viernes, 13 de enero de 2012

Una visita a los banqueros del arte elpais.com


Dos obras de El Greco presiden una de las salas en las que cada lunes se reúne la ejecutiva del Santander, en Boadilla del Monte.- BERNARDO PÉREZ

REPORTAJE
Las sacudidas económicas redibujan también el mapa de las valiosas colecciones de los grandes de las finanzas, sometidos a procesos de fusiones y absorciones
ÁNGELES GARCÍA - Madrid


¿Qué fue de la colección de Argentaria? ¿Qué hará el Sabadell con las adquisiciones de la Caja de Ahorros del Mediterráneo? ¿Qué destino aguarda a las más de 7.000 piezas acumuladas por las cajas gallegas? Las sacudidas financieras que durante los últimos años han redibujado el mapa de la banca española han provocado importantes efectos colaterales: fusiones, compras y absorciones han comprimido un paisaje en el que todavía se vislumbran muchas podas. Y entre los numerosos activos propiedad de cada entidad hay uno que interesa especialmente al mundo de la cultura: las colecciones de arte que muchos bancos o cajas iniciaron en el momento de su nacimiento o, de manera especial, a partir de la década de los ochenta.


Algunas entidades tienen poco que envidiar a los principales museos

El futuro de este patrimonio artístico es incierto por culpa de la actual crisis

Lo mismo que son muy pocas las comunidades autónomas que lograron sustraerse a la construcción de un templo propio para el arte contemporáneo, son muy pocos los bancos que se resistieron a crear su propia gran colección. En unos casos (las cajas), vinculados a los artistas de la región en la que estaban asentados; en otras ocasiones, esas colecciones tienen poco que envidiar a las de algunos grandes museos. El objetivo inicial era que las estrellas del arte de ayer y de hoy dieran relumbrón a los despachos de los ejecutivos. Poco a poco, esas colecciones se convirtieron en mucho más que mudos testigos de suculentas negociaciones.

La colección de la Fundación Banco Santander es un ejemplo de lo ocurrido en el exclusivo planeta de los banqueros del arte. Con más de un millar de obras de los siglos XVIII, XIX y XX, entre las que no falta un buen puñado de obras maestras, el resultado final procede de decenas de operaciones, aunque los cimientos fueron contruidos por las piezas del Banco Urquijo (Tàpies, El Paso, Guerrero, además de los siete deslumbrante tapices que cuelgan en la sede de Boadilla del Monte...). El Urquijo fue una de las primeras entidades que entendió el coleccionismo como algo más que el capricho de un alto ejecutivo o que un ejercicio costumbrista. En 1988 su conjunto de grandes obras fue tasado por Sotheby's en más de 6.000 millones de pesetas. Una de las más cotizadas, el Retrato del conde de Floridablanca, pintado por Goya, se lo quedó el Banco de España, pasando a enriquecer la espectacular colección de retratos de Goya que posee el organismo supervisor.

Rosario López Merás, directora de proyectos culturales de la Fundación Santander, cuenta que cada entidad, por pequeña que sea, suele contar con una joya entre sus aportaciones. Del Banco de Granada viene la Virgen niña de Zurbarán, y del Banco de Jerez proviene la rica colección de monedas (2.218, de todas las épocas) del Santander. La propia entidad fue coleccionista desde su creación. De esos orígenes proceden parte de los 30 gutiérrez solanas que suelen exhibirse junto a obras mayores de El Greco, Cranach, Van Dyck, Sorolla, Casas, Picasso o Miquel Barceló.

Los tesoros del BBVA conforman otro de los olimpos del coleccionismo privado en España. Con un millar de piezas, el resultado final es la suma de 150 operaciones financieras. Una de las partes más notables de la colección, nada menos que 428 obras, fue aportada por Argentaria. Tanto el Bilbao como el Vizcaya adquirieron obra de los artistas vascos más importantes del siglo XIX y XX. Mientras el primero se especializó en artistas flamencos, los segundos prefirieron atesorar nombres de las vanguardias artísticas. El valor de todo ello es difícil de cuantificar hoy. En función de los seguros, podría hablarse de unos 50 millones de euros. A la hora de señalar la joya de la colección, los actuales responsables de la entidad no dudan: el Retrato de Don Pantaleón Pérez de Nenin, pintado por Goya en 1808, un óleo que ha participado en más de 30 exposiciones, valorado en cinco millones de euros y adquirido por el Banco Exterior en 1961 a los herederos de la familia Labat y Sives, tataranietos de la hermana de Don Pantaleón, el protagonista de la obra. El retrato forma parte de la selección de obras que habitualmente se exhibe en el madrileño Palacio del Marqués de Salamanca junto a obras de Juan Carreño, Murillo, Regoyos, Rusiñol, Esteban Vicente, Tàpies, Lucio Muñoz, Antonio López, Julio González, Cristina Iglesias, Sicilia....

Un caso un tanto diferente lo constituye la colección de La Caixa. Las aportaciones de las entidades asimiladas han sido irrelevantes, según Nimfa Bisbe, directora de la colección de arte contemporáneo de la firma. Una experta internacional, María Corral, fue la encargada de crear, en 1980, una colección de arte contemporáneo que hoy es fiel reflejo de todo lo que está ocurriendo en el mundo. Con la instalación y la escultura como platos fuertes, entre las joyas de La Caixa se incluyen obras de artistas como Bruce Nauman, Joseph Beuys, Mario Merz o Juan Muñoz.

El efecto imitación de lo atesorado por La Caixa fue secundado por muchas entidades cuyo futuro es incierto y cuyas colecciones emprenden el camino de un destino desconocido. La colección de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, por ejemplo, se formó con la asesoría de conocidos expertos... pero ahora mismo su futuro, como el de otras grandes colecciones, es tan inescrutable como los designios del Señor.

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