jueves, 23 de mayo de 2019

Hay quienes reivindican un parto lo más natural posible cuando no supone riesgo para madre ni bebé elhuffingtonpost

EL HUFFPOST
Un juez decidió hace unas semanas que una mujer que había preparado todo para parir en casa lo hiciese en un hospital. La noticia corrió casi paralela al parto de la duquesa de Sussex, Meghan Markle, que también preparó todo para hacer un alumbramiento lo más natural y casero posible y al final tampoco pudo ser. Estas noticias abrieron de nuevo el debate sobre la medicalización de la vida y la excesiva tecnificación que se vive en los sistemas sanitarios y en particular en lo que atañe al nacimiento.
Y se pone de relieve una vez más la necesidad de humanizar la asistencia médica que las personas seamos el centro y las tecnologías estén para ayudarnos y no al revés. En ese contexto vale la pena pararse a pensar que hasta hace unas décadas en algunas zonas de nuestro país como no existía atención médica (para una parte importante de la población al menos), la llegada al mundo de tantas y tantas personas se confiaba a matronas, personas que destacaban por su experiencia en alumbramientos que se hacían en las viviendas. 
Por supuesto estas mujeres eran muy apreciadas en su comunidad. Yo he tenido oportunidad de entrevistar al nieto de la última partera o matrona de Las Alpujarras de Granada, que fue Encarnación Mezcua Expósito. Él se llama Bernardino Rodríquez y trabaja como abogado en Baleares.
Apenas quedan documentos gráficos o textos del trabajo que hicieron esas mujeres (trabajo por cierto gratuito, ya que no cobraban sino que lo hacían por vocación de servicio).
«Cuando mi madre aún vivía -cuenta Bernardino- sí que era más fácil conocer y localizar algo al respecto. No abundaban las cámaras de fotos, estamos hablando del periodo de 1925-1930 hasta 1.970. Tenemos fotos de ella pero ya cuando era mayor. Sí que hay muchas personas, tanto en esos pueblos como fuera por la emigración, todos ya mayores de 50 años, que fueron asistidos en el parto por ella.
Eso es muy fácil de encontrar. Yo no voy demasiado por Pitres, el pueblo de donde somos y ejercía mi abuela, pues ya hace años que no tenemos casa y tampoco familia directa. Pero cuando voy aún me lo recuerdan. Ya sabes que en los pueblos a muchas personas las conocen por su apodo. A ella la conocían como ‘la Severiana’, porque su abuelo se llamaba Severiano y por cualquier pueblo de aquellos, la gente mayor, aun la recuerdan».
-Me llama la atención que entonces no había médicos en la zona. Era pues el de partera un servicio sanitario básico que pasaba de madres a hijas, basado en la experiencia. ¿Qué llevaba a esas mujeres a hacerlo?
-Hasta donde yo sé, antes de existir la Seguridad Social, había un médico rural que pertenecía a una de las familias ricas del pueblo. No sé si eran ricos por ser el médico o porque eran ricos pudo estudiar Medicina. Este doctor durante varias décadas tuvo una consulta en su casa y la gente le pagaba una iguala que cobraban de casa en casa. No sé si el Estado le pagaba algo.
Luego afortunadamente hubo una organización de la sanidad y una mejora de este servicio de médico. Era por parte de mi abuela el de partera, un servicio vocacional, de ayuda a los vecinos. Ella no tenia ningún tipo de estudios, leía y escribía con dificultad y sólo conocía las cuatro reglas (sumar, restar, multiplicar y dividir) pero más mentalmente que con un lápiz. Mucho menos leyó un libro de medicina. Todo lo que había aprendido estaba basado en la experiencia y lo sabía por su madre y sobre todo su tía.
Además no sólo atendía en el parto sino también a mujeres que tenían pérdidas durante el embarazo. No cobraba nada, lo hacía por servir y ser útil y como obligación también pues no había otra opción. Muchas veces le mandaban a llamar y tenía que ir a Capileria o Trevélez nevando. Las mujeres la solicitaban pues por su experiencia, para que alguien la auxiliara en el parto. No sé de nadie que le reclamara nada. Al contrario, todo el mundo le estaba agradecido.
-En una zona montañosa y pobre como Las Alpujarras ¿había muchas parteras o comadronas o era un oficio raro o extraordinario?
-Era un oficio del todo extraordinario, sólo tengo conocimiento de ella, de su tía y su madre y el hecho que fuese a todos los pueblos es un indicio de que no habría muchas. Aunque sí se que cuando iba a un pueblo el resto de las mujeres se prestaban a ayudar en lo que pudiesen.
-¿Qué hubiera ocurrido si no hubieses existido personas como tu abuela?
-No lo sé, supongo que si ella no hubiese estado habría habido alguna otra mujer que lo hiciese en su lugar. Con ella se terminó, después de mi abuela ya había más médicos, había mejorado el transporte, había autobús de línea y en la actualidad existe una ambulancia. Aunque ahora por desgracia no nacen niños, porque no vive mucha gente joven.
-Me llama la atención que cuentes que los médicos, cuando ya los hubo, eran poco menos que ayudantes de tu abuela, ¿por qué?
-Los médicos según contaba mi abuela, cuando terminaban los estudios no tenían ninguna experiencia práctica y menos aún en partos, no sé cómo era su carrera universitaria pero tal vez sería muy teórica y poco práctica. Sé que el médico le ayudaba a ella.
-¿En qué condiciones se desarrollaban esos partos?
Los partos sucedían en la propia casa de la mujer, no en un establecimiento sanitario, no existía. Eran casas granja pues convivían con los animales en la planta baja, cerdos, gallinas, etc. y la familia vivía arriba. Supongo que las condiciones higiénicas no eran ni de cerca las de un hospital.
-¿Cuándo llegó el parto más, digamos, convencional u hospitalizado a las Alpujarras?
Yo por ejemplo que nací en el año 1966, lo hice en el hospital de Granada, porque mi abuela mandó a mi madre al hospital porque intuía que podía haber problemas en el parto. Pero mi hermano que nació en 1968 sí fue atendido por mi abuela. Cuando mejoraron las comunicaciones y los transportes si ella intuía algún problema en el parto enviaba a las mujeres a Granada.
-A la luz de lo que tú has conocido o te han contado ¿qué te parece el oficio de matrona hoy?
Desde algunos sectores se desprecian esas prácticas por antiguas, faltas de ciencia o se las ve como algo ya superado por la tecnología. Pero también hay quienes reivindican un parto lo más natural posible cuando no supone riesgo para madre ni bebé. Está claro que lo de mi abuela era un servicio de primera necesidad, lo hacían altruistamente, sin esperar nada del Estado.
Creo que hoy pese haber mejorado bastante en muchos aspectos, se está desnaturalizando casi totalmente. Demasiadas intervenciones quirúrgicas. Una parte de las mujeres no dan el pecho a los hijos, ni tan siquiera tienen tiempo de cuidarlos en los primeros meses de vida por las necesidades laborales y económicas. No se trasmiten ni defensas ni el cariño. No es buen modo de comenzar la vida.
El denominado «parto natural» no es una moda, sino que tiene una base científica y profundas implicaciones en la salud física y emocional de los bebés, sus padres y la sociedad. El embarazo y parto respetuoso con la fisilogía y el estado emocional de la mujer debería ser el eje central de todos los actores implicados (ginecólogos, obstetras, comadronas, familias, políticos…), dejando al margen intereses económicos, de estatus y sobre todo de protocolos obsoletos sin base científica que se siguen aplicando de manera indiscriminada.
La fe ciega en la tecnología también tiene sus contraindicaciones. Toda intervención médica puede causar daño. Lo que hay que hacer es contraponer Ciencia a creencias: el parto en casa (sin riesgo) es más seguro que en los hospitales. Algún día será común dar a la luz en la propia vivienda. Lo lógico sería que en España el sistema sanitario público ofertara dichas opciones, al menos para los alumbramientos que se considera con todas las pruebas que no entrañan riesgo.

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