requiere de mucha responsabilidad.

–Hace poco recibió el premio del Consejo Andaluz de Colegios de Médicos por el mejor expediente académico MIR. ¿Qué ha significado para usted recibir ese galardón?

–Sin duda supone un reconocimiento enorme tanto para mí como para mis compañeros que han estado estos años de pandemia enseñándome y colaborando conmigo. Es un premio que valora mucho la investigación y eso siempre es importante.

–¿Esto le dará derecho a irse a trabajar donde usted quiera?

–¡Ojalá! Es un reconocimiento, no tiene implicaciones laborales. Sin embargo, estoy seguro de que me abrirá muchas puertas, además de impulsarnos y motivarnos enormemente a seguir trabajando, investigando y aportando desde la Medicina Preventiva y Salud Pública y desde la residencia en general.

–¿Medicina Preventiva es la especialidad que ha elegido usted?

–Sí. primero, porque creo que la prevención sobre poblaciones y la perspectiva de salud pública tienen un potencial incalculable en la salud colectiva. Segundo, porque tiene formación específica en metodología de la investigación y una cantidad infinita de posibilidades para investigar.

–¿Qué opina de que muchos médicos sean formados aquí y que se tengan que ir fuera a trabajar porque hay mejores sueldos?

–Que es una realidad que yo he vivido con muchos de mis compañeros, actualmente en el extranjero. Es una pena perder talento. Los médicos de nuestro país (al menos hablo de los andaluces, que son los que mejor conozco) tienen un potencial tremendo, tanto en su conocimiento clínico como en su capacidad de investigación. Solo faltan recursos y contratos menos precarios para evitar que esto ocurra.

–A la vista de su experiencia, ¿qué opinas sobre los planes de estudio actuales? ¿Cambiaría algo?

–sRespecto a los planes de estudios en la Universidad, creo que deberían ir más enfocados al MIR y, sobre todo, que habría que facilitar el acceso de los médicos como docentes a la Universidad, que actualmente se enfrenta a un proceso de pérdida de facultativos que tendrá que gestionarse de una u otra forma. Respecto a la formación MIR, creo que en general es buena, y donde mejor se aprende medicina sin duda es en la residencia, más que en la carrera. Eso sí, echo en falta más programas formativos.

–¿Cómo ha sido la experiencia trabajar bajo la pandemia?

–Intensa. Hemos tenido que cambiar toda nuestra forma de trabajar, adaptarnos, aprender cada día, organizarnos, hacer muchos esfuerzos... Para un residente de mi especialidad ha sido fructífero, porque hemos aprendido muchas cosas que de otra forma no habría sido posible. Sin embargo, para muchos residentes ha supuesto una pérdida de oportunidades formativas porque se ha centrado todo demasiado en la pandemia y algunas cosas se han tenido que dejar de lado desafortunadamente.

–¿Cree que lo estamos haciendo bien en la gestión del coronavirus?

–No podría responder a esa pregunta. Si lo hiciera, seguro que me equivocaría. Yo estoy orgulloso de todos los sanitarios, investigadores, epidemiólogos y científicos que han trabajado para dar luz cuando hacía falta. Es imposible no equivocarse cuando se va a ciegas. Será mejorable, pero yo estoy satisfecho con muchas cosas, sobre todo con la vacunación masiva tan rápida y efectiva que hemos tenido. Debemos creer más en nuestros médicos y científicos, sabiendo que la medicina no es una ciencia perfecta y es falible.

–¿Cree que se le debe dar más protagonismo a la Atención Primaria?

–Sin duda. La prevención y la atención primaria son los servicios que generan más salud y los que proporcionalmente reciben menos fondos. Esta tendencia debe cambiar.

Enfangar a los muertos granadahoy.com

 TRIBUNA

CÉSAR ROMERO

Escritor

Enfangar a los muertos ROSELL

La cercanía de la política a la cultura no es nueva, si bien desde que ambas son más espectáculo que aquello que fueran en sus orígenes parecen áreas secantes en lugar de tangentes. En artes espectaculares, y populares, como el cine o la música, es más perceptible. No es ya el pase a la política de quienes han sido artistas con cierta fama (de Reagan a Lluís Llach), es el coqueteo entre una y otra: el brillo de la impronta cultural que buscan algunos políticos, el dejarse tentar por la política de figuras de la cultura cuyos egos empequeñecen cualquier ansia por cambiar el mundo. Esto se ve, sobremanera, entre los llamados intelectuales, creación francesa cuyo apogeo se dio en los siglos XIX y XX: tantos escritores, filósofos, historiadores, etc. que desde sus tribunas, convertidas en púlpitos, alumbraban el camino a seguir por sus sociedades y, antes o después, acababan guiando al pueblo, bien en la más alta magistratura (ejemplos, desde Benjamin Disraeli hasta Rafael Caldera, no faltan), bien en puestos secundarios (y aquí se multiplican por doquier).

Los intelectuales que suelen implicarse en la gestión política acuden a Aristóteles y su zoon politikón, a la necesaria participación en la cosa pública, en los problemas reales de la ciudadanía, de quienes se dedican profesionalmente al cultivo de sus mentes, y rehúyen de la imagen del intelectual exquisito, aislado en su torre de marfil mientras teoriza. Los que no quieren inmiscuirse en la gestión de la cosa pública arguyen la necesidad de que quien ejercita su intelecto sea contrapeso del poder y sus desmanes, un guardián que vigile y señale los abusos de los mandatarios en regímenes democráticos (y en otros, con riesgos peores), denuncie corrupciones o mentiras. En ningún lugar está escrito que el intelectual que bajó a la arena y se implicó en la cosa pública pierda su capacidad para analizar lo mal hecho, denunciar una corruptela, alumbrar con sus razonamientos donde vea humo o ruido desorientador. Ahora bien, quien se alineó con un determinado político, o abrazó, siquiera temporalmente, unas siglas, o formó parte de un gobierno, en cualquiera de sus niveles ejecutivos, ¿puede mantener el mismo crédito, a ojos de la sociedad, que antes de hacerlo? Luis Alberto de Cuenca o Jon Juaristi seguirán siendo dos buenos poetas, pero ¿alguien tendrá en cuenta sus opiniones si critican con mordacidad a Pedro Sánchez? Jorge Semprún fue un notable escritor y Manuel Castells es un sociólogo citado hasta la saciedad, pero sus opiniones sobre Aznar ¿no están lastradas por sus vinculaciones partidistas?

Al entierro de Almudena Grandes acudieron los representantes máximos del Gobierno actual de España. Recordó al de Cela, cuyo féretro portaron a hombros unos cuantos ministros hace ahora veinte años. Ninguno de los dos asumió cargos en el terreno cotidiano de la política, aunque ambos airearon sus ideas, y se comprometieron con sus correligionarios, cuanto quisieron. Igual que hacen otros muchos, desde Vargas Llosa hasta Fernando Savater, y todos soportan los varapalos, o peor: los vítores, que sus opiniones políticas les conlleven. El viudo de la Grandes sí ocupa un puesto designado políticamente y quizá no debería sorprenderse por la mezquindad de algunos políticos, tanto de los que no son de su cuerda cuanto de los que sí. Y debería saber que para una gran parte de ellos, también entre los suyos, cualquier cosa, cualquier persona, es un medio para conseguir un fin, y hace política sin respetar casi nada, ni siquiera a los muertos. Y que, por eso, las novelas de Almudena Grandes son blandidas por quienes no las han leído para arremeter contra la izquierda que no soportan como, ay, son también enarboladas, cual pancartas, por tantos de sus lectores politizados hasta el mediastino frente a la derecha que le niega, o le concede a regañadientes, un reconocimiento oficial. Y uno se pregunta si otro reconocimiento oficial más, una placa o un pergamino institucional, si la asistencia a su funeral de quienes en la intimidad menosprecian o despotrican de la finada, añade algo, un plus, a su ceremonia de despedida, o a su nombradía. Si lamentar que un alcalde o una presidenta autonómica no asistan al funeral de alguien que fue acompañada por la plana mayor del Gobierno de la nación, o criticar, con razón, que se racanee un título honorífico que, en puridad, nada da ni quita, no es seguir haciendo política. O no es seguir usando a quien ya merece descansar en su tumba, y permanecer viva en el recuerdo de quienes la trataron, y alentar aún en las páginas de sus libros para quienes no los leyeron todavía y para quienes sí, esa suerte de eternidad de muy contados escritores una vez idos. O no es, en definitiva, sea desde el desprecio al adversario o desde la admiración o el amor al afín, seguir enfangando aún más a la muerta, en lugar de dejarla descansar de una vez en paz.

Ciencia y futuro granadahoy.com

 MARÍA ARNEDO


Ahora que el virus ha puesto el mundo patas arriba es necesaria la reflexión sobre qué modelo de desarrollo queremos


Que las ciudades estén llenas de vida y de gente es algo que, al menos por el sur de Europa, nos gusta y hasta nos da motivos para presumir.

Puede ser la climatología, puede ser el paisaje, el patrimonio, el talante…o seguramente una suma de muchas y diversas circunstancias. Así que, sí, es bueno tener sol, terrazas, palacios de congresos, monumentos, programas Erasmus y hasta fiestas de la primavera o noches europeas de los investigadores.

Lo que ya no está tan bien es pensar, desde las instituciones, que solo con llenar las calles de gente, los museos o los monumentos de visitantes y los bares y restaurantes de clientes tenemos ya el futuro de la ciudad encarrilado. No está tan lejos la idea de una "ciudad del botellón" que puso en marcha el último alcalde del PP que gobernó en la Plaza del Carmen.

Ahora que un virus ha puesto el mundo patas arriba aún es más necesaria la reflexión en torno a qué modelo de desarrollo queremos para las ciudades en las que vivimos. Es verdad que el uso común del espacio público, disfrutar de bares y restaurantes, tener música en las plazas (¡y gratuita!), todas estas situaciones o actividades conforman ciudades vivas. Pero hace falta más: un diseño urbano pensado para favorecer la vida y los cuidados, una movilidad que priorice el transporte público y reduzca la contaminación, unas políticas de empleo pensadas para el futuro y no solo desde el pasado.

A pesar de los tópicos, hay gente empeñada en que Granada consiga ser la sede de uno de los proyectos científicos más relevantes para el futuro. Por eso la ministra de Ciencia e Innovación ha visitado Granada, se ha reunido con la dirección del consorcio Ifmif-Dones para impulsar la instalación del acelerador de partículas en Escúzar, ha confirmado así que Granada cuenta con "un ecosistema científico de primer nivel".

Todo esto no es casualidad. Es causalidad. Es el efecto de muchos esfuerzos, coordinados con acierto. Desde la política, desde las instituciones. Con mucho trabajo y tesón.

Que en este momento gobierne Granada un grupo político que cree que esta es la hora de Granada, que nuestra ciudad es ciencia y por eso podemos comprometer recursos y empeño en traer aquí proyectos europeos de primer nivel es una suerte. Confirma, al menos, dos cosas: que no todos quienes se dedican a la política son igual y que en el sur de Europa hay talento suficiente para disfrutar las calles y avanzar tecnológica y científicamente hasta donde sea necesario.