sábado, 5 de enero de 2019

Afrontando el estrés de ser la cuidadora de mi madre a jornada completa elhuffingtonpost

En un momento u otro de nuestra vida, la mayoría de nosotros tenemos que cuidar de alguien, ya sea un niño, una pareja, un padre o un amigo. En mi casa, ese papel le tocó a mi padre cuando a mi madre le diagnosticaron artritis reumatoide. Sin embargo, cuando falleció a los 63, el cuidado de mi madre a jornada completa recayó sobre mi hermana y sobre mí.
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En 2012, 8 millones de canadienses (como yo), o el 28% de la población de 15 años en adelante, tuvieron que cuidar de algún familiar o amigo con una enfermedad crónica, una discapacidad o problemas asociados al envejecimiento. Según una reciente encuesta entre la población activa de Canadá, dos de cada diez trabajadores tuvieron que tomar días libres para cuidar de un ser querido, y la cifra probablemente va a aumentar conforme la generación de los baby boomers envejezca.
Ya sea un padre anciano, un hijo, una pareja o un amigo enfermo, la carga emocional, mental y financiera que supone convertirnos en cuidadores de alguien puede ser desafiante como poco y potencialmente catastrófica si no contamos con los apoyos apropiados. Basándome en mi experiencia personal, estos son los cinco consejos que doy para ayudar a gestionar mejor este estrés.

No te olvides de cuidarte a ti

Puede que suene trivial, pero es realmente importante que cuides de ti también. Durante el último año de vida de mi madre, volví a la casa de mi infancia y viví en la misma habitación que ella mientras la familia de mi hermana ocupaba las otras habitaciones. 24 horas al día, los siete días de la semana. Era extenuante.
Los cuidadores pueden notarse drenados y extenuados muy pronto y pese a ello sentirse culpables por querer escapar un rato para pasárselo bien. Es fundamental que te permitas un tiempo para cuidarte, aunque sea una hora al día para tomar un café, hacer ejercicio o quedar con un amigo que sepa cambiarte la mentalidad y aliviarte un estrés capaz de llevarte a la depresión o la ansiedad. Al fin y al cabo, no puedes ayudar a otras personas si estás mordiendo el polvo.

Acepta ayuda de otras personas

A menudo, las personas se sienten responsables de hacerlo todo por su cuenta o creen que aceptar ayuda les va a hacer parecer débiles, pero incluso la persona más resistente y capaz del mundo puede estresarse bajo la presión de cuidar de otra persona.
Es perfectamente aceptable dejar que otras personas te ayuden, ya sea tu jefe enviándote comida a domicilio, un amigo haciéndote la compra o un familiar ayudándote a limpiar la casa. Tampoco es necesario que esperes a que te ofrezcan ayuda. Decide de forma realista lo que eres capaz de hacer por tu cuenta, prepara una lista de tareas que podrías delegar y deja que cada uno elija con qué quiere colaborar.

Aprende a comunicarte

El estrés de cuidar a una persona se presenta de muchos modos, como la irritabilidad, la ansiedad y la depresión. A menudo, esto puede llevar a los cuidadores a aislarse o a no sentirse comprendidos, a mostrarse reacios a "cargarles" sus problemas a otros. Algunos llegan a discutir con sus familiares o tienen problemas para expresar cómo se sienten.
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Habla con un buen amigo, busca grupos de apoyo local en los que puedas hablar con otras personas en una situación similar a la tuya y saca partido de cualquier servicio de asesoramiento del que puedas disponer por tus planes de seguros. Ser capaz de hablar de tus emociones es necesario para crear vínculos más fuertes con los seres queridos.

Encuentra apoyo

Uno de los aspectos más abrumadores de ser cuidadores es el gran número de responsabilidades, que van desde manejarse en el sistema sanitario hasta saber tomar decisiones en momentos de crisis, por no mencionar las tareas diarias, las visitas al médico o encontrar asistentes competentes.
Hay páginas web que ofrecen servicios de asesoramiento, educación y cuidado para ayudar a los pacientes y a sus familias, así como enlaces a recursos y blogs útiles sobre temas que van desde la demencia hasta las disputas familiares. Es extremadamente útil confiar en la formación de profesionales que comprenden la situación por la que estás pasando y te reducen la carga.

Protege tus ingresos

Descubrir que tu pareja o tu hijo tiene una enfermedad terminal es devastador. Entre la confusión y la tristeza, lo último de lo que te apetece preocuparte es del dinero.
Hace varios años, una amiga mía se enteró de que su hija tenía leucemia e iba a necesitar quedarse en casa para cuidar de ella. Sin embargo, no podía permitirse dejar de trabajar y su seguro no incluía ayudas a familiares ni otros seres queridos dependientes. Por suerte, llevaba muchos años en la empresa y encontraron el modo de seguir pagándole el sueldo, pero no todo el mundo tiene tanta suerte.
Comprueba tu seguro para ver qué está incluido. Muchos seguros solo cubren las enfermedades propias o los daños por accidente, de modo que conviene buscar otras vías que puedan cubrir el cuidado de un familiar. Aunque el Gobierno concede prestaciones económicas, probablemente no sean suficientes para cubrir los costes económicos y el tiempo de trabajo perdido.
Pese a las dificultades, cuidar de alguien también es enriquecedor, te da la oportunidad de estrechar lazos con los seres queridos y de crecer como persona. Para bien o para mal, es parte de la vida. Aunque en ocasiones lo parezca, hay que recordar que no estamos solos.

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