jueves, 1 de mayo de 2014

Antonio López: "En el arte hay mucho baile de salón" granadahoy.com

El pintor y Premio Príncipe de Asturias de las Artes compartió ayer dos horas de conversación con los alumnos en la Facultad de Bellas Artes
G. Cappa 


 Antonio López, ayer, firmando litografías en la Facultad de Bellas Artes.
 
En la primera planta de la Facultad de Bellas Artes hay un penetrante olor a pintura y multitud de caballetes apilados que, si se les pusiera un letrero con un título, podrían pasar por una instalación artística. Es el mejor escenario para el encuentro que tuvo lugar con el pintor Antonio López, premio Príncipe de Asturias de las Artes desde 1985 y protagonista de la película de Víctor Erice El sol del membrillo, filme en el que se recoge el proceso creativo del artista mientras pinta un membrillero del patio de su casa. Cerca de 50 alumnos miran al artista con la misma precisión con la que él pinta sus cuadros y que a veces tarda décadas en terminar. "El mundo del arte es muy complicado, las facultades están muy bien, es lo que hay, podría mejorarse y haber un alumnado mejor, pero no hay sitio más óptimo para un joven que se inicia", explica Antonio López tras el encuentro en el idílico Carmen de la Victoria.

Viste con ese desaliño de los artistas puros, con un chaleco de pana que le confiere cierto aire de hombre de campo. Pero no es distante de ninguna de las maneras y se pone en el pellejo de los jóvenes que intentan hacerse una carrera. "El arte es algo muy viejo, pero en la actualidad tiene una gran complicación, tanto la docencia como la ejecución, hay una diversidad muy mareante, terrible, es algo muy inquietante porque estamos en unos tiempos en los que nada es seguro", afirma el pintor, que contrapone a esta situación la de sus inicios en la década de los cincuenta, cuando había alguna certeza más en el ambiente. "Había muchísimos límites en el arte y en la propia sociedad de entonces. Uno se movía dentro de la duda, pero dentro de una cantidad limitada de elementos, pero es que hoy en día es un bombardeo". En su opinión, dentro de la pintura hay muchas formas y muchos enfoques, y una de las opciones es, simplemente, "no pintar". "La elección es de una complejidad tremenda, lo que es muy emocionante pero también temible para la gente que se inicia. Se salvarán sólo las personas que tengan una personalidad muy poderosa, como siempre ha pasado".

En su caso, en estemaremágnumde información, Antonio López se sitúa con los pies en el suelo y no se esconde en una torre de marfil. "Me gusta mucho mi mundo, sobre todo el de la pintura, me apasiona lo bueno que veo, aunque también hay un montón de cosas y de personas que no me gustan, pero tienes que convivir con ellas", dice con esa simpleza que a veces esconde la verdadera sabiduría. "Yo tengo la certidumbre de que tengo muy claro lo que siento y no intento convencer a nadie de que esto es la verdad, pero a mí me reconforta", continúa un artista que junto a Enrique Gran, Amalia Avia y Lucio Muñoz conformó lo que se ha venido a llamar Escuela Madrileña. Y para explicar el siglo XXI hace un viaje hasta el siglo XVII. "En la época de Velázquez ya había unos criterios que, a lo mejor, ahora no nos aparecen tan distantes entre sí, pero entre lo rafaelesco y lo velazqueño había un abismo, el mundo celestial y el mundo real eran mundos aparentemente irreconciliables. No había más de dos bloques, pero eran casi enemigos, mientras que hoy en día tenemos una variedad de elecciones extraordinaria", asegura.

En cuanto a vivir entre continuos elogios, Antonio López no se deja deslumbrar aunque reconoce que los enemigos llegan de todas maneras, aunque él pone por delante de todo la armonía, en su vida y a la hora de tomar un té. "Es que la lucha en el estudio con la obra es muy fuerte, con lo que si además tienes que luchar con las personas no se puede", confiesa.

Un ejemplo fiel fue el encuentro de ayer, cuando recibió los rendidos elogios de los presentes como si estuvieran hablando de otro. "Recibo los parabienes con agradecimiento, pero sé que hay un mundo hostil detrás", dice sin querer concretar qué es ese lado oscuro del que habla. "Usted ha visto un encuentro en el que todo son elogios, pero puede haber otros espacios que usted no conoce donde esto no sea así, porque el arte es como una casa con muchas habitaciones".

En cuanto al arte actual, muestra su escepticismo por las propuestas que más repercusión tienen en los medios de comunicación. ¿Pasan las ocurrencias por arte? "Hay mucho juguetón de juegos de salón y mucha gente que se mete en fregados que parecen muy tremendos, pero que no asumen en verdad ningún riesgo, el problema es que los medios siempre hablan de esta gente, no se debe ser tan cateto y hay que saber que todo eso es muy simple en este momento", señala Antonio López, para quien "pintar un cuadro en la soledad de un estudio es, a lo mejor, una aventura más peligrosa que otras que se presentan como muy tremendas y que son como rodar una escena de una película". En la charla en Bellas Artes aparece la figura del artistas puro, el que no mira ni se compara con nadie, "una familia muy corta". En su opinión, el gran artista tiene unas miras muy elevadas. "Velázquez tenía una ambición lícita en el sentido de que se sabía grande, quería llegar a lo más alto y buscaba la Cruz de Santiago. Y hay gente que no tiene esa ambición, a lo mejor tampoco tiene ese tamaño. A mí, esa familia de artistas que están ensimismados en su espacio me impresiona mucho, pero yo no soy de esos, quizás por eso me impresiona más".

Antonio López reconoce que él sí mira por el rabillo del ojo que se hace, "y no me gustaría hacerlo". "Si le sigues el juego a los demás corres muchos riesgos como artista. A lo mejor se llega más alto en la escala social, pero la obra no tiene la pureza de la persona que trabaja con independencia, hay que elegir qué quieres ser, si un pintor bueno o un pintor famoso y con dinero". El pintor se muestra, en su aparente candidez, totalmente enérgico cuando habla de los artistas que utilizan sus obras para denunciar esto y lo otro. "Muchos de los subversivos están pagados por los gobiernos, los verdaderos subversivos no son consentidos, no sabemos quiénes son porque no les dejan asomar. La gente que presume de subversiva no lo es, la sociedad no tiene temor de él. Son la espita para que no reviente la olla". ¿Se pone la palabra artista de manera muy alegre? "No, la gracia de lo bien hecho puede estar en muchas cosas, en la ejecución de un buen plato, en el toreo... Y en la propia gracia personal, hay hombres que tienen una gracia para vivir y se les puede llamar artistas en ese sentido", concluye.

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